<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542</id><updated>2012-02-09T02:09:37.327-03:00</updated><title type='text'>Mentiras Antes De Desayunar</title><subtitle type='html'>mentira: acción y efecto de decir algo diferente a la verdad.
antes: que denota prioridad o que indica preferencia.
de: preposición que denota presedencia.
desayunar: acción de consumir comida tomada comúnmente en la mañana.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>43</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-3598731581228607882</id><published>2010-12-22T11:02:00.001-03:00</published><updated>2010-12-22T11:02:55.372-03:00</updated><title type='text'>Sala de espera</title><content type='html'>Máximo no entiende el mecanismo de las salas de espera, y ya empezó a quejarse. Ojalá supiera usar las palabras y así yo sabría exáctamente a qué se refiere con tanto gemido y gimoteo. Pero no sé si es su tiempo en vida o el chupete apretado entre sus labios lo que le impide comunicarse. Sea como sea, satisface mi demanda y comprendo que ya no quiere estar acá, por más que lo necesite, por más que haga falta. Pero lo entiendo, la verdad es que yo tampoco quiero estar acá. Y es que Máximo ya recorrió toda la sala, de punta a punta, corriendo y sonriendo váyase a saber por qué. Yo también anduve esta sala, y nada me hizo me hizo cambiar la expresión automática e inerte que cargo en mi cara desde los trece años. Pero hoy, lo que más quiero es ponerme a revolear revistas viejas al aire con Máximo, esconderme detrás de las dos plantas que hay y jugar a la escondida más fácil que existe, y ayudarlo a treparse a las sillas desocupadas, y que después él estire su manito y me ayude a subir junto a él. Pero no pasa nada de eso y Máximo está aburrido, es obvio, pocas cosas deben ser más aburridas que una sala de espera.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-3598731581228607882?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/3598731581228607882/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=3598731581228607882' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/3598731581228607882'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/3598731581228607882'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/12/sala-de-espera.html' title='Sala de espera'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-8342738816385704564</id><published>2010-12-22T10:59:00.001-03:00</published><updated>2010-12-22T10:59:56.664-03:00</updated><title type='text'>adentro y afuera</title><content type='html'>Le encanta dormirse escuchando idiomas que no entiende. Así que se recuesta a ver televisión en el sillón del living, y cuando nota que los ojos se le van cerrando involuntariamente, pone el canal de cine europeo y se duerme con “une pure formalité” de fondo, o con “amore e rabbia”, o quizás con alguna película de Bergman. Entonces, a veces, sólo a veces, sueña en blanco y negro, o con puentes vieneses y tranvías parisinos, o con playas en el mediterraneo. Con los ojos cerrados y el fondo aún negro, escucha “le vent s’engouffrait comme par magique sous une nappe” y se acomoda cruzando los brazos sobre el pecho y juntando las piernas en posición fetal para sonreir sin darse cuenta. Si entonces el sueño empieza, no sabe afirmarlo. El sueño es cuando ya se terminó, durante, es nada más que un momento, una imagen fija tras otra. Veinticuatro fotogramas por segundo, como en un rollo cinematográfico. Así siente que camina por una calle que no conoce, siente que cree que va a empezar a llover, siente que se cruza con un hombre de extrañas facciones que le dice “yo me tomo el sesenta cada vez que quiero ir a visitarte”. Se sube a un moto y recorre un camino de ripio todo encerrado por árboles y rayos de sol. Se corta las uñas de los pies con un serrucho. Se divierte como nunca jugando al elástico. Etcéteras. Escucha “il mondo è túo e io sono vecchio”. Pero no se despierta del todo, sigue. Sensata no es, no puede. Razonar ni se le ocurre. Recordar, sólo si tiene suerte. Feliz no se siente del todo. Dormida no se sabe. Ahí vive ahora, en ella, en lo que está dentro de ella. Sin deseos, sin represiones, sin miedos ni condimentos freudianos. Sueña. Sueña. Se come una tostada con mermelada junto a sus amigos de la infancia. Se peina el pelo que es de otro color. Vuela sobre una ciudad prendida fuego. Se cae pero no se levanta. Sueña-que-te-sueña-que-te-sueña-cómo-sueña. No lo sabe, pero se acomoda en el sillón, se rasca el cachete izquierdo y se da vuelta dándole la espalda al telvisor que muestra a Berlín bajo la lluvia. Ella no es. Ahora no es. Ni adentro ni afuera. De un lado grita, del otro respira lento, de un lado persigue un tren de infinitos vagones, del otro se rasca el tobillo derecho con el dedo gordo del pie izquierdo. Y no es. No puede estar en dos lugares a la vez. Y no está en ninguno, no es. Cuando el sueño termine, será. Recobrará  su ser en su despertar y se perderá de lo que hizo si no lo supo recordar. El televisor sigue encendido, ella ve el reflejo de la luz de éste titilando contra el respaldo del sillón. Gira y escucha a un hombre decir “auf wiedersehen”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-8342738816385704564?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/8342738816385704564/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=8342738816385704564' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/8342738816385704564'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/8342738816385704564'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/12/adentro-y-afuera.html' title='adentro y afuera'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-5193914609770376483</id><published>2010-12-22T10:58:00.001-03:00</published><updated>2010-12-22T10:58:53.056-03:00</updated><title type='text'>22</title><content type='html'>El contacto. El capítulo. El cronopio. El cuento que no cuenta una historia. La isla borgeana que es un mundo entero. El que me lee y no me entiende. Para que lo otro exista uno debe estirar la mano y establecer un contacto. Sino lo otro no existe, no es. La primera y última coma. Y que no importa para nada que así sea. El blanco. Lo que se omite al escribir cuando se cree que todo está perfectamente dicho. Las imágenes que el lector nunca observa. Lo que el escritor no sabe contar. El diccionario de situaciones. El diccionario girondo-español. El contacto. El afuera. Lo otro. La chica triste. El gato suicida. La filosofía barata y la psicología de café. Lo repetido. El fatalismo. No creer en Dios. No creer en el amor eterno. Y saberse un ser mortal. Entonces el obvio fatalismo consecuente. El punto y aparte. El párrafo. Los puntos suspensivos (fatalistas) que se escriben antes de recortarse en la silla y pensar qué es lo que sigue. El blanco que reaparece. La desidía y el cigarrillo que le sigue. La canción salvadora. El poema. El contacto. El capítulo número veintidos. Julio. Lo que el escritor no escribe y nunca llega a tocar. El contacto incompleto. El  deseo. El capítulo número veintidos.&lt;br /&gt;Una noche, una ella hizo una pregunta perfecta, adecuada. Y a esa pregunta un yo ya tenía una respuesta planeada de antemano. Era una respuesta que podía aplicarse a decenas de preguntas. Era una respuesta que buscaba ser dada. Por eso un yo la pensó tanto, por eso mismo la decoró y elaboró tan lógico-romanticamente. Fuese lo que fuese lo que se le preguntara, ese yo podría servir esa respuesta sobre la mesa y sería suficiente. Hubiera sido suficiente. He aquí su respuesta a la pregunta de una ella.&lt;br /&gt;- Tengo tres formas de responderte esa pregunta. Vos sabrás qué opción elegir. La primera es mediante la palabra. Es un método un tanto aburrido y poco interesante, pero definitivamente efectivo. La segunda opción consiste en que te responda telepáticamente. Sabé que soy un gran comunicador mental, pero claro, existe el riesgo de que vos no seas una buena receptora y mi respuesta no llegue completa o exacta. Y la última opción, que es mi preferida, es mediante un beso.&lt;br /&gt;Esa era su respuesta. Esa es su respuesta. Una respuesta programada y diseñada después de haber leído aquel capítulo número veintidos. ¿Por qué entonces semejante y tan elaborada respuesta? Si no hubo ninguna mano estirándose. ¡Si la respuesta ni siquiera fue dada! ¡Ni en manos ni en palabras! No hubo otredad, no hubo afuera. Ya ni siquiera hubo o quedó una historia por contar. ¿Quién se atrevería a contar que una pregunta fue hecha y que la respuesta justa y especificamente armada no se entregó?&lt;br /&gt;El no contacto. La no respuesta. La misma intocable y lejanísima otredad. El desapercibimiento. La falsa sonrisa. El feo miedo. El capítulo número veintidos que podría haber sido. Que nunca fue. El lector que no me entiende cuando escribo. El escritor que escribe cuando no se quiere dar a entender. El texto inconcluso que no llega a ser. El contacto. La otredad. Lo otro. El que se queda sin palabras. El que se queda sin manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayuda: si lo de más arriba no alcanza, leasé el capítulo 22 de Rayuela.&lt;br /&gt;Atte.&lt;br /&gt;Quien escribe&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-5193914609770376483?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/5193914609770376483/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=5193914609770376483' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/5193914609770376483'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/5193914609770376483'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/12/22.html' title='22'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-6449719993675757761</id><published>2010-11-30T02:20:00.004-03:00</published><updated>2010-11-30T02:20:47.497-03:00</updated><title type='text'>la luna o las nubes (concepción moderna de el huevo o la gallina)</title><content type='html'>Estaban sentados frente al arroyo que dividía al pueblo en dos. Ella tenía las piernas estiradas y su espalda estaba geometricamente perpendicular al suelo mientras apoyaba sus manos sobre el pasto a los costados de su cuerpo. El estaba a su lado con las piernas flexionadas, la espalda corvada hacia delante y los codos sobre las rodillas. Practicamente le estaba dando la espalda. Ella, entre la oscuridad y el blanco que irradiaba la luna, logró mirarle el fin de su cabellera sobre su nuca y le dijo “quiero besarte”. El sonrió antes de darse vuelta, y cuando lo hizo y la miró a los ojos, le respondió “yo también” sin decir una sola palabra. El olmo que los cubría de aquella luna brillante y caprichosa, rezaba por una brisa que lo sacudiera de su monotonía. Su labio inferior se posó sobre el de él y sintió las cosquillas que su bigote le generaban. Ella sabía a duraznos y él a tabaco. Ella estiraba fuertemente los pies cuasi bailarina clásica, él no sabía estarse inclinado. Fue cuestión de segundos hasta que los dos terminaron acostados sobre el pasto alejados de aquel olmo de antaño y bañados por la luna llena que oscilaba entre las nubes. ¿Pero era la luna la que se movía? ¿o las nubes moviéndose generaban ese efecto óptico de movimiento lunar?&lt;br /&gt;Sí, sé que lo más sensato es dormir las noches. Dejarse estar entre las sábanas. Los días lo suelen mantener a uno ocupado. Todo. El ir y venir, las obligaciones, las correspondencias de siempre, los llamados telefónicos, las paradas de colectivos. En las noches es mejor dejarse estár, dormirlas. Ya sabrán las personas que viven de noche y despiertan cerca del mediodía a qué me refiero. Es que es tanto el silencio. Abrumador el silencio. Noctámbulo como uno mismo. Y lento. Las actividades se vuelven lentas, se disfrutan o se detestan lentamente. Y no, al final, no se duermen las noches. No dormimos las noches y nos sobran las horas perdidas. Si por algo fueron hechas, vividas, succionadas de la teta de la vida. ¿Quién quiere dormir tanto? Es en las noches que los que no tenemos nada para decir, algo decimos. Y los que tenemos tanto, generalmente lo callamos. En las noches es cuando más solemos ser miedo, arte, dichos del fulgor, de la tempestad hecha añicos y de las cumbres más sencillas de escalar. Sin embargo no jugamos, no, en las noches no jugamos. Pero que alguien nos diga cuál es el botón que debemos apretar para que la idea de que los juegos siempre deben tener un ganador y un perdedor, se pueda ir por las cañerías junto con todos los desechos que pueblan nuestros inodoros. No debemos nada y al mismo tiempo debemos todo. Sentimos lástima por no haber sido dignos de la generación perdida que nunca entendió del todo al manifiesto comunista y que jura que distingue a Parker de Coltrane. Nos despilfarramos en fascismo y nos convertimos en números telefónicos, en células retroalimentadas. Creemos en la comida dietética, en las cuotas sin interes. Pero ya dejamos de jurar que nos fascina Cortázar y sabemos que el falo es muerte, que es mentira. No nos duele ser el hijo del medio de la sociedad, viajar en colectivo, ser miopes, nunca más volver a encontrar en un kiosco las Mielcitas y descubrir en Kurt Cobain la más simple mentira. Nos duelen las madres idiotas, la mujer melliza, el amigo traicionero, la carrera de grado, la pensión, la falsa idolatría. Al menos durante las noches, la cosa es distinta durante el día. Todo se presta para el análisis, eso lo sabemos de noche o de día.&lt;br /&gt;Hace algunos años, un tipo llamado Mateo me enseñó a buscar las estructuras a través de las cuales se produce el significado dentro de un mensaje determinado. Suena horrible, lo sé. Pero desde aquella vez, me costó un poco evitar esa enseñanza. Entonces me enfermo buscando por todos lados. En una sonrisa, en dos o tres palabras, en un bar, en un pote de dulce de leche, busco estructuras que me aporten un significado. Cualquiera sea. Sé que sobrevivo por ese significado encontrado, y que sufro cuando el muy turro no se quiere mostrar o yo no soy lo suficientemente digno de verlo. Entonces cuando discuto con alguien, realmente hago más que discutir, me calo los binoculares o el microscopio, dependiendo de la discusión, y juego al alquimista cuyo oro tiene valor sólo en significados. Mi oponente me dice que me calle, que no entiendo nada, entonces yo comprendo que se está quedando sin argumentos y que este es el mejor momento de atacar. Mis amantes me aprietan fuerte los hombros cuando me excedo en excitación y yo comprendo que es momento de disminuir el ritmo. Mi mejor amigo me mira con cara de desagrado cuando me enciendo muchos cigarrillos seguidos, arquea el ceño hacia abajo y estira los labios lo más que puede a lo largo de su cara, y yo entiendo que le está costando dejar de fumar y necesita mi ayuda para hacerlo. Cosas así. En una entrevista que le realizaron en 1974, Giovanele dice que no cree en Dios ni en el amor eterno, y afirma saberse un ser mortal. Por lo tanto, ¿cómo no vamos a considerar su obra como la de un fatalista? La primera oración de “Discordi”, su tercer novela, dice “sé que sufro y con eso me alcanza”. Los párrafos subsiguientes, mismo los capítulos subsiguientes, Giovanele se encarga de sumergir al lector en una situación dramática y depresiva tras otra en las que el sufrimiento es el único condimento posible. ¿Pero cómo es esto una condición fatalista? y ¿por qué no es simplemente una cuestión masoquista? Quien aquí escribe no cree confundir estas dos corrientes. El fatalismo es enamorarse, el masoquismo es no hacerlo. Las noches no dormidas me han enseñado eso.&lt;br /&gt;Se despertó. Otra vez se había quedado dormido frente al televisor. Tenía las piernas dormidas y sentía una puntada en el lado derecho del cuello de quedarse mal apoyado sobre el brazo del sillón. Se paró y apagó el televisor. Miró el reloj que colgaba de la pared. Tres en punto de la madrugada. El piso estaba helado, así que decidió calzarse. Mientras buscaba las zapatillas debajo de la mesa, encontró un paquete de cigarrillos vacío. Sonrió. Miró el teléfono y notó que ninguna luz titilaba. No había ningún mensaje. Y ya eran más de las dos de la madrugada. Pero no tenía sueño. Puso agua a calentar. Demasiada, pero no sabía qué quería tomar. Afuera alguien tocaba una bocina. Se asomó al balcón y vió un auto rojo del que bajaron dos mujeres que gritaban y bailoteaban desde el auto hasta la puerta de un edificio. Se volvió a meter adentro y dejó la puerta abierta del balcón. Entraba viento, pero le gustaba eso. En vano, volvió a mirar el teléfono. La pava estaba sonando. Se fue rápido hacia la cocina y apagó el fuego antes de que hirviese el agua. Aún no sabía qué tomar. Abrió la alacena y sacó un sobre de té. Lo preparó y se fue al sillón del living. No se sentó sin antes volver a observar el teléfono. Ninguna luz titilaba en él. Se acomodó en el sillón. Contó cuántos libros había en la fila de arriba de su biblioteca. Diecisiete. Multiplicó ese número por seis y calculó que tenía unos cien libros, de los cuales quizás había leído las tres terceras partes. Se sacó una pelusa de la manga de su sueter. Bebió dos sorbos seguidos de té y volvió a escuchar una bocina que provenía de la calle. Otra vez, fue hasta el balcón, apoyó la taza sobre la baranda y decidió salir volando. Y voló. Yo le hubiera dicho “mejor pajarón en mano que posibilidades de sexo volando”. El me hubiera respondido “ojos que no ven, corazón que hace vida sana y sale a correr por las mañanas”. Cuestiones de percepción.&lt;br /&gt; Sé que algunos podrán reírse, pero yo recuerdo cómo me descolocaron los subtes de la línea D la primera vez que me subí a uno. Esos asientos perpendiculares de espaldas a las ventanas me resultaron rarísimos. Me acuerdo que me senté y cuando el subte arrancó empecé a percibir las cosas de una manera muy distinta. Los asientos puestos así cambiaban por completo la percepción del viajante. Percepción que yo venía manteniendo desde que naci y desde que fui consciente de lo que un viaje representaba. Aquella vez, subido al subte que me llevó desde Palermo hasta Cabildo y Juramento, descubrí que los viajes no sólo consistían en un recorrido hacia delante o hacia atrás, ahora podía viajarse para un costado. La sociedad moderna y la superpoblación habían hecho, una vez más, de las suyas. Supe entonces que ciertamente no era digno de la generación perdida. Pero que podría seguir escribiendo aunque sea un poco más. Supe también, que lo mejor que podía hacer era dedicarme a escribir horóscopos. Así sería fiel a mi idealismo de mentir siempre mediante la palabra escrita, y a la vez motivar y decepcionar al lector. Supe que me metería en el bolsillo a todo tipo de lectores, al supersticioso, al escéptico que lee horóscopos por diversión, al que no es ninguno de los dos y lee porque está ahí y ya que estamos lo leo. Supe que me leerían señoras amas de casas, abogados y estudiantes de filosofía que los domingos leen el diario. No me importaba tanto respetar cuestiones astrológicas o zodiacales. Un Piscis de un Aries no se diferenciarían mucho. Salud, trabajo, amor y clave de la semana. Maravilloso. Cientos de ingenuos creerían y confiarían en lo que yo escribiera. Supondrían su destino y lo encararían siempre recordando lo que yo había escrito. No hay nada mejor para la vanidad de un escritor que esto. Al final, supongo que cuando uno mira el cielo, debe ser más fácil pensar que es la luna la que se mueve y no las nubes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-6449719993675757761?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/6449719993675757761/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=6449719993675757761' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6449719993675757761'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6449719993675757761'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/11/la-luna-o-las-nubes-concepcion-moderna.html' title='la luna o las nubes (concepción moderna de el huevo o la gallina)'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-2556374215800520966</id><published>2010-11-30T02:20:00.001-03:00</published><updated>2010-11-30T02:20:01.198-03:00</updated><title type='text'>Escaleras</title><content type='html'>Cuando cayó la primera bomba, Sabrina estaba limpiándose el maquillaje de la cara. Nicolás prefería hacer el amor con ella sin que tuviera un pizca de pintura sobre su rostro, y ella lo consentía. Mirándose al espejo, sintió el temblor y vio el reflejo de la puerta abriéndose de par en par. Salió corriendo del baño y Nicolás, que ya estaba asomado al balcón, con una frazada cubriéndole la mitad baja del cuerpo, le dijo:&lt;br /&gt;- Vestite, nos vamos.&lt;br /&gt;Ella corrió a la habitación, se vistió con la ropa que estaba desparramada por el piso y sacó del primer cajón de la cómoda, la media de nylon en la que guardaba todos sus ahorros.&lt;br /&gt;- Dale, metele –le exigió Nicolás mientras se abrochaba la camisa. Y Sabrina, después de afirmar con la cabeza, preguntó:&lt;br /&gt;- ¿Qué está pasando?&lt;br /&gt;- Ya cayó la primera. No falta mucho para que empiecen a caer las demás.&lt;br /&gt;Y ciertamente así fue. Cuando los dos estaban saliendo por la puerta del departamento, comenzaron a escuchar silbidos lejanos que caían del cielo e iban aumentando de volumen aceleradamente. Sabrina atisbó a dirigirse al ascensor pero Nicolás la tomó del brazo tirando hacia él y la dirigió hacia las escaleras.&lt;br /&gt;- Son diez pisos –dijo ella.&lt;br /&gt;- Son nuestras vidas –dijo él y enseguida se percató de lo melodramáticas que habían sonado sus palabras- Por acá es más seguro.&lt;br /&gt;Y comenzaron a descender por las escaleras mientras la caída de las bombas se hacía más y más continua. Los temblores y sacudones de las explosiones los hacían trastabillar y bajar de a dos o tres escalones. Nicolás llevaba una mano en la baranda que no dejaba de temblar, y la otra agarrándola de la muñeca a Sabrina. Ella apretaba fuerte contra su pecho los pocos billetes que había dentro de la media de nylon y trataba de no asustarse, de no llorar, para que Nicolás no se preocupase. Le pareció extraño que fueran los únicos que estaban usando las escaleras y dudó si la decisión de Nicolás había sido la correcta. Sólo veía su nuca un poco más adelante y más abajo que ella, pero podía sentir su respiración agitada. Pensó que él también debería estar asustado. Aunque no se detenía en su tarea de bajar las escaleras y de no soltarla. Lo automático del asunto era lo único que sobrevivía. Lo mismo con los gritos que se escuchaban provenir de afuera del edificio. Las bombas no dejaban de caer y cada vez estallaban más cerca y más cerca. Ahora el agite era tan pronunciado que era difícil embocar a los escalones, y Sabrina notaba cómo alguna que otra pared comenzaba a rasgarse. &lt;br /&gt;Llegaron al quinto piso. Ella tenía la cara limpia de maquillaje y él no le había soltado la muñeca. Las bombas cesaron y el silencio reinó tranquilo. Se miraron a los ojos y decidieron hacer el amor en las escaleras.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-2556374215800520966?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/2556374215800520966/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=2556374215800520966' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/2556374215800520966'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/2556374215800520966'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/11/escaleras.html' title='Escaleras'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-447799268680346375</id><published>2010-10-18T01:32:00.001-03:00</published><updated>2010-10-18T01:32:29.791-03:00</updated><title type='text'>Señora ama de caza</title><content type='html'>Eran cerca de las once de la noche de un miércoles atípico y yo estaba en la esquina de Thames y Honduras esperando al 55. Nadie me acompañaba, pero después de unos cinco minutos de esperar en soledad, noté que se acercaba una señora a la parada. Debería tener unos cuarenta o cincuenta años, era gorda y vestía un sueter ajado y una pollera desprolija cubierta por un delantal de cocina. Su mano derecha arrastraba un carrito de compras que se mostraba lleno y pesado. La señora se acercó a mí y se paró justo a mis espaldas. No dijo nada. Creo que ni siquiera me observaba. Y mientras yo miraba en la dirección opuesta, atento a si veía aparecer el colectivo, la escuchaba respirar fuertemente como si lo hicera sobre mi nuca, quizás lo estaba haciendo y yo no lo notaba. La señora respiraba por la nariz y hacía un ruido como si algo le estuviera estorbando las fosas nasales. El sonido que salía de su nariz me recordaba al ronquido de un perro, si es que los perros roncan, y cada tanto expelía una especie de silbido. No me molestaba, pero no era el más agradable de los sonidos, y el barrio estaba bastante callado, así que eso y el ruído del viento eran todo lo que yo escuchaba. Hasta que la señora me habló.&lt;br /&gt;            - Joven –me dijo.&lt;br /&gt;            Yo me di media vuelta y la miré a los ojos.&lt;br /&gt;            - Voy a asesinarlo –entonces metió su mano izquierda en el bolsillo del delantal y sacó algo- con este cuchillo para untar.&lt;br /&gt;            Lo que siguió después es muy extenso, pero más que nada, difícil de narrar. Aún hoy no estoy seguro de si de hecho me asesinó, si sólo fue un susto, o si realmente todo había sido un mal sueño. Recuerdo sensaciones más que nada. El frío del asfalto en mi cara cuando caí después de las primeras difíciles puñaladas que tuvo a bien darme aquella señora. El ardor de la piel abierta en tajos. Primero en el cuello, luego en ambos cachetes de mi cara, en el estómago a la altura del apéndice, en la espalda justo entre los dos omóplatos. Ella no decía nada. Se empecinaba en su sangrienta tarea que suficiente trabajo le costaba, ya que el cuchillo para untar, poco filo tenía. Estoy seguro de que algo dijo. Pero no logro recordarlo con exactitud. Me debió haber ordenado que me quedase quieto y que no gritara. Porque yo rodé y rodé por el asfalto de la calle, eso sí lo recuerdo, anunciando mis heridas y dolores con monosílabos agudos y llorosos. Sé que entre tanto ataque aún seguía mirando hacia el fondo de Thames atento a si aparecía el 55 para darme rescate, o al menos atropellarnos a mí y a la señora en aquella oscuridad de noche que habitábamos. Pero el 55 no aparecía. No recuerdo que hubiera aparecido hasta terminada la masacre al menos. Y cuando el bendito colectivo arribó a la que era mi parada, yo era una más de esas personas que de noche ocupan las veredas de Palermo desangrándose y pidiendo, casi sin voz, ayuda a cualquier transeúnte que apareciera. Quizás levanté la mano llamándolo al colectivero para que viniera en mi rescate, quizás no. O tal vez me vió y decidió ignorarme. En Palermo es difícil encontrar un colectivero benévolo. Son mucho más crueles que las amas de casa que asesinan jovenes con un cuchillo para untar. Pero ¿acaso me había asesinado? ¿soy yo un asesinado entre todos los asesinados? Si es así mi situación, no logro sentir el amor de la muerte, el tacto cálido y afectuoso de la nulidad, de la novia de la vida. ¿Dónde está Caronte exigiéndome las dos monedas que deberían estar posadas sobre mis ojos? Tendré que pagarle con los ojos si acaso lo veo aparecer, porque el peso con diez que tenía para el 55 terminaron desparramados por algún rincón de Thames, quizás manchados de sangre, quizás mojados por algún sucio charco de agua. Recuerdo pensar, o al menos sentir, que la luna pretendía ser la luz blanca de la que la gente suele hablar. Sé que me iluminaba claro y blanco, tanto y quizás aún más que ella misma. La luna llena flechaba mi cuerpo muerto o aún con vida con su halo blanquísimo y perjuraba el túnel de luz del que todos hablan. Pero yo ya no tenía fuerzas para moverme. Con la cabeza apoyada sobre el cordón de la vereda y los brazos y las piernas estiradas como emulando una crucifixión, sólo esbozé pensar algo muy sencillo, muy idiota, la obviedad hecha palabras. Algo que en la boca de un hombre moribundo o ya asesinado es la verdad primera, la verdad irreductible, irrefutable. Pensé, y seguro, con las pocas energías que me quedaban, dije en voz alta: la muerte es la forma que tiene la naturaleza de decirnos que todo se acabó.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-447799268680346375?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/447799268680346375/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=447799268680346375' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/447799268680346375'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/447799268680346375'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/10/senora-ama-de-caza.html' title='Señora ama de caza'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-4617056285156078470</id><published>2010-09-15T11:11:00.000-03:00</published><updated>2010-09-15T11:11:05.372-03:00</updated><title type='text'>La tinta con la que (no) te escribo</title><content type='html'>Entonces alguien me dice tu nombre y me acuerdo de vos porque este escritor que no soy yo me hace recordarte y saberte. Saberte acá mismo, en las palabras. Creo que antes, cuando escribía verdades, era todo más sencillo. Quiero volver a eso, a escribir verdades. En las ficciones no hay nada hecho, nada dicho. Quiero escribir algo que sea cierto. Algo con olor, con saliva y con el coraje suficiente para defenderse sin necesitarme a mí para hacerlo. Para otra cosa no quiero volver a escribir. ¿Qué es, sino, esta cosa llamada literatura? Vos que sólo escribís listas de supermercado o números telefónicos, debés saberlo mejor que yo. ¿Pero será eso que vos llamás literatura, esto mismo a lo que yo me estoy refiriendo? Te juro que a veces me asqueo de odio cuando escribo, pero nunca vomito. O siento que estallo de amor, sé que estallo de amor, pero jamás llego a eyacular. Y debe ser cierto que la historia de la humanidad está escrita con semen y sangre. Pero ¿acaso con qué está escrita mi literatura? ¿será con vómito? Porque sé que odio, que ante todo odio. Y quiero odiarte a vos también. Por irte, por desaparecer. Haceme el favor y no desapariciones. Quedate un poco más y no desapariciones. Todavía no. Quiero hacer lo que nunca hice. Quiero arrancarte uno por uno los pelos de tu cabeza. Uno por uno, lo juro. Por momentos quizás tenga ataques de furia y decida arrancarte varios mechones de un solo tirón. Pero mientras mantenga la compostura, te voy a arrancar uno por uno los pelos de la cabeza. Todos. Lo juro. Después te voy a desnudar a navajazos. No me va a importar si corto de más, o si me toma más tiempo del necesario, pero vas a quedar desnuda sin que yo toque una sola de tus prendas. Entonces voy a tomarte de los tobillos y voy a empezar a derribar columnas con tu cuerpo entero. Y voy a disfrutarlo, claro que voy a disfrutarlo. Te voy a ver ir de acá para allá, agitando los brazos, chorreando el piso con tu sangre y tus lágrimas. O puedo violarte. Sí. Por favor, no salgas corriendo cuando te diga esto, pero quiero violarte. Quiero tomarte de la nuca con mis manos y arrojarte contra la pared para que te golpeés de lleno la nariz y los ojos te empiecen a lagrimear. Después quiero romperte las muñecas así no tenés forma de defenderte. Y voy a morderte las partes de tu cuerpo que más carne tengan, para que sangres y la sal del sudor te haga arder las heridas. Quiero penetrarte por atrás, y si conmigo no alcanza, voy a pasar a introducirte más cosas. Buscaré el dolor, siempre el dolor y la más horrible de las faltas de respeto. Y sabré el momento indicado, lo juro, para asfixiarte con la almohada hasta el punto en el que creas que todo está por terminar. Entonces ahí voy a retirar la almohada de tu cara y te voy a escupir entre los ojos, en la frente, adentro de la boca. Voy a golpearte con los puños cerrados cada vez que grites y con mis rodillas en la base de tu estómago cada vez que me pidas que me detenga. Voy a arrojarte de un lado al otro, a empujarte, a detenerte tirándote de los pezones y de las pestañas, y a rascarte las vísceras con las puntas de mis dedos. Hasta que me canse de todo y con una patada en la espalda te diga basta, que ya me das asco. Entonces en ese momento voy a dejar de escribir. Y en ese dejar de escribir, el juego se va a transformar y va a mutar en una especie de verdad consecuencia donde vos seas la verdad y yo la más honesta consecuencia. Porque prefiero deshacerme, desnutrirme de todas las cosas, de todas. Menos de vos, menos de mí con vos, menos de vos, la mujer bellísima y dorada a la que le escribo porque no me atrevo a lastimarle uno solo de sus cabellos. ¿Ves entonces que es como yo decía? ¿Para qué escribir todo esto si no encierra una sola verdad ni una sola consecuencia? Si siquiera tengo la suerte de que leas estas palabras, no me vas a corresponder. Ni un segundo te vas a detener. Antes me dirías que estoy loco, desquiciado, arruinado. Y es por las palabras, claro. Lo juro. Por la literatura y esta maldita necesidad que tiene de sólo ser a través de las palabras. Y de mí, y de vos. Y de esta verdad cansada que ya ni se anima a ser consecuencia. Vos sabés que puedo amarte, que puedo invitarte a pasear y a dejarte pasar primero. Sabés que puedo, sabés que quiero. Por eso es que no te tiro de los pelos, y para poder hacerlo o siquiera imaginarlo, tengo que escribirlo, impregnarlo en un signo tras otro pintando con este pincel en un lienzo que sólo admite cohesión y coherencia, que se calla las verdades y que no le importan un pito las consecuencias. Porque no las hay, porque para eso no hace falta escribir, para eso me olvido de la literatura. Para eso me quiebro los dedos antes de poder volver a escribir ese sintagma nominal más conocido como tu nombre. Para eso me corto las venas o me masturbo a ver si puedo escribir esta historia con sangre y semen y así, así quizás pueda darle otro valor, otro sentido, y otra verdad, y otra cohesión, y otra coherencia, y de una vez por todas una, aunque sea sólo una consecuencia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-4617056285156078470?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/4617056285156078470/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=4617056285156078470' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/4617056285156078470'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/4617056285156078470'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/09/la-tinta-con-la-que-no-te-escribo.html' title='La tinta con la que (no) te escribo'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-6288143972165756738</id><published>2010-09-08T14:46:00.003-03:00</published><updated>2010-09-08T14:46:40.048-03:00</updated><title type='text'>Intacta</title><content type='html'>Veníamos haciendo el amor hacía horas. Habíamos comenzado cuando el sol apenas salía y ahora ya se había vuelto a poner. Y nosotros seguíamos, y la noche avanzaba. No pasó mucho hasta que agotamos todas las posiciones posibles, entonces inventamos, jugamos. Ella se apretaba contra mí con sus piernas alrededor de mi cuello y dándome la espalda, yo me paraba sobre sus hombros y me agarraba bien fuerte de sus tobillos, o nos quedánamos quietos y dejábamos que fuera la habitación la que se moviese por los dos. Sé que si hubiera sido posible, hubiésemos hecho el amor a la distancia, yo desde la silla en la esquina de la habitación, y ella recostada sobre la cama. Recuerdo que nos metimos en el placard, nos colgamos de las estanterías, nos apretujamos entre el postigo y la ventana. A veces ella se adhería con sus uñas a mi espalda o yo pendía de sus senos agarrado con mis dientes. Nos mentíamos, nos reíamos, nos enojábamos, y nos gritábamos insultos o palabras que no pertenecían a ningún idioma. En ningún momento nuestros sexos llegaron a ser uno. Siempre eran dos que se peleaban, que se golpeaban, que se estrujaban. Se cortejaban. Y yo podía jurar que por momentos sentía que era ella quien me penetraba. Pero a pesar de todo esto y de la continuidad, no actuábamos por inercia. La inercia no la teníamos permitida al hacer el amor. De hecho, era el amor el que nos hacía, así que a lo sumo era su inercia, la del amor, y no la nuestra. O la inercia de los resortes de la cama, de las visagras de la puerta, o de las patas de la silla, o de la alfombra que en el piso resbalaba. Así estábamos ella y yo, haciendo el amor. Y yo no paraba, y ella no paraba. Pero creo que fue durante la vigésima vez que nos quedamos dormidos. Bañados de sudor, semen, gritos y llantos, juro, o quiero jurar, que nos dormimos al mismo tiempo. Supongo que fue el cansancio, la perdida de energía y los labios tremendamente secos cansados de lamer tanta sal. Y al despertarme, cuando ya había vuelto a amanecer, noté que ella ya no estaba. La llamé, pero nada. Volví a intentarlo un par de veces más, y fue entonces que surgió de entre las arrugas de las sábanas. Minúscula, diminuta, no más grande que mis manos. Pero no era ella la que desencajaba. No se había achicado. Sino que yo me había agigantado. La cama lo mismo, la lámpara en el techo, las ropas en el piso, la habitación entera. Todo y yo habíamos crecido por sobremanera. Ella fue la única que permaneció igual, identica. Tal cual como el amor que veníamos haciendo, intacta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-6288143972165756738?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/6288143972165756738/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=6288143972165756738' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6288143972165756738'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6288143972165756738'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/09/intacta.html' title='Intacta'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-7400638844942711241</id><published>2010-09-08T14:46:00.001-03:00</published><updated>2010-09-08T14:46:21.396-03:00</updated><title type='text'>De amor y lujuria, de egoísmo y vanidad, de continuidad y transporte público</title><content type='html'>Fundamentos básicos para la desidia inmaculada. Y dice. Nunca reniegues los instintos básicos que te otorgó la naturaleza. Y sigue. La fornicación, la mentira, el desamor, el incumplimientos de los mandatos sociales y el amor al ego son tan importantes como necesarios. Y sigue. Es crueldad construir desde lo deshecho, pero no lo es construir sobre lo hecho. Y no termina. Se sabe que la soledad es el peor de los enemigos y que el tiempo es inmortal, por lo tanto, no se deberá prestar atención a los lugares vacíos, sean abstractos o concretos, ni a los relojes. Vestir siempre a la moda, estar atento a que el pelo no te tape los ojos, llevar las uñas siempre prolíjamente cortadas y no andar con la billetera vacía es obligatorio. Y sigue, pero yo no, y dejo de leer.&lt;br /&gt;- ¿A qué hora nos vamos? –me pregunta Paula.&lt;br /&gt;- Cuando estés lista.&lt;br /&gt;- Pensé que querías leer un poco.&lt;br /&gt;- No, ya está.&lt;br /&gt;- Bueno, me cambio y vamos.&lt;br /&gt;No tarda nada en prepararse para salir. Creo que yo tardo mucho más. Rompe por completo esa tradición femenina de estar mucho tiempo cambiándose y produciéndose.&lt;br /&gt;- ¿Qué estabas leyendo?&lt;br /&gt;- No sé, lo encontré en el cajón de tu escritorio.&lt;br /&gt;- ¿Tiene autor?&lt;br /&gt;- No dice.&lt;br /&gt;- A ver. “Fundamentos básicos para la…”. Esto lo escribiste vos, tonto.&lt;br /&gt;- ¿En serio? No me acordaba. ¿Cuándo?&lt;br /&gt;- No sé. Pero si está en ese cajón, no hace mucho.&lt;br /&gt;- Qué raro. En ningún momento se me cruzó por la cabeza que yo podría haberlo escrito. &lt;br /&gt;- No es muy bueno.&lt;br /&gt;- A mí me gustó –le digo.&lt;br /&gt;- Escribiste mejores cosas.&lt;br /&gt;- Sí, puede ser. &lt;br /&gt;- Listo, ¿vamos?&lt;br /&gt;- Nunca tardás nada, y siempre andás genial.&lt;br /&gt;- Gracias –me responde sonriendo- ¿Vamos?&lt;br /&gt;- Vamos.&lt;br /&gt;En el ascensor nos encontramos con Nestor. Nestor se caracteriza por tres cosas más que nada: usar ojotas con medias, cargar con una panza desproporcional con el peso que su espalda parece poder soportar y la desubicación de, siempre, mirarle las piernas a Paula.&lt;br /&gt;- ¿Cómo les va chicos?&lt;br /&gt;- Bien, Nestor –le responde Paula- ¿Y usted?&lt;br /&gt;- Bien, che, bien.&lt;br /&gt;Entonces veo que le mira las piernas apenas le termina de responder y yo no dudo en decirle algo:&lt;br /&gt;- ¿Vió la nueva pollera que se compró Paula, don Nestor?&lt;br /&gt;Paula me mira fijo y seria, y me reta sin decir una palabra.&lt;br /&gt;- Ah, no le había prestado atención –dice Nestor haciéndose el boludo- muy linda, sí, muy linda.&lt;br /&gt;- Tiene lindas piernas Paula, ¿no cree?&lt;br /&gt;- ¡Tomás! –dice Paula haciéndose la avergonzada. Nestor no dice nada.&lt;br /&gt;- Bueno, pero es la verdad. Tenés lindas piernas –le digo-  ¿O no, don Nestor?&lt;br /&gt;- Sí…sí, normales…no sé.&lt;br /&gt;- Yo no diría normales –le retruco- Yo diría que tiene piernas muy lindas.&lt;br /&gt;- Tomás, basta, en serio.&lt;br /&gt;Y llegamos a la planta baja.&lt;br /&gt;- Bueno, hasta luego, Nestor –saluda Paula- Discúlpelo, es un idiota.&lt;br /&gt;- ¡Ja! –dice Nestor yéndose para la portería- No hay problema. Hasta luego, chicos.&lt;br /&gt;Con Paula salimos a la calle, cruzamos y nos quedamos en la parada del 182. A pesar de que son y veinte, sé que va a tardar unos quince minutos en volver a pasar, como mínimo.&lt;br /&gt;- Sos un niño, eh. No sé por qué te cebás con esas cosas.&lt;br /&gt;- Es un desubicado –le digo mientras me enciendo un cigarrillo.&lt;br /&gt;- Ya sé que es un desubicado, pero dejalo ser un desubicado en paz.&lt;br /&gt;- Vos decís eso porque te gusta que te mire las piernas.&lt;br /&gt;- Claro que me gusta que me mire las piernas. Pero si hacés estas cosas se pierde la mística, la magia del asunto.&lt;br /&gt;- ¿Mística, magia? A veces pienso que dos los dos, vos deberías ser la escritora y yo el muso.&lt;br /&gt;- Vos te pensás que es bueno que te digan que sos la musa de alguien. En realidad es horrible.&lt;br /&gt;- Bueno, dejame tus piernas y estamos a mano.&lt;br /&gt;- Estúpido.&lt;br /&gt;Los quince minutos que supuse que iban a pasar hasta que llegara el 182, pasan y llega justo. Mientras, hablamos de estupideces. La llave del gas está cerrada, yo ya compré azúcar, Javier y Melina vienen el viernes a cenar, y no, cuando llegué no había ningún mensaje en el contestador. Nos sentamos al fondo, ella contra la ventana y yo a su lado. El colectivo está bastante lleno para ser la hora que es, pero sólo hay un par de personas paradas. Veo a un chico de unos diecisiete años sentando en uno de los asientos individuales, tres más adelante que nosotros, y le toco el codo a Paula y se lo señalo con la mirada.&lt;br /&gt;- ¿Qué tiene? –me pregunta.&lt;br /&gt;- ¿No te hace acordar a nadie?&lt;br /&gt;- No…no, creo que no.&lt;br /&gt;- Miralo bien –le insisto.&lt;br /&gt;- Está de espaldas, no lo puedo mirar bien.&lt;br /&gt;- Esperá que gire la cabeza, se la pasa mirando para la derecha a la chica esa que está sentada ahí –la chica, que debe tener la misma edad del chico, está sentada del otro lado del colectivo, pero bastante más cerca nuestro, pero como mira para adelante todo el tiempo, no logro verle la cara- Ahí está, miralo –le murmuro a Paula- ¿No te hace acordar a nadie?&lt;br /&gt;- No, la verdad que no. ¿A quién te hace acordar?&lt;br /&gt;- A mí.&lt;br /&gt;- ¿A vos? Nada que ver.&lt;br /&gt;- Sí, te digo que sí. Miralo bien.&lt;br /&gt;El chico se queda bastante tiempo mirando de perfil a la chica y eso nos da el tiempo suficiente para observarlo más detalladamente.&lt;br /&gt;- No podría ser más distinto –me dice Paula- Tiene el pelo rubio, es narigón, tiene barba, es mucho más alto que vos. Ni siquiera se viste o se mueve parecido.&lt;br /&gt;- Bueno, tenés razón. Pero me hace acordar a mí. Debe ser porque se la pasa mirando a la chica esa.&lt;br /&gt;- Ay, pero qué romántico que sos –me dice boludeándome- El señor recuerda su adolescencia con nostalgia. Se subía a los colectivos, miraba chicas lindas a las que nunca les decía una palabra, y cuando éstas se bajaban, él se imaginaba que había perdido, nuevamente debería agregar, al amor de su vida.&lt;br /&gt;- ¿Ves que vos deberías ser la escritora?&lt;br /&gt;- Sí, y vos en tu curriculum deberías escribir “cliché full time”.&lt;br /&gt;- Aguafiestas.&lt;br /&gt;- Qué niño que sos. Niño, niño, niño, y niño otra vez.&lt;br /&gt;- Callate la boca y dame un beso –le digo acercándole la cara.&lt;br /&gt;- No quiero. Enamorame primero –me dice ella alejándose.&lt;br /&gt;- Ya te enamoré.&lt;br /&gt;- Sí, pero fue una sóla vez eso. ¿Qué te creés? ¿que con eso me alcanza? No, señor. Conmigo tiene que laburar todo el tiempo.&lt;br /&gt;- ¿Full time?&lt;br /&gt;- Full time.&lt;br /&gt;- Me parece bien.&lt;br /&gt;- Bueno…¿y entonces?&lt;br /&gt;- ¿Entonces qué?&lt;br /&gt;- Enamorame.&lt;br /&gt;- Eh…Dichosos quienes gocen de tus labios, de tus manos, de tu sexo y de tu mente. Bienaventurados aquellos que se atrevan a conseguirlo. Malditos sean quienes no sepan aprovecharlo.&lt;br /&gt;- Te pedí que me enamores. No que me úntes con dulce de leche.&lt;br /&gt;- Sos difícil de satisfacer, eh.&lt;br /&gt;- Ciertamente. Es una de mis mejores cualidades.&lt;br /&gt;- ¿Tengo que usar solamente las palabras?&lt;br /&gt;- Tenés que enamorarme.&lt;br /&gt;- Bueno, a ver…¿Puedo pretender que soy otro?&lt;br /&gt;- ¿Quién?&lt;br /&gt;- Ese chico, por ejemplo. Y que vos sos esa chica que está ahí. Así es más fácil. Si tengo en cuenta que te conozco se va a complicar.&lt;br /&gt;- Hacé o decí lo que quieras. Pero dejá de divagar y enamorame.&lt;br /&gt;- Bueno –le digo, entonces cambio la voz y pongo una mirada pedante- Hola, linda, ¿viajás seguido por acá?&lt;br /&gt;- Dale, estúpido.&lt;br /&gt;- Es que no sé qué decirte –le dije riendo.&lt;br /&gt;Yo también quiero que me enamoren, che. Una vez aunque sea. Estoy harta de andar sola. ¿Por qué no puedo tener lo que tienen esos dos? No quiero ni darme vuelta para mirarlos. Prefiero escucharlos y soñar con que algún día me voy a escuchar a mí misma pedirle a alguien que me vuelva a enamorar. Quiero pelearme con alguien por tirar de las sábanas y destaparme o por haber elegido mi lado preferido de la cama. Quiero que alguien se aprenda cuáles son mis flores preferidas y si me gustan o no los besos en el cuello. Quiero sentarme en este mismo colectivo y también exigirle a alguien que me vuelva a enamorar. Quiero amor. Estoy cansada de lo mismo de siempre. Los chamuyos, el puterío, las idas y vueltas, los mismos pendejos de siempre. No, no quiero más eso. ¿Es que no me lo merezco? ¿No lo valgo? Ese flaco, por ejemplo. Se la pasa mirándome. ¿Por qué no me dice nada? ¿Por qué no me decís nada? ¿eh? Animate, dale. Sonreíme al menos, preguntame la hora, algo, lo que sea. ¡Enamorame! Te juro que si te animás, yo te dejo. Yo me dejo. Pero enamorame de una vez. No necesito mucho. Alguien que me cuide, alguien que me quiera, alguien que se ponga celoso cuando otros flacos no dejen de mirarme las tetas cuando viajo en colectivo o hago la cola para comprar el pan. Yo te voy a querer, vos me vas a querer y la vamos a pasar muy bien. Animate, dale. Por favor, animate. No seas pendejo y animate. ¡Pero dejá de mirarme así y decí algo, pelotudo! Soy más que una mina linda. Para mirarme las tetas lo tengo a aquel viejo pajero. ¿Qué me mirás viejo choto?&lt;br /&gt;- Siempre que la mujer avanza, el hombre nunca retrocede –me dice Toto sin dejar de mirar a un piba que está en el fondo del bondi- Es así, pichón.&lt;br /&gt;- Metete el tango en el culo.&lt;br /&gt;Y entonces me mira y me dice:&lt;br /&gt;- ¿Qué? ¿sufrís?&lt;br /&gt;- Sí, claro que sufro.&lt;br /&gt;-¿Por qué? ¿porque ella avanzó y vos retrocediste?&lt;br /&gt;- Yo no retrocedí, yo no avancé, que es distinto.&lt;br /&gt;- Entonces jodete por no hacer nada.&lt;br /&gt;Y antes de terminar de decirme esto último ya le está mirando las tetas a la piba del fondo otra vez.&lt;br /&gt;- ¿Está linda? –le pregunto señalándosela con la mirada.&lt;br /&gt;- Podría ser mi nieta.&lt;br /&gt;- Sí, pero eso no te impide dejar de mirarla.&lt;br /&gt;- Tiene cara de petera.&lt;br /&gt;Una señora que no debe tener una idea muy clara de lo que significa “petera”, pero que sabe lo suficiente como para entender que no es un término ubicado, nos mira mal.&lt;br /&gt;- Qué fino, che –le digo.&lt;br /&gt;- ¿Qué querés que diga, que le cabe la fellatio? –me responde riéndose.&lt;br /&gt;- No, está bien. Mientras bajes la voz, está todo bien. ¿Y aquella? –le pregunto señálandole a una rubia que está sentada enfrente nuestro.&lt;br /&gt;- Se la pasa acomodándose el escote, es una frígida.&lt;br /&gt;- Recién la viste una vez, ¿cómo podés saber que se la pasa acomodándose el escote?&lt;br /&gt;- La ví desde que se subió en Rivadavia, pichón. Mirá, mirá, ahí tenés –y sí, efectivamente la mina se estaba acomodando el escote de la remera.&lt;br /&gt;- Bueno, se acomoda el escote seguido ¿y?&lt;br /&gt;- Toda mina que se acomoda el escote seguido es frígida. Si te ponés un escote así es para que se te vean las gomas –la señora nos mira mal otra vez y le hago un gesto a Toto de que baje la voz, pero no lo hace- Nadie te obliga a usar esa ropa, pero si te la pasás acomodando el escote es porque sos una frígida tímida y vergonzosa que se quiere hacer la trola…&lt;br /&gt;- Podría ser histérica nomás –lo interrumpo.&lt;br /&gt;- Todas las histéricas son frígidas.&lt;br /&gt;- Freud no diría eso.&lt;br /&gt;- ¿Froid? ¿Quién es ese?&lt;br /&gt;- Nadie, no importa.&lt;br /&gt;- Mirá, pendejo, no te me vengas a hacer el facultativo, eh. –entonces finge una voz aguda que no se parece en nada a la mía y dice- “Ay, hola, mi nombre es Damián y estudio psicología y sé si una mina es histérica o no. Psicología. Dejame de joder.&lt;br /&gt;- Bue… Mirá esto que leí hoy.&lt;br /&gt;Entonces busco un libro en la mochila y lo abro en la hoja marcada, mientras, no lo puedo jurar, pero estoy seguro de que Toto anda mirando alguna mina y analizando lo que sea que él cree justo y necesario analizar sobre ella, el grosor de sus labios, el ancho de su cintura o cosas por el estilo.&lt;br /&gt;- Acá está –le digo- escuchá: “Nunca la pude olvidar. Hace como cincuenta años de aquello y a mí me da la impresión de que me hubiera ocurrido hace un momento. Desde aquella vez creí en Dios. Porque unicamente Dios pudo ponerme ese ángel a mi alcance. Si no aproveché la oportunidad la culpa es solamente mía ¿no? De todas maneras y aunque la perdí, me alegro de haberla conocido. Porque me quedó el recuerdo. Sin ese recuerdo yo no podría vivir.”&lt;br /&gt;- ¿Qué mierda estás leyendo?&lt;br /&gt;- Enrique Medina.&lt;br /&gt;- No me gusta ese Enrique Medina.&lt;br /&gt;- Pero no. Es bueno Medina. Esto que te leí lo dice un personaje, no el mismo Medina.&lt;br /&gt;- Ah. ¿Y por qué me lo leíste?&lt;br /&gt;- No sé, lo leí y me hizo acordar a vos esta parte.&lt;br /&gt;- ¿Esa parte? ¿Pensás que yo pienso así?  ¿Me tomás por pelotudo vos?&lt;br /&gt;- No, por pelotudo no, por romántico.&lt;br /&gt;- Menos, soy más pelotudo que romántico, te lo puedo asegurar.&lt;br /&gt;- Pero bueno, no sé. Pensé en vos. Un tipo grande, solo. Quizás hubo alguna mujer por ahí que te dejó así.&lt;br /&gt;Entonces Toto se ríe y me dice:&lt;br /&gt;- No, así no. Me han dejado muchas mujeres, pero nunca así.&lt;br /&gt;- ¿Y cómo te dejaron?&lt;br /&gt;- Qué sé  yo, pichón, me mandaron a la mierda, se mudaban, se iban con mis amigos, no sé. Un par se murieron también.&lt;br /&gt;-¡Eeeehh! ¿Cuántas mujeres pasaron por tu vida?&lt;br /&gt;- Muchas.&lt;br /&gt;- Pará, agrandado –le digo riendo.&lt;br /&gt;- No te lo digo de agrandado. No me sirvió de nada más que para echarme unos cuantos polvos y varios quilombos encima.&lt;br /&gt;- Contame alguno.&lt;br /&gt;- No, hoy no. Hoy hablemos de vos.&lt;br /&gt;- Pero no quiero hablar de mí –le digo mientras guardo el libro de Medina en la mochila.&lt;br /&gt;- Con más razón entonces tenemos que hablar de vos&lt;br /&gt;- Forro –entonces veo que una mina sube al bondi y trato de librarme del asunto-  Mirá la morocha esa que acaba de subir&lt;br /&gt;- ¡Me cago en la morocha esa! &lt;br /&gt;La morocha, al igual que el bondi entero, nos mira, y asustada, después de sacar el boleto sigue de largo hasta el fondo del bondi. Desde allá nos mira y seguro reza de que no nos movamos de donde estamos.&lt;br /&gt;- Bueno, no te alteres –le digo.&lt;br /&gt;- ¿Me vas a decir qué mierda te pasa? Lo venís escondiendo desde que nos encontramos.&lt;br /&gt;- Vos y tu sexto sentido de mierda.&lt;br /&gt;- ¿De qué sexto sentido me hablás? No hay que ser muy vivo para darse cuenta de que te pasa algo. Hablá, pichón, dale.&lt;br /&gt;- ¿Te acordás de Mara?&lt;br /&gt;- ¿La cordobesa?&lt;br /&gt;- ¿Qué? ¿qué cordobesa? Jamás anduve con una cordobesa.&lt;br /&gt;- Sí.&lt;br /&gt;- ¡No!&lt;br /&gt;- Te digo que sí –me dice el viejo cabeza dura de mierda.&lt;br /&gt;- ¡Te digo que no! ¿Ahora vos sabés con quién anduve y con quién no?&lt;br /&gt;- Bueno, está bien, no era cordobesa. Contame.&lt;br /&gt;- Me llamó la semana pasada diciéndome que quería verme, que tenía algo que hablar conmigo.&lt;br /&gt;- ¿La viste?&lt;br /&gt;- Sí, ayer.&lt;br /&gt;- ¿Y?&lt;br /&gt;- Y me dijo que no debería haberme dejado, que todo este tiempo pensó en mí. Que siempre fui y que todavía soy una persona muy importante en su vida, y cosas así.&lt;br /&gt;- Decime que no le creíste.&lt;br /&gt;- No, claro que no le creí.&lt;br /&gt;- ¿Y qué le dijiste?&lt;br /&gt;- Qué lo iba a pensar.&lt;br /&gt;- Le mentiste. Bien –me dice Toto esbozando una sonrisa picarona.&lt;br /&gt;- No le mentí, lo voy a pensar.&lt;br /&gt;Entonces Toto me mira. Primero no dice una palabra, tiene la mirada neutra. Aunque el bondi se sacude un poco, él se queda inmovil mirándome callado, y por un momento me pongo un poco nervioso, no sé si sentir que me va a dar una trompada o que se va a dar vuelta y no me va a volver a hablar. Pero no hace ninguna de las dos, y habla, o mejor dicho, grita:&lt;br /&gt;- ¡¿Qué es lo que tenés que pensar?! ¡¿Sos pelotudo vos?! ¡Te tira el cuentito de te quiero, no te tendría que haber dejado ¿y vos querés pensarlo?! &lt;br /&gt;- La quiero, Toto –le digo sin mirarlo a los ojos.&lt;br /&gt;- Ya sé que la querés, nabo. Pero ella no te quiere a vos. Y no necesitás a un boludo como yo diciéndotelo para que te des cuenta. &lt;br /&gt;- Pero estoy cansado de estar solo. Es siempre lo mismo. &lt;br /&gt;- Eso no tiene una mierda que ver. Yo te puedo decir que tengo hambre, pero si me ofrecés un bife crudo, no me lo voy a comer. No seas pelotudo. Sabés bien lo que tenés que hacer. ¿Qué tanto pensás, pichón?&lt;br /&gt;- No sé. Que la quiero.&lt;br /&gt;- ¡Pero la puta madre! Vos, tu generación y el amor de mierda.&lt;br /&gt;Entonces me enojo. O por fin encuentro algo que decir sin sentirme un idiota.&lt;br /&gt;- ¿Qué, tu generación era mejor? Se casaban a los dieciocho años, se querían durante seis meses y se odiaban durante 40 años para morirse juntitos y amargados.&lt;br /&gt;- Pero funcionaba. Ahora todos se divorcian, se separan, se hacen suinguers. Dejame de joder. Al final…&lt;br /&gt;- ¿Al final qué?&lt;br /&gt;- No sé, pichón, no sé. Pero no te conviene volver con la cordobesa.&lt;br /&gt;- No es cordobesa te dije.&lt;br /&gt;- Ah, cierto.&lt;br /&gt;Entonces los dos nos reímos, y el 182 ya llegó hasta Lacarra, así que nos bajamos  del bondi, y cuando lo hacemos, dos pibes que iban corriendo por la vereda se lo llevan puesto a Toto, y éste, sin dudarlo los putea corta pero efectivamente.&lt;br /&gt;- ¡La reputísima madre que los parió!&lt;br /&gt;- ¡Disculpe, señor, se nos va el bondi!&lt;br /&gt;- ¿Estás seguro que es este?&lt;br /&gt;- Sí, Nadia me dijo que nos tomemos el 2.&lt;br /&gt;- Oka.&lt;br /&gt;- Hola. Dos de uno diez, por favor.&lt;br /&gt;- ¿Vamos al fondo?&lt;br /&gt;- Dale, andá que ya voy.&lt;br /&gt;- ¿Queda muy lejos?&lt;br /&gt;- No, acá nomás.&lt;br /&gt;- Che, me gusta tu novia.&lt;br /&gt;- ¡Ja!&lt;br /&gt;- De en serio te digo.&lt;br /&gt;- ¿Qué me estás diciendo, boludo?&lt;br /&gt;- Eso, que me gusta tu novia.&lt;br /&gt;- ¡Dejá de decirlo!&lt;br /&gt;- Bueno, perdoname.&lt;br /&gt;- ¡No! ¿cómo querés que te perdone? ¿Cómo me vas a decir eso?&lt;br /&gt;- Pero es la verdad.&lt;br /&gt;- Me chupa un huevo que sea la verdad. No me podés decir eso.&lt;br /&gt;- Oka, listo, no te vuelvo a decir. Ya está.&lt;br /&gt;- Ya está no. Ya lo dijiste.&lt;br /&gt;- Es que no te lo quería ocultar más ¿viste?. Aparte, creo que yo también le gusto a tu novia.&lt;br /&gt;- ¡Callate la boca, pelotudo!&lt;br /&gt;- Me parece igual. No estoy seguro. Boludeces ¿viste?&lt;br /&gt;- Te tengo que cagar a trompadas, lo sabés ¿no?&lt;br /&gt;- Sí, ya sé. Pero, igual, no creo que cambie mucho las cosas. Me va a seguir gustando tu novia, y si no me equivoco, yo le voy a seguir gustando a ella.&lt;br /&gt;- Te lo estás buscando, forro. De verdad te lo digo.&lt;br /&gt;- Ya sé, ya sé. Disculpá, no lo puedo evitar.&lt;br /&gt;- Pero ¿desde cuándo?&lt;br /&gt;- Desde que me la presentaste.&lt;br /&gt;- ¡¿Qué?!&lt;br /&gt;- Sí, fue al toque. Tiene una forma muy particular de sonreír ¿viste?&lt;br /&gt;- ¿De sonreír?&lt;br /&gt;- Sí. Es como que se ríe con todo el cuerpo, saca pecho y baja los hombros. Y tira la cabeza para atrás también. Es muy linda cuando hace eso.&lt;br /&gt;- ¡¿Podés dejar de decir esas cosas?! ¡Estás hablando de mi novia!&lt;br /&gt;- Ya sé. Pero no lo puedo evitar, me gusta.&lt;br /&gt;- Te voy a surtir, pelotudo, no te estoy jodiendo.&lt;br /&gt;- Está bien, yo haría lo mismo.&lt;br /&gt;- No te puedo creer. No te puedo creer lo que me estás diciendo.&lt;br /&gt;- No es tan difícil de entender en realidad. Vos y yo somos bastante parecidos. Es normal que nos guste la misma mina.&lt;br /&gt;- ¡Pero es MI novia!&lt;br /&gt;- Bueno, tampoco es una cosa. ¡Ay! Eso me dolió, la puta madre.&lt;br /&gt;- Jodete.&lt;br /&gt;- Sí, me jodo. Pero vos también. Las cosas siguen igual.&lt;br /&gt;- Si le tocás un pelo, te mato, ¿me oíste?&lt;br /&gt;- Bueno, no te zarpes tampoco, somos amigos.&lt;br /&gt;- ¡¿Amigos?! ¿Me estás diciendo que te gusta mi novia y me decís que somos amigos? Me estás jodiendo, ¿no?&lt;br /&gt;- Ojalá. Pero no.&lt;br /&gt;- Qué manera de irte a la mierda. No te la puedo creer.&lt;br /&gt;- ¿Y ahora qué vamos a hacer?&lt;br /&gt;- ¡Nada! ¿qué vamos a hacer? Nada. Es mi novia y se termina ahí.&lt;br /&gt;- Bueno, pero creo que yo también le gusto.&lt;br /&gt;- Te voy a surtir otra vez si seguís.&lt;br /&gt;- Está bien, es entedible. Pero escuchame una cosita. Ella me gusta, existe la posibilidad de que yo también le guste a ella.&lt;br /&gt;- ¡Pero yo también le gusto! Sino no estaría conmigo.&lt;br /&gt;- Claro. Eso es verdad. Pero hay que ver quién le gusta más.&lt;br /&gt;- ¡No hay que ver nada! Ella me gusta, yo le gusto, y yo la vi primero. Fin de la discusión.&lt;br /&gt;- Bueno, pero quizás si sabe que a mí también me gusta, cambia de parecer y elige estar conmigo.&lt;br /&gt;- Vos sos tarado ¿no? ¿Cómo me vas a decir eso? Uy, hay que bajar acá.&lt;br /&gt;- Pero pensá un poquito…&lt;br /&gt;- ¡No hay nada que pensar! Y te vas a callar la boca, si le llegás a decir una palabra de esto a Nadia, te cago a trompadas adelante de ella. No me importa. Tocá el timbre, dale.&lt;br /&gt;Hola, ¿Agus? ¿Qué hacés? Bien, todo bien. Che, ¿está Fede por ahí? Pasámelo. Dale, beso. Fede ¿Cómo va? Bien, bien. Sí, estoy yendo para allá. Estoy arriba del 2 ya, por Flores más o menos. Escuchame una cosita, se me ocurrió una historia para el corto. Sí. Está ambientado en la guerra de Troya. Pero ya fue, es animado, aprendemos a dibujar soldados en polleras y con espadas y listo. Bueno, te cuento. Imaginate esto: la historia arranca cuando Agamenón. El rey de los griegos, sí. Bueno, la historia arranca cuando el chabón ve que Hector le mata al hermano después de que París arrugó, y da la orden a los griegos para que ataquen. Corte y vemos a los arqueros troyanos que están del lado de adentro de la ciudad apuntando a los griegos. Se ven cientos, miles de troyanos apuntando con arcos y flechas. Pero la cámara se detiene en uno, se llama Teucro o Fáleris, ponele. Habría que buscar algún nombre de esa onda que no suene a filósofo ni a dios. Bueno, cuestión que, digámosle Teucro, cuando apunta, no le apunta a los griegos que están corriendo hacia Troya para atacar, sino que le apunta a uno de los soldados troyanos que está afuera preparado para combatir. ¿Me seguís? Y lo hace a propósito, claro. Entonces el capitán de los aqueros o lo que sea, da la orden de que disparen y todos disparan. Se ve entonces la típica imagen de miles de flechas volando. Podríamos poner la visión de la cámara en la flecha de Teucro y ver cómo vuela directamente a la espalda del otro troyano y cómo se le clava en la espalda matándolo. La batalla arranca y la cámara corta a Teucro, del lado de adentro de Troya, sonriéndo al ver el cuerpo muerto del tipo que mató que ni se mueve. Ahí va corte a negro y la peli sigue, pero todo lo que sigue va a ser un flashback de la primera escena. Entonces, a medida que la historia avanza te vas enterando que Teucro y el otro troyano al que mató eran amigos, pero los dos estaban enamorados de la misma mina. No, Briseida es la que andaba con Aquiles. Y la mina estaba enamorado de los dos también, pero no sabía por quien decidirse. Entonces la onda es contar esta historia de dos amigos que están enamorados de la misma mina y todo termina con ese asesinato a sangre fría de la primera escena. Bien tragedia griega, digamos. ¿Qué te parece?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-7400638844942711241?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/7400638844942711241/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=7400638844942711241' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/7400638844942711241'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/7400638844942711241'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/09/de-amor-y-lujuria-de-egoismo-y-vanidad.html' title='De amor y lujuria, de egoísmo y vanidad, de continuidad y transporte público'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-169761693476000871</id><published>2010-08-19T12:10:00.000-03:00</published><updated>2010-08-19T12:10:07.444-03:00</updated><title type='text'>La mujer, la despedida y el lugar</title><content type='html'>Vió pasar a un hombre muerto de frío con un gorro de lana en la cabeza y una bufanda larga que le recorría la mitad de la cara hasta casi cubrirle la nariz. Entonces recordó a un muchacho que en su memoria ya no tenía nombre. Lo había conocido de joven en la facultad de filosofía. Ella debería haber tenido poco más de veinte años cuando este muchacho se le acercó y con el pecho salido y la frente en alto le dijo sos la mujer más completa que conozco, pero que después arruinó el momento pidiéndole un beso. Los besos no se piden, pensó ella en aquel momento, los besos se dan y punto. Y ahora, mirando al hombre que no era ese muchacho y recordando la primera premisa de sus palabras, sonrió, sonrió por esa mujer completa que sabía que no era. Ni ahora, ni mucho menos en aquel entonces. El hombre de la bufanda desapareció doblando en la esquina, y con él se fue el recuerdo de aquel muchacho atrevido y adolescente que jamás había conocido a una mujer completa y que no había aprendido que los besos simplemente se daban. Entonces ella comenzó a recordar ciertos besos. Enseguida, distintas imágenes surgieron en su memoria. Caras, palabras, lenguas torpes, lugares, canciones de fondo, manos aventureras, de todo. Pero los recuerdos, como una suerte de olvido imposible, siempre tienden a traer consigo otras cuestiones. Imposibilidades, pensó ella, pasos intermedios, puentes inconclusos. En fin, besos que no fueron. Al igual que los errores y que las derrotas, son estas las cosas que más se recuerdan. Ella lo sabe, yo lo sé, ¿acaso quién no lo sabe? Y es en estos momentos en que los recuerdos se manifiestan de manera, no sólo espiritual, sino también física. Desde siempre, ella contaba con una especie de tic. Desde niña, cada vez que un recuerdo incómodo o un mal pasar la atormentaba, sacudía su cuerpo como cuando se siente un escalofrío, una convulsión. Movimiento involuntario básico si los habrá. Alguna vez llegó a pensar que esa era su forma incosciente e incontrolable de deshacerse de las cosas. Pero nunca funcionó, claro. De estas cosas uno nunca se deshace, no del todo al menos. Y ahora, podía confundir a cualquier transeúnte con que, al sacudirse, temblaba de frío, cuando en realidad estaba escalofriando recuerdos, malas pasadas. Así quería olvidar a ese estudiante de filosofía y su pésimo piropo. ¿Qué derecho tenía él para convertirla en una mujer completa? Se asqueaba de sólo pensarlo. Completa. Completa. Completa. Repetía esta palabra en su cabeza y cada vez sentía una repulsión mayor. Idiota, pensó, no vale la pena. Y así, cayó de lleno en otro recuerdo. Cuando era más joven aún, otro chico se le había acercado en una noche similar y le había dicho me falta poco para enamorarme de vos. Y ¿qué es lo que te falta? le preguntó ella. Verte bailar, le respondió. Ella no volvió a bailar por el resto de la noche, claro que no. ¿Y si aquel muchacho se enamoraba de ella después de verla bailar? No, no podría ni quería cargar con amores ajenos, con enamorados. En especial si el amor no iba a ser correspondido. Ella, al igual que la mayoría de las personas, sentía el amor en el pecho. Experimentaba una sensación como de quedarse sin aire, de vacío toráxico. Y aquella vez, con aquel muchacho, no sintió nada parecido a eso. Ay ay ay, estos hombres, pensó con desapego y altanería. Pero sonrió. Sentía rencor, un poco de vergüenza ajena, y hasta escalofrió un par de veces, pero se mantenía honesta y sonreía. Porque el ego la sacaba a pasear por entre tantos recuerdos, piropos, manoseos atrevidos y vulgaridades dignas de un albañil o de un camionero. No cabe duda de que hay algo entre tanto rechazo y negación que trasciende lo válido llegando a un punto en donde lo que gusta difiere de lo que hace bien. Puro ego, demasiado ego. Pero a ver quién se atreve a arrojar la primera piedra. A ver quién tiene el coraje de gritar yo nunca me saqué un moco e hice una bolita con él entre mis dedos. Por suerte estaba sola y podía sonreír tranquila sin dar explicaciones. La gente que pasaba no la miraba, apenas la notaban. Las manos abrigándose en los bolsillos del saco, las piernas cruzadas a lo indio y la cabeza inmovil mirando sólo hacia delante. Unos cuantos litros de pintura blanca y ella supondría una estatua viviente. Pero ¿qué importa todo esto?. Historias, canciones y furor. Como caminar descalzo sobre la arena mojada. Sentír esa arena semidura pero cómoda, disfrutar del placer de dejar huellas, pero sabiendo que automáticamante esas mismas huellas serán borradas por el mar que va y viene. El viento del amanecer, la amenaza del sol y, más aún, de la arena caliente que quema, que pela. Ella, ahora mismo caminaba por la arena mojada. Con las manos libres, afuera de los bolsillos del saco que ni siquiera llevaba puesto, con el pelo suelto bailando con el viento, con las piernas estiradas dando un paso atrás de otro, dejando una huella tras otra, sabiendo que enseguida el mar que va y viene las borraría. Así andaba, así caminaba por la arena esperando el nuevo escalofrío que la trajera de regreso a las manos en los bolsillos y los hombres con bufandas largas. Quieta en un lugar, dejando no huellas en otro muy distinto, ella aguardaba. ¿Qué más podía hacer?&lt;br /&gt;Parece triste, señorita, le dijo un viejito que arrugado y cansado, sin que ella se diera cuenta, se había sentado a su lado. Ella lo miró con los ojos bastante abiertos y los labios sonriendo levemente. Discúlpeme, dijo el viejito, no quiero sonar atrevido ni entrometido, pero hacía mucho que no veía una cara como la suya por aquí. Está bien, dijo ella sonriendo, me han dicho peores cosas, justamente hace un rato pensaba en eso. Y ¿qué le han dicho? si me permite el atrevimiento de preguntar. Se lo permito, le respondió ella, y le dijo una vez me dijeron sos la única mujer que me movilizó los miedos. ¡Uff! dijo el viejito, y entonces le dijo una frase que tranquilamente podría haber sido sacada de un tango o de un poema escrito hace doscientos años. El viejito le dijo usted tiene que saber que el hombre enamorado delira, a menudo suspira, y no habla sino de morir. ¿Y la mujer enamorada? preguntó ella. No sabría decirle, señorita, no sé nada sobre mujeres enamoradas. Entonces no creo que pueda ayudarme, caballero. ¿Acaso está usted enamorada? No, ni cerca, pero, y discúlpeme ahora usted el atrevimiento, pero si los hombres que llegan a su edad no saben nada sobre mujeres enamoradas, entonces eso no habla muy bien sobre la suerte de las mujeres enamoradas. El viejito sonrió y le dijo me he equivocado más de una vez. Como todos, dijo ella. Sí, pero he sido un pésimo hombre, un pésimo amante. ¿Para tanto, señor? Crealó, señorita, le dijo, siempre amé a la distancia. Y tuve la suerte de acariciar a más de una mujer y de saberme amado, pero jamás supe qué hacer, decir o pensar sobre una mujer enamorada. Ella miró al viejito, le creía y sentía que lo entendía, pero por sobre todas, descubría que el viejito estaba mucho más triste que ella. Después de unos segundos de mirarlo, le dijo quizás ahí está la cuestión, en no saber amar. Puede ser, dijo el viejito, y se retiró, pero no sin antes haberla saludado y desearle suerte.&lt;br /&gt;Ella pensó en sacarle una foto mentalmente, pero cayó en la cuenta de que sería lo mismo que fotografiar una fotografía. Y, sobre todo, ella no quería seguir recordando. Prefería sentir el distanciamiento, sentir las horas pasar, pero no lo que éstas horas ocupaban en su interior. Tanto amor, tantas palabras dichas y escuchadas, mismo malinterpretadas, tantos viejitos arrugados. No, sólo era cuestión de sentir y saber aprovechar la despedida, esta especie de desapego que la dejaba sola y distinta. Descubrirse otra, y otra, y otra, todas en sí misma. Entonces ve pasar a una mujer rubia calzando botas con tacos que podrían usarse tranquilamente como herramientas de tortura y vistiendo una pollera que grita verano. Ríe al verla pasar, quizás en voz alta y la mujer rubia la mira seria. Pero ella no logra contenerse y estalla en una carcajada. La mujer rubia, ignorante y desabrigada murmura un pelotuda o un boluda mientras se aleja caminando. Entonces escalofrío. Porque se puso colorada y sabe que no debería meterse con la vida de los demás por más que a veces se lo merecieran. Aparte, qué imposible debe ser enjuiciar a todas las mujeres rubias y taconas. Ella sabe que tendría más suerte enjuiciando a malos piroperos que a estas mujeres. También que lo disfrutaría más, y que, de hecho, lo viene haciendo hace años. Y escalofríos nuevamente, porque surgieron dos o tres recuerdos más de esos que llevan a decir imposibles como me lo tengo que olvidar. ¡Ja! grita ella, y una paloma que anda merodeando cerca se asusta y se da a la fuga. No hay tal cosa como el olvido. Ella lo sabe, yo lo sé, ¿acaso quién no lo sabe? Las veces que ella habrá oído siempre el mismo consejo. olvidate-olvidalo-lo-mejor-es-olvidar. La oralidad a veces puede ser una pésima traductora de nuestros sentimientos. Cada vez que le aconsejaban el abandono de ciertas esperanzas, de ciertos deseos, le hablaban de olvido. Ahora tiene ganas de reir, de volver a carcajear. Pero no puede. Muchos olvidos, muchos deseos, y por sobre todo, muchos sentires. Ella sabe que deshacerse de ellos, al fin y al cabo, significa deshacerse de ella misma, desarmarse en anécdotas, cicatrices, añoranzas y temores para ser una vasija nueva y vacía. A diferencia de lo que aquel estudiante de filosofía aquella vez le había dicho, era ahora la mujer más incompleta. Y al darse cuenta de esto, descubrió la despedida. Ahí estaba, frente a ella como una flor hermosa que da pena arrancar de la planta. La miro a la despedida, se estaba mirando a ella. Sacó las manos de sus bolsillos y, no por el frío justamente, cruzó los brazos y se abrazó entera. Mañana, Alejandra, mañana, se dijo a sí misma. Se puso de pie, zapateó fuerte los pies dormidos y se fue de aquel lugar creyéndose otra. Quizás la mujer rubia que antes había pasado por delante suyo, quizás una mujer más alta o con el pelo más largo, quizás una mujer que no tenía cosquillas en los pies o que lloraba más de lo que reía, quizás una mujer que, a diferencia de ella, supiera cocer, distinguir un do sostenido de un mi bemol, o que no necesitara sentarse en el banco de una plaza para olvidarse de sí misma, tratando de despedirse de sí misma.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-169761693476000871?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/169761693476000871/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=169761693476000871' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/169761693476000871'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/169761693476000871'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/08/la-mujer-la-despedida-y-el-lugar.html' title='La mujer, la despedida y el lugar'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-95280508432549368</id><published>2010-08-19T12:09:00.003-03:00</published><updated>2010-08-19T12:09:37.764-03:00</updated><title type='text'>La pesadilla</title><content type='html'>Tomás abrió los ojos y se encontró con la espalda desnuda de Juliana. Le acarició el omoplato derecho y la sintió fría, entonces extendió su brazo y la rodeó para abrazarla. Cuando apoyó su mano del otro lado sintió un liquido espeso. Tomás se inclinó hacia Juliana y descubrió que estaba bañada en sangre. Tomás se desperezó y bostezó. Fue sólo una pesadilla.&lt;br /&gt;Pero el cuerpo de Juliana seguía bañado en sangre. Mejor así, pensó. Si hubiera estado viva al despertarse tendría que haber dado muchas explicaciones. Más que nada a sí mismo. ¿Qué había pasado la noche anterior? ¿Por qué estaban los dos desnudos? ¿De dónde había salido toda esa sangre? Ahora lo único que existía era una mujer muerta, el cansancio de haber dormido poco y la obligación de marcharse, porque sabía que ya no tenía nada más que hacer con ella. La pesadilla había terminado. Juliana estaba muerta y Tomás se preguntaba dónde había dejado sus zapatos. Se vistió sin antes darse un baño, hacía frío. Prefirió lavarse la cara, aunque omitió lavarse los dientes, y antes de ponerse a buscar sus zapatos, se fumó un cigarrillo mientras, parado a un lado de la cama, observaba los ojos muertos de Juliana.&lt;br /&gt;Juliana se sabía bañada en sangre, pero no se preocupaba mucho. Aunque su confianza hacia Tomás ahora pendía de un hilo muy frágil. Pensó en esbozar algunas preguntas. ¿Vos me mataste o esto me lo hice yo solita? ¿Por qué, Tomás? ¿En dónde voy a conseguir un buen quitamanchas a estas horas?. Juliana no quería moverse de donde estaba, ella también estaba cansada, y mientras Tomás la observaba mirándola directamente a los ojos. Ella recordaba que la noche anterior, durante el fulgor del desnudaje, había revoleado un zapato de Tomás arriba del armario. Va a tardar bastante en encontrarlo, pensó, a menos que se anime a hablarme.&lt;br /&gt;Tomás apagó el cigarrillo tirándolo dentro de un vaso con agua y comenzó a recorrer la habitación en busca de sus zapatos. El derecho lo encontró enseguida, estaba en el piso, frente al armario. Pensó dónde podría estar el otro. Revisó debajo del sillón, en el baño, debajo de la cama, hasta revisó adentro del armario, aunque sabía que sus puertas jamás habían sido abiertas. La miró a Juliana. Por un momento pensó que se había movido. No. Seguía muerta. Muerta y desnuda. Muerta, desnuda y bañada en sangre. Fue sólo una pesadilla, se dijo a sí mismo en voz alta, está muerta.&lt;br /&gt;Juliana, claro está, hizo lo imposible para contener la risa. Todavía no quería despertarse de la pesadilla y descubrir que, al menos, uno de los dos había muerto. Entonces mantuvo los ojos firmes y el resto del cuerpo quietecito mientras por dentro estallaba en constantes y compulsivas carcajadas. Lo incómodo es que sintió que el brazo izquierdo se le estaba durmiendo y comenzó a sentir un cosquilleo desde la punta de sus dedos hasta pasando el codo de su brazo. Tomás no lo sabía, por supuesto. Tomás seguía buscando su zapato izquierdo. Repitiendo lugares que ya había revisado y acariciándose la barba del mentón mientras pensaba confundido.&lt;br /&gt;Lo debe tener ella, pensó. Y si no fuera porque así no era, hubiera sido muy posible que lo tuviera Juliana. Entre tanta pesadilla ¿quién tiene en cuenta a dónde van a parar los zapatos? Pero la desnudez de Juliana era obvia y la sangre en la que estaba bañada había hecho que las sábanas se pegaran lo suficiente a su cuerpo como para que Tomás viera que lo único que generaba relieve bajo las sábanas, eran sus senos, sus nalgas y sus rodillas. Los pies no. Los pies estaban fuera de las sábanas y ninguno calzaba el zapato izquierdo de Tomás.&lt;br /&gt;Juliana no podía parar de reírse en su interior, aunque la verdad es que ya estaba un tanto aburrida. Tomás parecía decidido a no hablarle, y conociéndolo cómo lo conocía ella, orgulloso y pedante, sabía que sería capaz de irse con un solo zapato antes de dignarse a hablarle y preguntarle si sabía dónde estaba su zapato. Sí, pensó Juliana, las pesadillas pueden ser tan aburridas y comunes como la vida real. El tema ahora era la sangre. La vida real no soporta tanta sangre sin una mínima consecuencia. Pero Juliana se había acostumbrado a la sangre sobre su cuerpo, y a lo sumo, era cuestión de lavar su cuerpo o de despertar la pesadilla. Esa última idea le gustó, se sintió cómoda pensando eso. Tan cómoda que olvidó que no debía manifestarlo y no llegó a tiempo para evitar parpadear y suspirar fuertemente.&lt;br /&gt;Tomás se asustó. Cuando la escuchó suspirar, sintió el regreso, el renacer de la pesadilla. No puede ser, se dijo a sí mismo. Y como escapando de la pesadilla, de Juliana y de la pesadilla, pegó su espalda contra la pared quedando de frente a Juliana y la miró detenidamente. Nada ocurría. Todo parecía indicar lo mismo. La muerte, la sangre, la desnudez. Todo. Pero había algo, y algo había pasado. Juliana había suspirado. Ciertamente había suspirado y nadie podía negarle eso a Tomás. Ni siquiera Juliana. Quietecita y bañada en sangre como estaba, por más que hablara, no tenía los argumentos para negar lo que había hecho, lo que había pasado. Entonces la pesadilla. Y Tomás comenzó a acercarse de poco hacia Juliana. Daba pasos cortos, y algunos en falso. El derecho con el zapato puesto, el izquiero desnudo. El derecho y el izquierdo. Y así se iba acercando cada vez más. Está muerta, pensó. Y siguió acercándose.&lt;br /&gt;A Juliana cada vez le costaba más contenerse de la emoción. En su interior bailaba y festejaba a los gritos. Y cada paso que Tomás daba hacia ella, la hacía ponerse un poco más nerviosa. Tanto que olvidaba todo por completo. La pesadilla, la sangre, todo. Entonces Tomás llegó a ella, se puso en cuclillas y quedando a sólo centimetros de su cara, le miró los ojos muertos. ¡Buuu! grito ella. Y Tomás se cayó de espaldas al piso por semejante susto. Juliana estalló en carcajadas. Aprovechó el comienzo de la pesadilla y se enderezó en la cama para liberar su brazo que hacía rato estaba dormido. Y se masajeaba el brazo mientras seguía riendo al ver a Tomás tirado en el piso con una expresión en su cara que más que miedo o asombro, perjuraba confusión. ¿Qué susto, no? le dijo ella.&lt;br /&gt;Tomás no entendía. La pesadilla había vuelto a comenzar. O quizás nunca se había terminado. Se paró, la miró sonreír y le respondió que sí, que se había asustado mucho. Y antes de siquiera pensar algo o de que ella volviese a hablar, Tomás se abalanzó sobre ella, apretó su cuerpo contra el de Juliana y comenzó a besarla, a apretarle suavemente el cuello mientras ella le rodeaba su cintura con sus piernas. Dieron vueltas sobre la cama abrazados el uno con el otro, y mientras Tomás la besaba, Juliana lo desnudaba. Desde afuera de la cama, podía observarse todo. La desnudez, la sangre, la muerte ya no tenían dueños. Era todo de ambos. Nadie hubiera podido adivinar quién de los dos, o si es que los dos estaban muertos. Fue sólo una pesadilla, de eso se puede estar seguro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-95280508432549368?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/95280508432549368/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=95280508432549368' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/95280508432549368'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/95280508432549368'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/08/la-pesadilla.html' title='La pesadilla'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-2619681167769465102</id><published>2010-08-19T12:09:00.001-03:00</published><updated>2010-08-19T12:09:17.261-03:00</updated><title type='text'>La noche en placebo</title><content type='html'>Les repito por última vez a mis comensales que detesto las luces de colores y la música sin contenido. Pero enseguida descubro que sus oídos son sordos a mis quejas y que ellos ya están cargados y armados para actuar sólo con los ojos y con las manos, si es que la oportunidad se llegara a presentar. Me callo justo al cruzar la puerta donde Hércules viste de negro y sonríe orgulloso de que el gel aún se mantiene fresco en su cabellera. Entonces la música sin contenido y las luces de colores que me ciegan los ojos y me generan un conflicto de interés en la visión. Entonces los empujones, las pisoteadas y ni una cara conocida entre todas estas personas que vengo frecuentando hace años. Mis comensales y yo somos cuatro, no, somos cinco, y los cinco agradecemos que al fondo del lugar haya lugar para nuestras presencias. Así comienza la noche en placebo que, sin detenerse a considerar ciertas consideraciones, se dispone a sufrir por todos los que aquí estamos lo que no nos atrevemos a decir sin el néctar aparentemente necesario. Mis compañeros, entonces, ante semejante aunque tradicional descubrimiento, no tardan mucho en ordenar bebidas espumantes y energizantes. Me quejaría, pero no me oirían. Les diría que esta es la mejor manera de tentar a los ilusos y a los soñadores por igual. Pero no me oirían. Entonces me callo y enciendo mi vicio preferido, y como sé que no tengo de qué hablar, me dedico a observar. Es en ese momento, por primera vez en la noche e incontable vez en mi vida, que me doy asco a mí mismo porque no paro de buscar culos que sepan hablar u ojos que sepan hacer algo más que bailar y juzgar sin saber. Se suele pensar, yo lo sé, que la noche hace diferencia entre los amateurs y los que cargan la pasta de campeón. Pero eso no es cierto. Por eso mismo los billestes gastados, la ropa arrugada y el delivery sin cargo de mentiras. Noto que mis comensales amigos gritan. No sé si alguien los escucha. Yo no los escucho, pero los conozco y adivino lo que dicen. Siempre fue así. Alguno dice “no puedo dejar de mirarte las tetas”, otro trata de adivinar el nombre de alguna mujer que solamente se dedica a pasar. Y no surte efecto, claro que no surte efecto. Pero todos saben jugar, de eso no me cabe ninguna duda. Al menos sonríen, y aunque me cueste admitirlo, reconozco que eso siempre es algo bueno. Y entre tanto pensar, me olvido de que estoy y descubro que una mujer que me lleva muchos abriles de diferencia no duda en sentarse en mi regazo sin siquiera pedirme permiso. Y la desgraciada no tarda en preguntarme de dónde soy y a qué me dedico. Pero la descubro y me descubro justo a tiempo para sacármela de encima de una patada para que salga volando al otro lado del lugar y no vuelva a molestarme. Ay ay ay, es todo lo mismo, las caras, las telas, los guiños de ojos, las manos clandestinas, los gritos de celebración. Pero me pregunto yo qué es lo que se festeja, de dónde salen todas esas sonrisas y por qué hace falta tanta parafernaria por debajo, alrededor y hasta adentro nuestro. Todos dicen y hacen lo mismo porque lo hizo o dijo primero el de al lado, el de antes. Y no me engaño, también lo hará y dirá el de mucho depués. Entonces puedo jurar que todos pesan lo mismo, y lo cierto es que ninguno perdura. Se le puede echar la culpa a esta noche en placebo, a la misma naturaleza humana. Da lo mismo. Nada perdura más allá del beso o del coito indefinido. Amorísmos potencialmente neutros y sucios. Colectividad inmadura. Sábado de mentirita. Noche en placebo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-2619681167769465102?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/2619681167769465102/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=2619681167769465102' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/2619681167769465102'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/2619681167769465102'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/08/la-noche-en-placebo.html' title='La noche en placebo'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-6686125087232707445</id><published>2010-07-23T12:10:00.003-03:00</published><updated>2010-07-23T12:10:47.709-03:00</updated><title type='text'>más vida (o el dilema del elefante moribundo)</title><content type='html'>Tengo dos elefantes en el placard, uno está muriéndose y el otro está bastante bien. Quisiera regalarte uno. Primero pensé en darte el sano, pero creo que es mejor que te quedes con el moribundo, así lo ayudás a morir, porque sé que vos podés ayudarlo en eso mucho mejor que yo. Pero no puedo aceptarlo, me encantaría cuidar de tu elefante hasta su último respiro, pero no creo que pueda. Sí, ¿qué decís? claro que podés. No, te juro que no voy a poder. ¿Seguro? Seguro murió apuñalado en Sierra Chica. Cierto, pero es que realmente creo que podés ayudarlo y asistirlo mucho mejor que yo. Lo mío nunca fueron las despedidas, ya me conocés. Si, te conozco, pero no puedo ayudar a tu elefante. Bueno, tengo dos madres, cuatro primas y varios prendedores. ¿Querés algo de eso? No, está bien, así estoy bien. Eso sí, podés servirme otro café. Sí, claro. Es bueno ¿viste?. Muy rico, pero ¿no tenés más azúcar? No, che, se la terminaron los australianos y no volvieron a comprar. Asutralianos de mierda. Sí, no me hables. Ayer caí acá con una chica, ¿viste?. ¿La rubia? No, no, a esa no la volví a ver. En fin, habíamos salido a comer y después vinimos para acá. Y no sabés, cuando entramos estaban todos los asutralianos inhalando azúcar y correteando por el departamento mientras pegaban tiros al techo. ¿Así de la nada? Así de la nada. Se ve que el azúcar les pegó muy feo y empezaron a hacer boludeces. Encima hoy se vinieron a quejar los de departamento de arriba. Claro. Sí, el tipo me dijo que gracias a Dios que no estaba con la amante, porque si le pasaba algo se iba a querer morir. Y me dijo que la próxima que se pongan a hacer esto, que por favor apunten más para el lado del dormitorio, así quizás le pegaban un tiro a la mujer. ¿Y con la rubia qué hiciste? No era rubia. Es verdad, perdoná. Le dije que me disculpase y le llamé uno de esos taxis que vienen con poetas encima, así no se sentía tan mal y no le cagaba por completo la noche. Está bien, estuviste bien. Che, ¿de verdad no puedo convencerte de que te lleves el elefante?. Mirá, me encantaría ayudarte, y sé que no es fácil para vos lidiar con los finales, pero últimamente no estoy nunca en casa, me la paso recolectando rencores, y me toma mucho tiempo. ¿Sí?. No te das una idea. El otro día estuve medio día sin parar, y solamente caminado por Bonifacio, por la mano derecha, mañana me toca la mano izquierda. Qué locura, che, ¿quién lo hubiera pensado?. Y sí, es así. Che, ¿supiste algo más de Fabián? Sí, está trabajando de perchero en un estudio de abogados. Le pagan bien. Bueno, mejor entonces. Hace mucho que no lo veo ¿y de Cristian? ¿sabés algo de Cristian?. Lo atropelló una abuela. ¿Una abuela? Sí, Cristián estaba tirado en la placita esa que está a la vuelta de mi casa, durmiendo una siesta en el pasto, y la vieja le pasó con el andador por encima. Fue terrible, tardaron más en desenrredar el vestido de la vieja de entre las piernas de Cristian que en sacarlo del shock, porque justo cuando la vieja lo pisó con el andador en el pecho, él abrió los ojos y se encontró mirando de lleno a la entrepierna de la vieja por adentro del vestido. Pobre Cristian. Si, la verdad que sí. ¿Y Anita y Nadia? Anita sigue igual, siempre que mira una película y alguno de los personajes se ríe, ella se ríe, si un personaje llora, ella llora. Se la pasa morfando, fumando y dándole besos a los que tiene cerca. Encima, el otro día le pasaron la versión vieja de Peter Pan, la de Mary Martin ¿viste?. Sí, sí. Y bueno, cuestión que se asomó al balcón con el pijama puesto y saltó. ¿Y voló? Sí, y bastante bien, eh, pero se olvidó del semáforo nuevo que pusieron en  Chile y Defensa y se lo llevó puesto. Está bien igual, la internaron en la clínica del padre y comparte la habitación con una heladera que dice ser una ama de casa filántropa menemista de Barrio Norte. Bueno, mejor. ¿Y Nadia? Nadia está cambiando la piel, anda verde últimamente, o violeta, no me acuerdo bien. Che, respecto al elefante ¿qué te parece si lo cuida un día cada uno? Hoy te lo podés llevar y mañana me lo traes o lo paso a buscar. Sino podemos tenerlo dos o tres días cada uno, si te queda más cómodo. No sé, no quiero compremeterme. Quiero ayudarte, pero no quiero comprometerte y después no poder cumplir. No hay problema si un día no podes, eh. Prefiero eso de última. Pero al menos me ayudás un poco, porque no anda bien el probecito, y encima el otro, el que está sano, me parece que se está dando cuenta y se la pasa todo el día cantándole cumbias alegres o le pone discos de los Buenavista. No sé, no sé. ¿Cómo se hace para ayudar a morir a un elefante? Aparte mi casa es muy grande. Se puede perder, o mirá si cae en la pileta. No te hagas problema por eso, los elefantes son excelentes nadadores. Pero igual, no sé. Dejame pensarlo un poco más. Bueno, dale, no te jodo más con el elefante.¿Tenés más café? Sí, bancame que se haga de día y te sirvo otro. No hay apuro.&lt;br /&gt;El Lector no me adora, claro. A lo sumo se ríe o me denuncia ante la Comisión Borgeana de Narrativa Argentina. Ayer, por ejemplo, recibí una llamada de una señora que me decía que ya estaba harta de que se hija, una estudiante de Letras, le taladrase los oídos con lecturas de Oliverio Girondo. Yo le dije a la señora que se vaya a la mierda y que hay que ser muy idiota o tener muchos cojones para compararme con Oliverio, aunque él me haya plagiado a mí. Después le dije que lo que podía hacer era simplemente dejar de leer mis escritos. A lo que me dijo que el Lector era una especie de Dios, siempre omnipresente, y que yo debía tener consideración por él. Le dije que el Lector jamás es Dios, que siempre lo es el Escritor, y que para mí lo único omnipresente era la memoria de los elefantes. Que estaba en todos lados, en la psiquis de los elefantes, en el incosciente colectivo de personas como nosotros y hasta en los proverbios más populares. Pero que, desafortunadamente, esa memoria y esa omnipresencia estaban muriéndose. Enseguida me acusó de “mariguanero” o algo por el estilo y me colgó. Me senté a escribir, claro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-6686125087232707445?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/6686125087232707445/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=6686125087232707445' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6686125087232707445'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6686125087232707445'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/07/mas-vida-o-el-dilema-del-elefante.html' title='más vida (o el dilema del elefante moribundo)'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-1367266124772590458</id><published>2010-07-23T12:10:00.000-03:00</published><updated>2010-07-23T12:10:03.977-03:00</updated><title type='text'>Cota</title><content type='html'>Quiero recostarme en ese pasto que sirve de comodísimo colchón de ilusiones pesadas sugerentes de un verano interminable de estilo mil novecientos noventa y nueve para recordarme que soy sólo carne y huesos unidos en una suerte de forma torpe y en constante descomposición que nada vende ni nada compra a toda esta gente que me rodea tratando todo el tiempo de convencerme que me parezco más a mi madre que a mi padre o que al pasar por la ventana me llaman confundidos por el nombre de mi hermano que nada tiene que ver conmigo porque el es bajo y rechoncho y yo alto y flaco como esos escobillones que se usan para limpiar las telarañas de los techos que ya no cubren nada de nada dejándome víctima de las lluvias o del viento norte tan cálido y aburrido como una noche dando vueltas alrededor de la misma mujer preciosa y malévola pero justa y perversa como me gustan a mí y a mi mejor amigo cuando se olvida de la fiebre de los amores pasados y las traiciones tan novelescas contaminantes del alma pero que confeccionan la actitud que usamos para enfrentar y refutar a esas mismas mujeres sentadas frente a nosotros en el diapasón de nuestras guitarras o en las orillas de nuestras páginas en blanco sucio y desgastado de tanto pasar y pasar las horas sin descubrir la palabra justa que escribir para entonces releer en voz alta y gritar lo que se inventó mucho antes de escribirse y que se sintió mucho antes de olvidarse que ya no se puede seguir dando vueltas sin manotear algo al boleo de entre las estanterías para al menos poder decir que el viaje valió la pena y que hay un recuerdo tangible que presciende de palabras o suspiros de esos que surgen en las madrugadas cansadas y tan estúpidamente repetidas porque me callo los lunes lo mismo que me callo los martes y siento los domingos lo mismo que siento los viernes feriados de amor o feriados de locura barata y emociones sacadas de aquel sombrero viejo que usaba mi abuelo los días de sol cuando la tristeza de que Boca perdiera era mucho más importante que lo que yo tenía para decirle queriendo interrumpirlo en su tarea de idiota soñador alado y pendenciero todo el tiempo perdido en discusiones y preguntas sin respuestas posibles para antes de la cena y justo después del desayuno cuando descubro por qué sí y por qué no quiero seguir escribiendo o moviéndome más que para recostarme en ese pasto que sirve de comodísimo colchón.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-1367266124772590458?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/1367266124772590458/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=1367266124772590458' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/1367266124772590458'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/1367266124772590458'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/07/cota.html' title='Cota'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-6535693690577321234</id><published>2010-06-24T14:20:00.004-03:00</published><updated>2010-09-08T12:34:59.489-03:00</updated><title type='text'>La habitación para el desarme</title><content type='html'>&lt;i&gt;&lt;b&gt;http://zonaliteratura.com.ar/?page_id=895&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pase y tome asiento, por favor, que la doctora enseguida lo atiende.&lt;br /&gt;Crucé la puerta y me encontré con un escritorio viejo con una silla de cada lado. A un costado de la habitación había una estantería prácticamente vacía, sólo cargaban algunos libros, papeles apilados y un portaretratos con una foto de Freud y la Mata Hari teniendo sexo. Y del otro lado, cerca de una segunda puerta, un perchero de pie completamente cargado de camperas, bufandas y gorros de lana junto a un sillón de un cuerpo. Tomé asiento frente al escritorio del que supuse era mi lado, y apenas lo hice pude ver cómo la habitación comenzaba a caerse a pedazos, cómo se derrumbaba en añoranzas y melancolías. Enseguida pensé que la habitación lo tenía todo. Pensé en eso, en que la vida no era más que eso, añoranzas y melancolías. Porque el presente es demasiado veloz como para sentirlo, apenas lo mencionamos ya es pasado, y cuando pensamos en invocarlo todavía es futuro. Así que la habitación lo tenía todo. Del techo chorreaban autitos de juguete, espadas de plástico y embases vacíos de colonia Paco. Ví cómo las cortinas de la única ventana que había se desilachaban en mujeres. La ví a Claudia, a Silvina, a Daniela. También ví caer juegos de pezones, de nalgas, pares de piernas, decenas de labios. El empapelado de la pared se deshacía en risas, chistes, llaves perdidas, remeras gastadas. Los enchufes empazaban a escupir colillas de cigarillos y cuerdas de guitarra. Creo que en un rincón ví a mis amigos. Uno cebaba mate, otro se rascaba la cabeza mientras lloraba, otro hablaba de fútbol, Manuel tocaba la guitarra. Y entre tanto despelote, por la otra puerta que tenía la habitación, entró la doctora. Esta mujer era ancha de caderas y tenía cara de cansada. El pelo ruliento que que alguna vez había sido pelirrojo ahora se asomaba negro y despeinado. Vestía un jean que le quedaba muy ajustado y una camisa beige que  definitivamente no era de ella. Sin saludarme o siquiera mirarme, se sentó frente a mí, detrás de su escritorio y como si yo no estuviera en la habitación, se rascó la teta izquierda y largó un eructo muy desagradable que retumbó más que nada en su garganta, mientras, hojeaba y leía lo que parecía ser mi historial. Yo volví los ojos al resto de la habitación. Descubrí a mi madre colgada por los pies del ventilador. Me miraba, sonreía y me decía constantemente “si no fui capaz de convencerte, no tengo derecho a prohibirte nada, si no fui capaz de convencerte no tengo derecho a prohibirte nada”. Al otro lado de la habitación, cerca de la ventana, diez o quince soldaditos de juguete trepaban por las cortinas que se desilachaban, y Balerza, mi profesor de matemáticas de sexto grado, se reía carcajadas al verlos fracasar mientras un bandoneón saltaba a su alrededor abriendo y cerrando el fuelle generando el sonido de lo que supuse era un la menor. Y la estantería casi vacía empezó a llenarse. Una Fender Telecaster del ’68, playas tropicales, edificios de Gaudí,  las obras completas de Camus, dos platos de milanesas a la napolitana, todos los long play de John Coltrane, manos izquierdas y ojos verdes, pilones de nieve y pares de medias perfectamente apiladas. Todo esto y más llenaban a las estanterías. Estas cosas aparecían de la nada y se quedaban. Pensé que tanto peso podría traer problemas para la resistencia física de la habitación. Tantas melancolías, tantas añoranzas.&lt;br /&gt;- ¿Todo esto es normal? –le pregunté a la doctora de caderas anchas.&lt;br /&gt;- ¿Qué cosa? –me preguntó, y recién entonces levantó la vista y miró conmigo alrededor de la habitación sin demostrar expresión alguna más que la de intriga sobre lo que le estaba preguntando. Comprendí enseguida que ella no veía lo mismo que yo.&lt;br /&gt;- Nada, no importa. –le dije.&lt;br /&gt;Ella se volvió a rascar la teta izquierda, dejó mi historial sobre el escritorio y agarró una hoja que estaba a su lado. Leyó el primer renglón y me miró.&lt;br /&gt;- ¿Cree en el amor?&lt;br /&gt;- No. Pero a veces sí.&lt;br /&gt;No anotó nada y siguió con la siguiente pregunta.&lt;br /&gt;- ¿Le teme a la muerte?&lt;br /&gt;- Le temo al neoliberalismo.&lt;br /&gt;- ¿A qué más le teme?&lt;br /&gt;- A las multinacionales y a las mujeres cuyos nombres empiezan con una vocal.&lt;br /&gt;- ¿Tiene usted mascotas?&lt;br /&gt;- Dos. Un gato que se llama Pierre y un oso polar que vive en las cañerías de mi departamento. No le puse nombre, le digo “oso”.&lt;br /&gt;- ¿Cuánto cree que cuesta un kilo de pan?&lt;br /&gt;- Treinta y siete pesos.&lt;br /&gt;No podría afirmar que cuando me miraba, me miraba directamente a los ojos. Recuerdo que sus ojos se movían de un lado para el otro muy velózmente. A veces creía que me miraba a los ojos, pero en realidad me estaba mirando el flequillo, o el mentón.&lt;br /&gt;- ¿Se masturba?&lt;br /&gt;- No, no creo en Dios.&lt;br /&gt;- ¿Sueña seguido?&lt;br /&gt;- Solamente los jueves.&lt;br /&gt;- ¿Lo han asaltado alguna vez?&lt;br /&gt;- Sí, una.&lt;br /&gt;- ¿Cómo?&lt;br /&gt;- Estaba viajando en colectivo. Era de noche tarde, y en el colectivo, aparte del conductor, quedábamos sólo otro pasajero y yo. Me acuerdo que empecé a sentir miedo, la escena me hacía acordar a un cuento de Cortázar que había leído, y para colmo, el otro pasajero estaba sentado justo detrás de mí, cosa que me generaba aún más miedo. Y fue este otro pasajaero el que me asaltó. Sin que el colectivero se diera cuenta, o quizás era cómplice del asalto y se hizo el desentendido, el otro pasajero me tómo por detrás, me agarró fuerte la cabeza para inmovilizarme y me abrió la garganta con una navaja. Enseguida se me empezaron a caer palabras por el tajo de la herida. Y manotié todas las que pude, pero mi asaltante logró llevarse dos.&lt;br /&gt;- ¿Cuáles dos?&lt;br /&gt;- El femenino de “perfecto” y el antónimo de “verdad”.&lt;br /&gt;Era difícil deshacerme de lo que seguía pasando alrededor mío. Todo lo que caía del techo y chorreaba de las paredes se iba  amontonando cada vez más en el piso, y yo trataba de, con mis pies, amontonar todo lo que quedaba cerca mío. No sé por qué, pero creía necesario tener el camino libre en caso de que queisiera huir rápidamente de esa habitación. En especial desde que ví que del perchero ya no colgaban camperas, sino personas dormidas que jamás había visto en mi vida. Eran hermosas personas, tres mujeres y dos hombres. Los cinco eran muy bellos, limpios, casí perfectos, y parecían descansar en paz, pero tan sólo mirarlos me generaba un miedo casi incontrolable que desaparecía cuando dejaba de mirarlos y volvía mis ojos a la doctora de caderas anchas y pelo enrulado.&lt;br /&gt;- ¿Qué quería ser cuando era chico?&lt;br /&gt;- Sodero.&lt;br /&gt;- ¿Vive solo?&lt;br /&gt;- Todos vivimos solos.&lt;br /&gt;- ¿Tiene pecas en alguna parte del cuerpo?&lt;br /&gt;- Ni una.&lt;br /&gt;- ¿Lunares?&lt;br /&gt;- Sí.&lt;br /&gt;- ¿Cuántos?&lt;br /&gt;- Diecinueve.&lt;br /&gt;- Muy bien –la mujer volvió a tomar mi historial y dijo- Acá dice que su nombre es Bruno Dotta.&lt;br /&gt;Y entonces, apenas mencionó mi nombre, la habitación quedó en silencio. Todo lo que me rodeba había desaparecido, a excepción de la mujer y los muebles que habían estado desde un princpio, todo desapareció. No quedaba una sola añoranza, una sola melancolía. A excepción de las personas desconocidas en el perchero, me sentí triste de que todo hubiese desaparecido. Cuando esbocé decir algo al respecto a la mujer, recordé que ella no había visto nada, así que me olvidé del asunto y respondí su pregunta:&lt;br /&gt;- Sí, pero ese no es mi verdadero nombre.&lt;br /&gt;- ¿Y cuál es su verdadero nombre?&lt;br /&gt;- Es muy extenso. Tan extenso que tardaría veintidos años, seis meses y trece días en decírselo. Claro que para ese entonces tardaría cuarenta y cuatro años, doce meses y veintiseis días en decirle mi verdadero nombre, si es que entiende a lo que me refiero.&lt;br /&gt;- Sí, claro. Acá también dice que tiene veintidos años.&lt;br /&gt;- Y seis meses y trece días.&lt;br /&gt;- “Ocupación: escritor”&lt;br /&gt;- Eso no es cierto.&lt;br /&gt;- ¿Acaso usted no escribe?&lt;br /&gt;- Sí, pero eso no me hace necesariamente un escritor.&lt;br /&gt;- El mes pasado, la editorial Kronos publicó un ensayo llamado –estiró la mano hacia un extremo del escritorio y tomó un libro que yo no había notado antes, era una edición de tapa dura color pardo y de muy pocas páginas- “Ensayo”, escrito por un tal Bruno Dotta. ¿Es usted Bruno Dotta?&lt;br /&gt;- Sí, pero ese no es mi verdadero nombre.&lt;br /&gt;- ¿Escribió usted este ensayo? –y prácticamente lo posicionó pegado a mi cara.&lt;br /&gt;- Aparentemente.&lt;br /&gt;- Le voy a leer un fragmento –abrió el libro, y leyó al azar una de las primeras páginas- “…Cómo decía aquel famoso dramaturgo griego, ‘las palabras nunca son cobardes’. Las palabras son y punto, las palabras dicen lo que dicen y absolutamente nada más. El resto son especulaciones chomskyanas, pragmáticas o metalinguísticas. Las palabras no pesan. Son tan livianas que llamarlas leves es muchísimo. Sin embargo, a lo largo de la historia de la semiótica, de la lingüística y hasta de la gramática, la ciencia de la escritura no se ha cansado de otorgarle peso a las palabras. Y ni siquiera voy a mencionar los casos de la psicología, la política o la mismísima literatura. Esta última no sólo abusó del uso de las palabras sino que las transformó en algo completamente distinto a lo que eran, yendo más allá de los significados y alcanzando lugares tan inútiles como los de el símbolo o la metáfora. Las palabras no tienen alma, no tienen mente, ni siquiera poseen vida. Tan sólo un cuerpo que se basa en el contorno de las letras que contienen a cada una de las letras que las componen. Y por más que Bajtín lo refute, las palabras no tienen nada que ver con los enunciados. Palabras como ‘zeta’, ‘tinta’, ‘noviembre’, ‘fértil’, ‘sombrero’ y etcétera, tienen tanto de enunciados como los árboles de eléctricos. Uno puede pasar por un kiosco y leer un cartel que dice ‘no hay monedas’, o escuchar una frase como ‘prefiero el mar a la montaña’, pero…”. ¿Usted escribió esto?&lt;br /&gt;Cualquiera pensaría que después de leer, al preguntarme si yo escribí eso, le mujer me hubiera mirado directamente a los ojos. Naturaleza humana básica. Las preguntas directas seguidas de una actividad impersonal son siempre acompañadas de miradas cruzadas de ojos. Pero no, ni siquiera movió la vista del libro.&lt;br /&gt;- Sí. –le respondí yo.&lt;br /&gt;- ¿Por qué?&lt;br /&gt;- Nadie me cree, pero yo sé muy bien que por las cañerías de mi casa se pasea un oso al que le gusta asomarse cuando me lavo los dientes. No espero que usted me crea. De la misma manera, no espere usted una respuesta a lo que me acaba de preguntar.&lt;br /&gt;- ¿Por qué nunca volvió a escribir historias como aquella del gato que se suicida?&lt;br /&gt;- Jamás escribí una historia sobre un gato que se suicida, la historia a la que usted se refiere habla de un gato que se enamora.&lt;br /&gt;- Es lo mismo.&lt;br /&gt;- ¿El amor y el suicidio? ¿usted cree?&lt;br /&gt;- Yo hago las preguntas. –esa vez no tuve ninguna duda de que me estaba mirando directamente a los ojos.&lt;br /&gt;- Ciertamente. Disculpe.&lt;br /&gt;- Me refería a que los dos estábamos hablando de la misma historia.&lt;br /&gt;- No podría estar usted más equivocada. Usted leyó la historia y pensó que se trataba de un gato que se suicidaba, yo sólo veo un gato que se enamora. Que al final del relato se termine suicidando es tan significativo como que el gato tuviera ojos verdes o grises.&lt;br /&gt;- No estoy de acuerdo con usted.&lt;br /&gt;- Afortunadamente para mí. &lt;br /&gt;Me miró ofendida, pero no a los ojos, creo que me miró el pecho. Ofendida como si le hubiera pegado una cachetada o tocado el culo. Yo le sonreí, y sin ganas de hablar, le di a entender que había sido un chiste. Y ella, sin mover un solo músculo de su cara e inmovilizándola en esa expresión horrible, retornó su vista a mi historial&lt;br /&gt;- Quisiera fumar. –le dije.&lt;br /&gt;- Puede fumar, no hay problema. Pero no haga humo.&lt;br /&gt;- Eso es imposible.&lt;br /&gt;- Afortundamente para mí. –me dijo, y sin dejar de mirar hacia abajo, esbozó una sonrisa picarona. Me extrañó por demás el chiste. Hasta entonces creía reconocer muy fácilmente a las personas graciosas de las no graciosas. Pero aquella mujer desequilibró mi capacidad de hacerlo. Me tomó completamente por sorpresa, y mientras yo acariciaba mi encendedor que no iba a retirar de mi bolsillo, la aplaudí en mis adentros. La doctora se paró y se dirigió a la puerta por la que había entrado.&lt;br /&gt;- ¿Eso es todo?&lt;br /&gt;- Sí. –me respondió- Ah, una última cosa, ¿disponibilidad full time?&lt;br /&gt;- No.&lt;br /&gt;- Muy bien. Aguarde aquí, por favor, que enseguida lo atenderá mi colega.&lt;br /&gt;Siguió esto último que dijo con una seña de despedida y salió de la habitación dejándome solo nuevamente. Así que me dediqué a observar mi alrededor nuevamente. Pensé que era una estupidez, la habitación no era tan grande y ya la había observado por completo, no había nada nuevo por descubrir, y supuse que el episodio de hace un rato no se iría a repetir. Cuántas añoranzas o melancolías más podían aparecer. Y mirando descubrí que la doctora de caderas anchas había dejado mi historial sobre el escritorio. Dudé de si tomarlo o no, en cualquier momento podría entrar su colega y no quería encontrarme en una situación bochornosa como la de tener que sonrojarme o dar explicaciones. Pero de cualquier manera me animé y empecé a hojearlo. No decía mucho, más que nada estaba lleno de garabatos y gráficos desprolijos e indescifrables que no llegué a comprender. Entonces traté de filtrarlos y dedicarme solamente a las palabras. Sin quererlo, y creo que sin darme cuenta, comencé a leer en voz alta.&lt;br /&gt;- “El paciente padece de un típico caso de desasosación severa. Esto es entendible considerando la edad, el sexo y el color de ojos del paciente, pero a pesar de cumplir al pie de la letra con los síntomas específicos de dicha condición, el paciente presenta en su neurósis una anomalía hasta ahora incorregible que se basa en al presunción de que la realidad no es más que la suma de variadas y contrarias percepciones. El paciente insiste, análisis tras análisis, en demostrarse ajeno a sí mismo y a todo lo que lo rodea…”&lt;br /&gt;Entonces dejé de leer porque comencé a sentir un cosquilleo en mis rodillas y no me alcanzaba con una mano sola para rascarme. Tuve que usar una mano para cada rodilla y así lograr que el cosquilleo desapareciera, pero sólo desaparecía mientras me rascaba. Después de unos segundos de constante masajeo, el cosquilleo se fue traslando hacia mis pies. Sentí las pantorillas y los gemelos estallarme en cosquillas hasta que todo sentir se trasladó a la base de mis pies. Era realmente insoportable. Tanto que tuve que casi arrancarme las zapatillas para rascarme los pies. Pero no llegué a tiempo, y después de sacarme las medias, pude ver cómo ambos pies se cerraban en puños tensos. Mis pies eran entonces como dos muñones. Quise pararme, pero no pude. Por más que me agarrara del escritorio e intentara lograr el equilibrio perfecto, siempre terminaba sentado en la silla con dos puños en lugar de pies. Así que empecé a sacudir estos puños que se habían equivocado de extremidades y los golpié una y otra vez contra el suelo. El cosquilleo había desaparecido, sí, pero ahora el dolor era insoportable. Quería tomar una sierra y cortarme a la altura de los tobillos. Pero no hizo falta. Seguido al último golpe que logré dar contra el piso, los dos puños que antes habían sido mis pies se desprendieron de mi cuerpo con la misma facilidad y simpleza de quitarse una lagaña. Enseguida, quizás por obra de la inercia, esos pies-puños que ya me eran ajenos comenzaron a rebotar en el suelo cada vez más fuertemente y logrando cada vez una altura más alta en sus rebotes, y continuaron rebotando por toda la habitación. Contra el techo, de una pared a la otra, encima del escritorio, entre las estanterías. Así estuvieron unos minutos, y yo los observaba asombrado ir de un lado al otro. Me sentía como un niño que asombrado observa fuegos artificiales estallar en el cielo. Hasta que los dos pies-puños chocaron en el aire y se deshicieron en polvo, en nada. “Qué increíble” pensé, entonce me miré el cuerpo para ver qué seguiría. No quería perderme de nada, así que me desnudé por completo y arrojé mis ropas al otro extremo de la habitación. Ya no me importaba si entraba alguien o si el techo se me caía encima, estaba tan entusiasmado con lo que acababa de pasar que ya nada más me interesaba, sino este desarmarme en partes.&lt;br /&gt;Entonces el pelo. Sentí que cada uno de los pelos de mi cabeza, y del resto de mi cuerpo se erguían como si la habitación fuera un campo de concentración gigante de pura estática. Busqué mi reflejo en la ventana que tenía a mi lado para observarme, pero entraba mucha luz y el vidrio era completamente transparente, asi que no pude más que imaginarme y tocarme los pelos de la cabeza con las manos que aún conservaba. Fue entonces, con el contacto, que los pelos se desprendieron de mí cabeza por completo. Cayeron sobre mis hombros, sobre mi pecho, sobre mis piernas, y yo empecé a sacudírmelos de encima. Así, cada vez que me tocaba las piernas, los pelos adheridos a estas, también se desprendían. Y me di cuenta de que debería tocarme por completo, desprenderme de estos pelos erguidos que no sé por qué ya ni me interesaban cargar. Las piernas enteras, los brazos, la cara, el culo, las axilas, todo mi cuerpo se iba transformado de a poco en una masa lampiña y suave convirtiéndome en una bebé recién nacido de un metro ochenta. Y sonreí, claro que sonreí. Qué juego más hermoso había descubierto. No quería que nada ni nadie me interrumpiera ese momento. Quería ser el único testigo, la  única víctima de esto que me estaba pasando, y hasta me sentía enfadado con la habitación por la suerte que tenía de cargar con este evento dentro suyo, pero caí en la cuenta de que el desarme era mío, sólo mío y la habitación hacía de vasija para lo que estaba ocurriendo. Tambien que, en realidad, la necesitaba. Corrí el escritorio con las manos, lo empujé lo más fuerte que pude, y si no fuera porque ya no tenía pies, me hubiera parado de esa silla y la hubiera arrojado junto con el escritorio. &lt;br /&gt;- Las manos. –dije en voz alta- en cualquier momento pierdo las manos. ¡Qué maravilloso debe ser perder las manos!&lt;br /&gt;Y de tanta alegría y excitación, comencé a tener un cosquilleo en la parte de mi cuerpo que siempre va de la mano con la misma y única excitación. Entonces noté como mi pene empezaba a crecer, a erectarse. De a poco y muy delicadamente, se despertaba imponiéndose. Y creció como nunca lo había visto crecer. Adquirió dimensiones tan grandes que rozaba lo desagradable y lo mitológico. Entonces me encontré preso, no sólo de mi propia excitación sino de un desequilibrio terrible. Cuanto más crecía, más me pesaba, y de a poco iba inclinándome hacia delante. Me tomé fuertemente de la silla e hice contrapeso para el otro lado, pero era inevitable, su peso me iba venciendo cada vez más hasta que de pronto mi pene simplmente se desprendió de mí. No sentí dolor alguno, ni siquiera me sentí extraño. Lo vi apartarse, caer al piso y rodar hacia la puerta lentamente, muy lentamente. Y a medida que rodaba, se iba achicando, iba retornando a su tamaño original. Cada vez más chico, y más chico, y más chico. Tan pequeño que me extrañé, porque en realidad, tan pequeño no era. Pero claro, no estaba retornando a su estado original, estaba desapareciendo. Y antes de llegar a la puerta, había desaparecido por completo. No sé qué habrá pasado con mis testículos, porque cuando los busqué con mis manos ya no estaban, ni quedaba un vestigio de que alguna vez los había tenido. &lt;br /&gt;Lo extraño es que entre tanta deshumanización, lo que más me sentía yo era humano. Contadas veces me había sentido tan vivo, tan perfecto. Hasta entonces, sólo el odio y el amor me habían afectado de semejante manera. El quemar de la carne, el despreocuparse por cosas tan importantes y apegadas como los brazos o el sabor en los labios. Me percaté de que en este desprenderme, en este deshacerme, estaba yo mismo, yo puro. Y sentía más apego por la silla en la que estaba sentado que por los pies que ya había perdido. ¿Qué podía importarme lo que seguiría perdiendo? ¿las piernas? Las piernas explotaron en miles de pedazos microscópicos. Seguido al cosquilleo de siempre, las vi desaparecer en una explosión en cadena que se extendió desde mis tobillos hasta mi cintura. Y entre tanto movimiento y explosión, terminé acostado en el piso. Reducido a un torso, dos brazos y una cabeza completamente calva. Por pura diversión comencé a arrastrarme a lo largo de la habitación. Mis brazos nunca habían sido tan fuertes, y el piso por el que me arrastraba, de seguro jamás se había sentido tan suave. Me sentía Gregorio Samsa y reía a carcajadas al pensar esto. Quizás la alegría me había enmudecido los sentidos, las sensaciones. Pero este arrastrarme desesperadamente por el piso no me generaba dolor alguno. Recorría la habitación entera arrastrándome, trepando las paredes, ¡llegaba hasta el techo!. ¡Y todo a una velocidad increíble! Iba tan rápidamente que sentía cómo mi torso se iba desgastando contra el piso, perdiendo capas de piel tras capa de piel, luego de huesos, y en el final, hasta de órganos. Ya sólo veía lo que tenía frente a mí y mis brazos dando extensas y veloces brazadas a lo largo de la habitación. Me sentía cabeza andante y nada más. Y cada vez quería ir más rápido, más fuerte. La excitación no sólo era terrible sino también incontrolable. Así deambulé, por no decír que corrí, durante un largo rato por la habitación, esquivando las patas del escritorio, los cuadros en la pared, el borde la ventana, rebotando contra el cuerpo del sillon. Y supongo que fue suficiente tiempo para terminar de degastarme casi por completo, porque de pronto sentí que salía volando hacia delante y hacia arriba, y que giraba como dando vueltas carnero en el aire. Cuando caí, me dí cuenta de que no era yo el que había salido volando, sino mis mismos ojos que ahora rodaban a la par por el suelo. Cuando frenaron puede ver una masa de piel uniforme. Supuse que eran los restos de mis brazos gastados y de mi cabeza ya completamente innecesaria. No le dí mucha importancia a esto porque enseguida se esfumaron y no dejaron rastro. Ese ya no era yo, ahora yo era estos dos ojos. ¿Lo era? ¿yo siquiera era? Ví la habitación en la que me había desarmado por completo, y por más que la reconocíera, me sentía completamente ajeno. Aquel desprendimiento de añoranzas y melancolías, aquella doctora de caderas anchas, sus preguntas, mis palabras escritas. Todo parecía ajeno. De seguro antiguo. Y yo ya no quería darle mucha importancia. Ya no quería ni mirar. Diría que luego los ojos se me cerraron, porque de pronto todo se puso negro, pero lo cierto es que ya no tenía ni párpados, así que no sé exáctamente qué debió haber sucedido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-6535693690577321234?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/6535693690577321234/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=6535693690577321234' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6535693690577321234'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6535693690577321234'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/06/la-habitacion-para-el-desarme.html' title='La habitación para el desarme'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-3348086063749952681</id><published>2010-06-24T14:20:00.001-03:00</published><updated>2010-06-24T14:20:26.570-03:00</updated><title type='text'>Algo y nada sobre llorar en palabras</title><content type='html'>¿Cómo llorar en palabras? Existe la simpleza y la comodidad de recurrir al sentir ajeno y a la anécdota colectiva. Así lo hizo William cuando, refiriéndose al rey Lear, dijo simplemente “él muere”. Pero William sabía mover la pelota. Yo, claro está, aún no. Entonces grito fútbol. ¿Fútbol? ¿acaso alguien dijo fútbol? Copa del mundo, copa rota, copa del olvido, y yo siempre preferí al tango antes que al fútbol. Toda cuestión rioplatense se resume en un triángulo formado por un bandoneón, un mate amargo y una pelota de treinta y seis gajos. Al menos si hablamos de cuestiones tradicionales y románticas. Pero ¿cómo llorar en palabras? me vuelvo a preguntar. Más allá de William y del fútbol. Yo quiero decir que alguien llora y no encuentro las palabras. También me cansé de las metáforas. Llora como si cada lágrima fuera una astilla difícil de sacar. O de las explicaciones. Y llorar es encarecer adversidades. Entonces tango. Y Julio ya lo dijo. Julio dijo que fui una letra de tango para tu indiferente melodía. Y el pronombre posesivo “tu” se carga de una tilde que lo convierte en un “vos” neutro y amoroso. Y yo me canso de pensarme amoroso, romántico. Y de nuevo al tango y al fútbol y a la desidia campechánamente rioplatense que tiene siglos y kilometros de diferencia con William y el rey Lear. Así caigo en el llorar en palabras. Porque palabras es lo único que tengo. Que ya no funcionan de herramientas, ni de armas de ataque y defensa. Las palabras son resguardo, caparazón para esta tortuga en la que me convertí, piloto de mierda para la lluvia que me cuesta disfrutar. La lluvia y el llanto, las palabras y y el resguardo. Sabeme entender si perdí el hilo de la conversación. Ojalá esto fuera un monólogo así yo podría taparte la boca, llenártela de espinas para que no me digas una sola palabra. Pero este grotesco diálogo a la distancia me deshace en especulaciones y mal pensadas suposiciones de si decís lo que decís, si oigo lo que oigo o si siquiera escuchás estas palabras, lo que digo. Entonces diálogo, tango, llanto y palabras. Más blanco imposible porque el negro cuesta caro y estoy quebrado, sin un duro, treméndamente malgastado. De cualquier manera, mi mano derecha me pregunta qué tiene que ver todo esto con vos, y yo no sé qué decirle. La cierro en un puño y golpeó fuerte la mesa. Que no joda, que se calle. Si esto no tiene que ver con vos no sé con quién más tiene que ver. Por algo lloro y me pica llorar en palabras.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-3348086063749952681?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/3348086063749952681/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=3348086063749952681' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/3348086063749952681'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/3348086063749952681'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/06/algo-y-nada-sobre-llorar-en-palabras.html' title='Algo y nada sobre llorar en palabras'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-8789321516059319989</id><published>2010-06-12T20:55:00.001-03:00</published><updated>2010-06-12T20:55:37.366-03:00</updated><title type='text'>Esta no es una carta de despedida.</title><content type='html'>Esta no es una carta de despedida.&lt;br /&gt;Punto y aparte. ¿Cómo es que andan las comisuras de tus labios? ¿Cuándo fue la última vez que te diste un beso en la frente? ¿Aprendiste de una vez por todas a jugar a la distancia? ¿Sabés que tengo miedo de escribirte esta carta? ¿Qué fue de aquel enero embalsamado? ¿Tenés calor, tenés frío? ¿Necesitás que te preste dos o tres demonios?&lt;br /&gt;Nunca supe que fuiste la mujer más completa que conocí. Hoy lo digo y todavía no lo sé. Pienso en la cantidad de veces que te crei más que mujer, más que completa. No te diste cuenta y yo tampoco, porque sino hubieramos sabido aprovecharnos, pero tuviste cinco o diez minutos, como mucho, antes de convertirte en estatua. Estatua de mármol con ribetes de oro y de plata, erguida sobre un estandarte estilo romano. Petrificada, bellísima, perfecta. Dos metros y medio de diosa, la mirada hacia el horizonte y los pechos más perfectos que se pudieran haber diseñado.&lt;br /&gt;Punto y aparte. ¿Sabías que en todos mis despertares te rindo tributo? ¿Conocés los tres versos del rezo que escribí para vos? ¿Tenés la fuerza suficiente para tumbarte de estatua a carne suave, vulnerable y bronceada?&lt;br /&gt;Es verdad que la culpa es mía. Pero qué culpa tengo yo de que tus defectos sean meritorios del primer premio en un certamen de cualidades. Ese malparido pasado me sigue de bolsillo en bolsillo, lo veo en el fondo de las tazas de café y en el principio de cada colilla de cigarrillo. Se disfraza de piano, de birome, de preservativo, de bufanda. No, yo no quiero tener la culpa. Exijo un recuperatorio ante la mesa más extensa de facultativos pedantes. Me aburren terriblemente los parciales domiciliarios, el tiempo libre, los libros abiertos, el machete a mano.&lt;br /&gt;Punto y aparte. ¿Te dije que tengo miedo? ¿Vos también tenés miedo? ¿Acaso tenés sueño? ¿Te aburriste? ¿Aprendiste de una vez por todas a no tomarme tan en serio? ¿Acaso dejaste de ser? ¿Te cortaste el pelo? ¿Se te rompió una uña? ¿Ahora se te da por escuchar boleros?&lt;br /&gt;Dudo ciertamente de que nunca llegue a enfermar de sobrepeso. Gravedad cero mis polainas. Todo lo que veo tiene nombre de mujer y sangre hirviendo. Vos quemás mucho y yo ya ni siento lo que quiero. Me volvi enemigo de los perros, de las vueltas a la manzana, de mirar para arriba cuando subo las escaleras.&lt;br /&gt;Punto y aparte. ¿Acaso desapareciste? ¿Saltaste al pozo que te lleva al otro lado de la Tierra? ¿Sabés que esta no es no una carta de despedida? ¿Lo sabés, no es cierto?&lt;br /&gt;Yo también sentí la ausencia de lo dulce. Me permiti darme algunos lujos amargos y juzgué a algunos ácidos. Pero el mundo no me ayudó nada, en nada, para nada. Así me sentí adioses, perdones. A través de las noches más horrendas, pisando el cesped en los lugares que estaba prohibido, en las alacenas, en los estanques, atravesando laberintos de canaletas y sensaciones que no valen la pena sentir una vez que ya está todo arrugado. Dos o tres billetes me ayudaron a comprarme lo que perdí después de la inundación. Por eso es que también sobrevivo, porque no me quedé completamente vacío, porque todavía algo me ata a mí mismo y a lo que tengo, por supuesto a lo que sufro, a lo que transmuta alrededor mío y nunca en mi adentros. &lt;br /&gt;Punto y aparte ¿Y vos por dónde andás? ¿Qué nueva obsesión encontraste ahora? ¿Seguís chupándole el jugo a la vida? ¿Se te siguen escpando los colectivos, los subtes? ¿Perdés el tiempo? ¿Comprendiste del todo a los estructuralistas? ¿Seguís usando espejos para no verte a vos misma?&lt;br /&gt;Yo veo en los demás las caras que no me salen poner, los veo correr como yo nunca voy a correr y decir las estupidéces que siempre quise decir. Maldigo al que me habla de mujeres o de amores, o de sexos intrincados. Ya no sé cómo responder. Por tu culpa hoy sufro la peor de las maldiciones, la peor de las perezas, sufro entero aquel acto mecánico del sexo que antes adoraba y hoy me aburre por completo. Este es el de desvestir a mis compañeras. Ayer viví la presencia de una y le exigí que anduviese desnuda, que me ahorrase ese primer paso, pero no me hizo caso, por supuesto que no me hizo caso. Ella tiene otros amantes que prefieren desnudarla. Malditos sean ellos, sus amantes, los adictos al voyeur y a la dicotomía entre lo erótico y lo porno. Yo así ya no quiero jugar. Después de vos no dejé de buscar el camino más rápido hacia la mujer por siempre desnuda y persistentemente alterada. Entonces descubro lo que realmente necesito, dar un buen vuelo. Partir de tus nalgas hasta la cima de tus pezones, dar la vuelta a vos en ochenta piruetas, en ochenta mundos.&lt;br /&gt;Punto y aparte. ¿Sabés que tengo sueño por verte alejada? ¿Qué árboles crecen en tu vereda? ¿A cuánto venden los puchos cerca de tu casa? ¿Tenés idea de qué te estoy hablando? ¿Me escribís una respuesta a esta carta?&lt;br /&gt;Que no te quepa duda alguna, esta no es una carta de despedida. A lo sumo, como mucho, es una carta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-8789321516059319989?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/8789321516059319989/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=8789321516059319989' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/8789321516059319989'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/8789321516059319989'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/06/esta-no-es-una-carta-de-despedida.html' title='Esta no es una carta de despedida.'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-9070351077171870316</id><published>2010-06-07T18:03:00.001-03:00</published><updated>2010-06-07T18:03:16.960-03:00</updated><title type='text'>Ande el camino</title><content type='html'>Corra corra, muchacha. Despiertese y corra antes de el alba se apresure a tocarle el culo y decirle cosas chanchas al oído, antes de que le prometa un trabajo full time, un hospedaje all inclusive y un teléfono celular que guarda adentro suyo el número para charlar con el cielo. No desespere si el camino se bifurca, no tema el andar del que anda a la deriva. Los caminos son iguales, los caminantes no siempre son el mismo. Así que corra, muchacha. No se preocupe por peinarse o lavarse las manos antes de salir, los perfumes de laboratorio son innecesarios, olvídese de las peinetas, de las chancletas, de los rubores fabricados. No tema a uno sólo de esos hombres que le ofrezcan pasaje gratis cuando usted pueda leer en sus caras que lo único que desean es tomarla. Tómelos usted a ellos y déjelos hinchados y cansados a un costado del camino. Y no se enamore nunca de los pies de ninguno, la seguridad siempre es pasajera. Si hace falta, enamórese de sus manos, de sus alas, de sus heridas no cicatrizadas. Y aunque los concejales y sus ayudantes digan lo contrario, robe tranquila cuantas flores desee de los campos, sepa aprovechar el agua de lluvia y descubra que las monedas y los billetes no cuentan, no suman, no restan. Y si pasa por mi lado, detenganse un rato, escuche mis tonadas, aunque sea sólo una. No le prometo revelaciones, ni enseñanzas, quizás tan sólo un par de consejos, un buen rincón de sombra bajo un árbol, y si lo necesita, destrozaré por usted, uno por uno, todos sus espejos. Pero no se me acostumbre mucho, que usted debe seguir caminando y al resto yo les debo mis tonadas seguir cantando. No, no se preocupe mucho, siga de a poco que el camino nunca se termina. Nadie nunca llegó al final del camino. Hay quienes dicen haberlo hecho, en automóviles veloces, en helicópteros del gobierno, en ascensores horizontales, en máquinas estúpidas, gasoleras, sencillamente muertas. Sí, hay quienes gritan que más de un viaje de ida y vuelta han hecho. Mentira. Mentira cierta, mentira estúpida, pasajera. Así que a no desanimar si el camino se hace eterno, este es el sentido mismo del camino, no terminar nunca, olvidarse del comienzo, no parar de andar, aunque duela, aunque cueste, aunque parezca repetido y simple. Corra hacia el camino, muchacha. Yo no tuve el coraje, así que escribo canciones y cambio amuletos de la suerte por dinero. Incito a los ajenos, persisto al costado del camino, avisando y amenanzando con que quedarse sin camino es peor que vagar ciego de rumbo, mucho peor, quedarse sin camino es como andar hacia un camino concreto, con fin, inservible. Corra, muchacha, corra que el camino, si sabe usted andarlo, es eterno. Y cuando le duela el corazón, cuando se aburra de los mismos árboles, de los mismo ríos, cuando tosa pena tras pena, cambie el camino, pegue un giro de noventa grados, o de cuarenta y cinco, y si lo cree necesario, por qué no, también de ciento ochenta. Siempre y cuando sepa esquivar a los jueces, a las amas de casa, a los vendedores de guías telefónicas, no tendrá problemas. Corra, muchacha, corra. Salte si así lo desea, vuele si es que puede, rompa vallas y barreras. Pero, por lo que más quiera, corra muchacha, ande el camino, el que más le guste, el que quiera.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-9070351077171870316?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/9070351077171870316/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=9070351077171870316' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/9070351077171870316'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/9070351077171870316'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/06/ande-el-camino.html' title='Ande el camino'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-6980760071078595117</id><published>2010-06-07T11:51:00.005-03:00</published><updated>2010-06-07T11:51:39.629-03:00</updated><title type='text'>La mujer despechada y yo</title><content type='html'>Hay una mujer despechada que me hace creer que no existe, que no juega el mismo juego que yo y que dice cuando no dice. Yo sabía perfectamente cómo no enamorarme de ella, y a la vez supe que me enamoró porque quiso y porque pudo. No dejó lugar alguno para las pretensiones o para los caprichos adolescentes. Nunca me pidió que le diera un beso y yo jamás me atreví a dárselo, mucho menos a tomarla de la mano. Entonces nos embobamos creyendo que todo lo que fluía entre los dos era etéreo, y también eterno. Pero ya no me detengo en el para qué, porque el qué de la situación nos sobrepasó a los dos dejándonos completamente aislados y con olor a muerte joven, que es todo lo contrario al olor que deja la muerte promiscua. Sabemos los dos que podemos sobrevivir a la falta del otro, que jugar por jugar suena tan idiota como nunca volver a vernos. Así, y solamente así, existimos en el mismo plano. De qué pueden valer todas estas llamaradas escupidas desde las entrañas, o todos estos amores que no superaron el beso húmedo en el cachete y la sonrisa pornográfica. A mí me carcome el deseo de pegarle una cachetada y retrasar el reloj el tiempo suficiente para reanudar. Sé muy bien que ella ni piensa en relojes y me tira del pelo todos los días. Por eso mismo quiero inventar, renacer, mentir dos o tres veces más para llenar de pegamento sus codos y adherirlos a mi espalda, para cortarle los talones y chupar todo el veneno de su sangre. No, no quiero perderla noche tras noche, punto tras punto. Si me fuera posible le dedicaría todas las palabras que existen y le compraría un pedazo de mar para que pudiera invitarme a bañarnos juntos en sal mojada, en mareas altas. La porquería es que la vida es otra, la vida, por más que intentemos negarlo, se basa en timbres, deudores morosos, teléfonos inalámbricos y edulcorantes y tranvías mal estacionados. El jugo que busco es el deseo, ella misma me lo dijo y empezó a deshacerse en agua, en pura agua. Pero lo hizo tan tarde que la culpa era toda mía. Y fue recién entonces que la comencé a saber despechada, impúdicamente incómoda o quizás incómodamente impúdica, en fin, cambiante, nada sonora. Ahora creo que puedo despertarme y darme el lujo de recordarla sin querer cortarme las venas y vaciarme de polvo, de desazón. No la encuentro en el desayuno ni en las esquinas, no la pienso. Es mucho peor. Ahora, por primera vez en todo este tiempo, la siento. Porque se aleja y la tengo tan cerca la siento, porque me pide que no la olvide y me reta por haber sido tan estúpido, tan corto de vista, tan maldítamente pasajero. Por todo esto y más, que no quepa duda, es que la siento. Entonces me siento despechado, aburrido, cansadísimo, y sin términos medios completa y desquiciadamente enamorado. Es mi consecuencia porque ella es una mujer triste y alada, porque yo creo que lo oportuno es siempre desechable, porque me baño solo y me duermo aún más solo. Es mi consecuencia ella, esta mujer despechada. Sí, como dije al principio, hay una mujer y es despechada. No tiene el coraje de apagarme el velador y yo nunca tuve el coraje de invitarla.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-6980760071078595117?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/6980760071078595117/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=6980760071078595117' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6980760071078595117'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6980760071078595117'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/06/la-mujer-despechada-y-yo.html' title='La mujer despechada y yo'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-7214604592519992468</id><published>2010-06-07T11:51:00.003-03:00</published><updated>2010-06-07T11:51:20.962-03:00</updated><title type='text'>Ensueños</title><content type='html'>Me desperté acostado en la cama. Aún vestido, con los pies sobre la almohada, una mano agarrándome del cuello y la otra pendulando sobre un libro abierto que en algún momento de mi ensueño terminó tirado en el piso. Me sequé el hilo de baba que caía de mi boca, y antes de desperezarme me dí cuenta de que todavía no estaba despierto del todo. Definitivamente era uno de esos momentos, así que quise aprovecharlo. Por eso te llamé. Quería un testigo para todo esto y que me filmaras con tu cámara para después poder observarme. Sí, juez y parte, divina combinación. Entonces te contaba lo que iba soñando. Estaba en algún bar lleno de mesas de pool, sentado a un costado sobre un taburete apoyado contra la pared, y mi ex novia se acercaba a mí y me daba un beso en el cuello, justo debajo de la oreja, después me miraba, sonreía infantil y me abrazaba. Supongo que pasaron más cosas, pero sólo ese recuerdo me quedó del sueño. Enseguida, entre acomodarme en la cama y rascarme el hombro izquierdo, me trasladé a otro lado, a otro ensueño. Y me encontré abriendo la puerta del departamento de mi hermano. Cuando entré, estaba inyectándose. Lo ví sentado sobre el sillón, y aunque no me vió y probablemente tampoco me oyó, se percató de que había llegado, porque levantó la mano bien alta sobre su cabeza y cerró el puño firme. Noté un cuaderno rojo sobre la mesa y le pregunté “¿Volviste a escribir?”. No me respondió. Se dio el toque y enseguida cayó sobre el sillón y quedó boca arriba con los ojos abiertos y la boca bien cerrada. Ya se había ido, pensé que iría a estar así media hora hasta que pudiera emitir sonido alguno o siquiera cerrar los ojos. Después entreabrí los ojos y te ví filmándome. No decías nada, ni siquiera me mirabas a mí, me veías a través de la cámara. Estiré la mano dormida y sentí que tocaba algo, quizás el libro abierto, quizás el piso. No pasó mucho y los ojos se me volvieron a cerrar, y enseguida empecé a hablar, a pensar en voz alta, y me esuché preguntarte lo siguiente: ¿Por qué gastar tanta casa, tanta vida, tantas llamas? Entonces me desperté, me desperté del todo y te dije que listo, que ya estaba, que apagues la cámara.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-7214604592519992468?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/7214604592519992468/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=7214604592519992468' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/7214604592519992468'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/7214604592519992468'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/06/ensuenos.html' title='Ensueños'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-641060333520097829</id><published>2010-06-07T11:51:00.001-03:00</published><updated>2010-06-07T11:51:02.828-03:00</updated><title type='text'>Debajo de la mesa</title><content type='html'>Nunca aprendí a esconderme debajo de la mesa. Siempre dejaba un pie asomándose por un costado o un codo que sobresalía generando un bulto a través del mantel. Asumiera la posición que asumiera, siempre lo mismo. No lograba esconderme eficázmente debajo de la mesa. Por más que la mesa fuera grande y yo insistiera en la posición fetal más cerrada, algo siempre me delataba. Y así, le hacía la tarea muy fácil a mi perseguidor. ¡Piedra libre para Bruno abajo de la mesa! Para colmo, cuando me arrastraba frustado fuera de mi escondite, solía golpearme la cabeza con el borde de la mesa, o me tropezaba con una de las patas. Entonces seguido de mi golpe, se escuchaban pequeñas y lejanas risas de aquellos que sí sabían esconderse y gozaban de no saberse encontrados. Y mientras ellos seguían escondidos y mi perseguidor buscándolos, yo aguardaba mi turno. Me acomodaba por algún rincón esperando y reflexionaba sobre la habitación descubriendo esos lugares que debería haber elegido envés de la mesa para esconderme. Todos se me presentaban como más prácticos, más recónditos, más útiles. Pero no podía evitar retornar a la mesa. Mientras el juego seguía, yo miraba la mesa desde todos los ángulos posibles. Desde el punto de vista de un físico, seguro habría mil formas de que esa mesa abrigara mi desaparición. Pero yo no lograba darme cuenta. Siempre era lo mismo. Apenas mi perseguidor gritaba ¡uno! yo corría a la mesa más cercana y pretendía que me refugiaba cerrando bien fuerte los ojos y apretando aún más fuertemente mis brazos cruzados contra mi pecho. Pretendía, claro. Porque la verdad es que nunca aprendí a esconderme debajo de la mesa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-641060333520097829?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/641060333520097829/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=641060333520097829' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/641060333520097829'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/641060333520097829'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/06/debajo-de-la-mesa.html' title='Debajo de la mesa'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-232049913712680331</id><published>2010-05-05T02:40:00.002-03:00</published><updated>2010-05-05T02:40:46.206-03:00</updated><title type='text'>El martillo de Occam</title><content type='html'>Aún no eran las seis de la mañana cuando Mario estaba sentado en su cocina mientras desayunaba un café negro y una porción que había sobrado del pastel de manzana que su mujer había horneado la tarde del día anterior. Sobre la mesada, junto al horno y justo debajo de la ventana que daba a la parte trasera de la cabaña, estaba posada su caja de herramientas, y Mario no lograba desprender sus ojos de ella mientras jugaba con un reloj de bolsillo que bailaba entre sus dedos. El reloj no era suyo, pero Mario sabía exáctamente a quién pertenecía. Entre otras cosas, sabía también que su compañero jamás llevaba consigo al taller su reloj, y que de haberlo hecho, una casualidad casi mágica tendría que haber intervenido para que el reloj cayera en alguno de los bolsillos de Mario o en su caja de herramientas, y mismo, que desde allí, más tarde llegara a encontrarse debajo de su propia cama, justo del lado donde dormía su mujer. Fue así que entre el último bocado de pastel y los dos últimos sorbos de café, Mario había comprendido. Entonces se paró, se dirigió hasta su caja de herramientas, la abrió, sacó el martillo y luego volvió a cerrarla. Todavía no eran las seis cuando salió por la puerta de atrás de su cabaña cargando la caja de herramientas en una mano y el martillo en la otra.&lt;br /&gt;José estaba esperando a su compañero, como todas las mañanas, en la encrucijada entre el camino que llevaba al pueblo y el otro camino que daba al norte y terminaba en el monte. Todavía no amanecía, pero no faltaría mucho. Mario estaba llegando tarde, pero José estaba acostumbrado a la espera, y lo cierto es que todas las mañanas, mientras esperaba, disfrutaba de esos minutos de soledad en el campo rodeado de silencio y con el alba amenazando a aparecerse en cualquier instante por el horizonte. Y a pesar de conocer perfectamente todo lo que lo rodeaba, José no se cansaba de, cada día, observar y deleitarse con ese ambiente tan repetido. Aquella mañana, mientras esperaba a su compañero, se detuvo a observar un nido de gorriones en lo alto de un sauce y, con su corta vista, trató de contar cuántos había cuando, completamente inmerso en su tarea, escuchó que alguien se acercaba silbando una canción. Miró hacia el monte y lo vió a Mario acercándose. Cuando se encontraron, José notó que Mario cargaba su martillo en una mano.&lt;br /&gt; - ¿Qué hacés con el martillo en la mano? –le preguntó sonriendo.&lt;br /&gt; Mario miró su caja de herramientas que cargaba en la mano izquierda, luego el martillo que cargaba en la derecha, y se tomó su tiempo para responderle a José.&lt;br /&gt;- Tengo la caja llena.&lt;br /&gt; - ¿Desde cuándo cargás tantas cosas en tu caja vos?&lt;br /&gt; - No sé, desde hoy. ¿Vamos?&lt;br /&gt; - Vamos.&lt;br /&gt; Y los dos amigos comenzaron a caminar en silencio hacia el pueblo. Casi al final del camino, como todos los días, los esperaría el taller del ferrocarríl y diez horas de arduo trabajo. Así había sido ayer, antes de ayer, la semana pasada, y todos los días a lo largo de los últimos siete años. Eran incontables los pasos que estos dos habían dejado sobre aquel camino de tierra en todo este tiempo. Porque todos los días lo mismo, dos kilometros hasta el pueblo y medio kilometro más hasta el taller del ferrocarríl. Claro que aquel día, las cosas estaban un tanto distintas.&lt;br /&gt; - ¿Qué te pasa que andás tan callado? Estamos por llegar a lo de Grassiano y todavía no dijiste una palabra desde que nos encontramos.&lt;br /&gt; Mario no respondió. Esperó que su amigo terminara de hablar, presionó fuerte el martillo en su mano, y en un movimiento sencillo de tomar envión, apuntar y embestir, golpeó a su amigo en la rodilla derecha. José cayó al piso al perder el equilibrio, pero no si antes pegar un fuerte alarido, y una vez caído se agarró la pierna golpeada. Enseguida, Mario comenzó a darle un golpe tras otro con su martillo. Lo golpeó en las costillas quebrándole un par, en las caderas, en los muslos, y cuando quiso pegarle en el pecho terminó dislocándole el hombro a José que, intentando cubrirse, había terminado recibiendo un golpe aún más doloroso del planeado por su compañero.&lt;br /&gt; - ¡Pará, desquiciado! –atinó a decir entre sollozos y gemidos de dolor. Fue entonces cuando Mario se inclinó hacia él, lo tomó por el cuello de la camisa y lo acercó a su cara. José, ante la desesperación y el miedo, tuvo el reflejo de cerrar fuertemente los ojos y esperar otro golpe. Entonces, sacudiéndolo, Mario le gritó:&lt;br /&gt; - ¡Mirame a los ojos, basura! ¡Que me mires te digo! &lt;br /&gt;José lo miró a los ojos y comenzó a temblar. El dolor era insoportable, pero el miedo parecía afectarlo muchísimo más.&lt;br /&gt;- ¿Sabés por qué te hago esto? ¡¿Lo sabés?!&lt;br /&gt; - ¿Por Inés? –preguntó José gimiendo.&lt;br /&gt; - Sí, por Inés, canalla. Por Inés.&lt;br /&gt; Entonces Mario hizo girar su arma en su mano y acertó un golpe con la garra del martillo justo en la cien de José. El martillo se quedó clavado en su cabeza junto a sus ojos bien abiertos que aún chorreaban lágrimas. Mario extrajo de su bolsillo el reloj de José y lo tiró sobre su pecho. Lo miró por última vez y notó que un chorro de sangre empezaba a derramarse de la herida en su cabeza. Una sangre espesa y lenta, que a la luz del amanecer, parecía mucho más marrón que roja.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-232049913712680331?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/232049913712680331/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=232049913712680331' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/232049913712680331'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/232049913712680331'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/05/el-martillo-de-occam.html' title='El martillo de Occam'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-1875124161697024774</id><published>2010-04-27T00:52:00.002-03:00</published><updated>2010-04-27T00:52:36.912-03:00</updated><title type='text'>Lo que yo digo intuición</title><content type='html'>Casi todos podemos ver y oír, aunque da un poco de lástima que no todos podamos realmente mirar y escuchar. Muy pocos saben tocar. Y cualquier boludo puede sentir la sal en un guiso o el olor a mierda en un baño público. Pero es el sexto sentido el que más me importa, ese que la la ciencia médica aún no reconoce como existente, como concreto. Al que se lo llama intuición. En las ciencias cognitivas se llama así al conocimiento que no sigue un camino racional para su construcción y formulación. Un “diccionario de sentimientos” que alguna vez leí dice que “es cuando tu corazón da un salto en el futuro y vuelve inmediatamente”, para serles sincero, queridos lectores, no entendí muy bien a qué se refería, pero a tomar por culo si dicha oración no suena al menos romántica. Un diccionario Larrouse, acompañaría un poco a los amigos cognitivistas y diría que es una facultad de la mente en la cual se puede obtener una percepción clara e instantánea de una verdad, hecho o idea, sin la participación de la razón. Por último, una tal Tamara Carro en su “El Diccionario Del Voluntarioso” nos dice que la intuición es “el lastre que me ahoga en la sabiduria del poder adivinatorio de lo desastroso que se le avecina al vecino, pero incapaz de ser utilizado en mi propio beneficio.”, bueno, algo similar con la segunda definición que encontré, y sumado a esto la vida personal y los demonios internos de Tamara, no llegué a comprender mucho de qué hablaba. Pero otra vez ese elemento romántico, apartado de las definiciones concretas de las cuales tanto Tamara y  la OMS carecen.&lt;br /&gt;No cansado, pero sí aburrido, busqué una definición propia. Así que revolví un poco los cajones que cargo conmigo, las experiencias y el deseo, no tanto de entender, sino más bien de saber explicar. Y sí, mis queridos lectores, encontré una explicación completamente romántica. Difieran conmigo si así lo desean, esta es una de las maravillas de la literatura. Aparte de palabras en una hoja, nos separan kilometros de distancia y tiempo, no hay lugar para refutaciones, discusiones o falsos argumentos. Va a haber pasado tanto tiempo desde que yo escribí esto hasta que ustedes lo lean. Al menos eso intuyo. &lt;br /&gt;En fin, volviendo a mi romántica y (espero) concreta definición de la intuición, ojalá sepan disculpar mis profesores de semiología, recurro al ejemplo. Pensemos todos juntos, yo ayer y ustedes hoy, en una mujer, o en un hombre, lo mismo da para el caso, y pensemos en un segundo hombre o una segunda mujer. Pensemos que se conocen, se saben mejor que nadie y se saben leer, se saben cuándo el otro siente frío, cuando están aburridos y cuando mienten descaradamente. Se saben. ¿Se saben o se intuyen?. “Escritor mediocre” pensarán ustedes. Probablemente, intuyan sin miedo porque no saben. Yo les digo que se intuyen. Saben sus nombres, sus edades y hasta sus gustos musicales, pero se intuyen el frío, el aburrimiento y las mentiras. Se intuyen, mis queridos. Nadie que haya estado mucho tiempo al lado de una persona podrá negarme esto, nadie que haya querido más a la persona-intución que a la persona-sabiduria podrá refutarme lo que digo. Pensá, querida lectora, en ese chico de 16 años que decía ser valiente y tardó meses en atreverse a darte un beso, pero cómo intuías que quería hacerlo. Pensá en ese nene que se mostraba alegre y en el fondo escondía la pena de nacer argentino y no saber jugar al futbol, y en cómo intuías esa tristeza, esa frustación. Pensá, querido lector, en esa mujer que entra gratis en los bares, que se compra tragos sin pagarlos, que recibe chiflidos de albañiles por la calle todo el tiempo, esa mujer que vos sabés que no tiene idea sobre cómo tratar a un hombre, porque nunca conoció a uno de verdad. Ahí estabas vos, en ese bar, en esa silla, la mirabas bailar, tan divina y segura, porque se sabía segura y la sabían segura. Pero no era así ¿verdad?, vos la intuías, y la intuías miedosa, aburrida de los lugares de siempre, los tragos parecidos y los hombre que la alagan, uno igual al otro. Vos la intuías. Ella te miró una noche, te intuyó aburrido, cansado, pero látima que no te supo conciente, no te supo leer la intución, la intuición tuya, me refiero.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-1875124161697024774?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/1875124161697024774/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=1875124161697024774' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/1875124161697024774'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/1875124161697024774'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/04/lo-que-yo-digo-intuicion.html' title='Lo que yo digo intuición'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-7520996484026240055</id><published>2010-04-27T00:52:00.000-03:00</published><updated>2010-04-27T00:52:18.780-03:00</updated><title type='text'>Lo que yo digo terror</title><content type='html'>Hace no mucho tiempo, conocí a un guitarrista al que se le había acalambrado la mano izquierda en la posición de re menor. Pobre desgraciado, se le había dormido la mano en la pose de uno de los acordes más tristes que existe. Y no podía escapar de esa desgracia. Pobró sumergir su mano en agua caliente para ver si hablandaba un poco los tendones, pobró con sales minerales, pobró con cremas y geles para manos, pero nada. Hasta probó con la medicina, pero ningun traumatólogo pudo proveerle una solución interesante, operar decían, pero existía la posibilidad de perjudicar más la situación al punto de que los tendones se compriman y su mano izquierda quedara como un puño cerrado. Así que no, por supuesto que no, era preferible quedar aislado a un sólo acorde antes que a ninguno. Pobre desgraciado. Le resultaba imposible mover alguno de los dedos, ahí se habían dormido durante una canción, y ahí se habían quedado. Sabía que podía mover la mano a traves del diapasón, con esos dedos dormidos, y así, tocar otros acordes usando el mismo dibujo. Pero todos serían acordes menores. Aparte, el mi menor, por ejemplo, sólo suena bien cuando se lo toca más arriba en el diapasón, haciendo sonar la sexta cuerda al aire, tocando así el sonido más grave que una guitarra puede generar. Entonces, qué podía hacer este guitarrista maldito. Reducida su capacidad de tocar a un solo dibujo, se dedicó a componer canciones llenas de notas menores sin fugarse de las tres primeras cuerdas de la guitarra, a las que estaba atado. Solía arpegiar, solía cambiar también la afinación de la guitarra para lograr otros sonidos, pero siempre se encontraba en la misma situación, sonidos similares que variaban de tono, pero que no engañaban a nadie. &lt;br /&gt;Para los que no entienden de música, acordes menores y dibujos en el diapasón, les paso a explicar. Era algo así como decir “aah” de maneras distintas, se podría decir con sorpresa, con miedo, en forma de sarcasmo, en forma de afirmación y de varias maneras más, pero siempre sería “aah” lo que se escucharía. Y en el caso de este desgraciado guitarrista, siempre serían esas tres primeras cuerdas que al moverse, sólo podían generar una subida hacia acordes más agudos.&lt;br /&gt;Estaba maldito el pobre, y tardó en asimilarlo, pero lo hizo al final. Así que pensó en renunciar a la guitarra y dedicarse a la percusión, pero no pudo, capacidad rítmica no le faltaba, lo que sí le faltaba era afecto hacia los golpes y redobles. Ese afecto que le sobraba en cuanto a las cejillas y las séptimas mayores. Estaba maldito. Porque, encima, podía agarrar una lapicera, lavarse los dientes, comer y hasta atarse los cordones con esa mano atrofiada, pero no podía ni siquiera tocar la escala pentatónica en la guitarra. Así que, como todos los músicos frustrados, se sumergió en una solemne depresión. Evitaba el contacto con la música, con los músicos y sobre todo con las tonadas de acordes mayores. Llevaba esa mano siempre guardada en el bolsillo como la gente que esconde una deformidad, y hasta dejó de componer esas extrañas canciones que parecián una burla a la canción misma. Y la solemne depresión comenzó a transformarse en una derprimente depresión. Sus pares, preocupados, le sugerían que hiciera terapia, quizás algún recuerdo reprimido le generaba esto; que hiciera deporte, quizás la estimulación física del organismo promoviera una mejora en su mano; que se buscara otra profesión; mismo, quizás la solución estaba en el olvido.Y consideraba todas las opciones posibles, por más falsamente optimistas o estúpidas que fueran. Pero nada, estaba maldito. Aunque de eso ya no cabía alguna duda.&lt;br /&gt;Ambos ibamos a la misma escuela de música, por aquel entonces yo estaba aprendiendo a tocar el bajo. Y me acuerdo que fue al poco tiempo de conocerlo que esto le pasó. Y con el pasar de tiempo, dejé de encontrarmelo, ya ni iba a escuchar las clases o los ensayos. Era extraño, porque ni siquiera nos lo cruzbamos en la calle, fue como si hubiera desaparecido. Y lo cierto, es que de a poco lo fuímos olvidando.&lt;br /&gt;Esto fue hace unos tres años. Ayer me lo encontré en la parada del 133, antes de saludarlo y un segundo después de reconocerlo, noté que que llevaba una guitarra colgada de su espalda. Sonriendo le pregunté si había vuelto a tocar otra vez, y sonriendo me dijo que sí. Bajé la vista buscando su mano izquierda y vi que ahí seguía el calambre, en su perfecta forma de re menor, y mi cara debió de haber delatado mi desilusión, porque enseguida, también sonriendo, me dijo que no me preocupara. Y me contó que hacia dos años había conocido a una chica que tenía la mano atrofiada en fa mayor, un viejo con el mismo defecto pero que dibujaba un mi menor, un chico con los dedos que dibujaban un la menor, y otras tres personas con el mismo defecto, que esbozan un do mayor, un sol mayor y un si bemol quinta (muy extraño este último). No me había dado cuenta hasta que me lo hizo notar, pero entre los siete formaban pefectamente la escala de do mayor, y que eso les alcanzaba para entre los siete, tocar cualquier canción que se propusieran dentro de esa escala, que afortunadamente, es una de las más usadas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-7520996484026240055?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/7520996484026240055/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=7520996484026240055' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/7520996484026240055'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/7520996484026240055'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/04/lo-que-yo-digo-terror.html' title='Lo que yo digo terror'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-840850079590323182</id><published>2010-04-27T00:50:00.004-03:00</published><updated>2010-04-27T00:50:55.111-03:00</updated><title type='text'>Fragancia a recuerdo</title><content type='html'>Me tomó un tiempo, tan corto que es imposible de definir, notar que ese perfume que ahora siento no me chocaba como extraño. Sino todo lo contrario. Ya lo había sentido antes. Quizás tardé un poco más en recordar de dónde conocía ese perfume. De cualquier manera, decir que supe esto enseguida, no sería algo errado. Y como acto reflejo, miré para el costado, le miré la cara a la mujer que caragaba ese perfume, deseando como idiota, que esa cara fuera una cara que yo conocía. Y no, por supuesto que no. Cada mujer puede tener un aroma único y específico, pero los perfumes, éste en particular, lo use quién lo use, es siempre el mismo. La seguí mirando mientras hacía de cuenta que estaba mirando por la ventana y empecé a bajar la vista mientras recorría su cuerpo. Si hubiera empezado a mirarla por sus pechos, de igual manera me hubiera dado cuenta que esta mujer no era la que yo, mediante el inevitable acto reflejo, había buscado. Lo mismo hubiera pasado si le hubiera observado primero las manos. Pero con las piernas probablemente hubiera dudado, y así tardado un poco más. Decidí detenerme unos segundos a cerrar los ojos y oler, sólo eso. Ahora huelo fuerte y profundamente por última vez, y giro mi vista hacia un libro que cargo en mis manos. Leo dos o tres oraciones y descubro, claro, que no respiro por la boca, sino que lo hago por la nariz. Entonces caigo en que no voy a poder esquivar este perfume a lo largo del viaje, al menos hasta que uno de los dos se baje. Sin lograr la concentración que necesito para leer, y sin obviar el sentido del olfato que no puedo desactivar, me dispongo a dedicar mi viaje entero a ese perfume y a todo lo que surja de él. Pero sólo a lo que surja de él, lo que haya en este momento, bañado de ese perfume me daría igual que el colectivero o el pibe sentado enfrente mío. Así, la cara que yo conozco, la que ahora no tengo al lado mío, se apareció en mis pensamientos. Y surgió a partir del perfume, claro. Perfume que más que fragancia a lavanda, pareciá tener fragancia a recuerdo. Y de la misma manera, el recuerdo de la fragancia. Es por esto que cierro los ojos y aparezco sobre mi almohada cargada de ese mismo perfume. Toda la almohada mía está también, como esta mujer sentada a mi lado, bañada de ese mismo perfume. Me voy a dormir, me recuesto a leer y, ciertamente, ahí está el perfume. Entonces tardo en dormirme o en tomar el ritmo necesario para sumergirme en tal o cual relato. Todo a causa del perfume. Cosa que no me canso de repetir, por más que ya no haga falta aclararlo. Y ahora parto de mi almohada y llego a una remera de color gris. Ya lo creo que también de perfume, esta remera, estaba bañada. Es por tomarla entre mis manos, apoyarla contra mi cuerpo y disponerme a doblarla. Pero la remera queda quieta, completa e incómodamente desarmada, sobre mi cuerpo y abrazada entre mis manos. El por qué de la detención es claro, el perfume. Nuevamente y en otro lugar vengo a recordarlo, a encontrarlo y detenerme. Olerlo fue inevitable, y el surgimiento del recuerdo, lo mismo. Así parece que juego. A esto, a saltar de recuerdo en recuerdo por culpa de un perfume que, de por cierto, tiene un recuerdo primero. Es así que, recordando a cierta mujer, de quien cuya cara conozco, la convierto en un puente y viajo entre recuerdos al recuerdo primero. Entonces una perfumería, unas cuantas estanterías llenas de recipientes de variadas formas, precios y colores, y unos cuantos recipientes abiertos para los compradores curiosos o indecisos. Recuerdo tomar en aquel momento, un recipiente celeste de forma ovalada y rociar una mínima de su contenido sobre mi muñeca izquierda. Lo olí en aquel entonces, lo huelo aún ahora. vuelvo a mirar a la mujer sentada al lado mío. Aún idiota, la miro a la cara, buscando esa cara que conozco, y me doy cuenta de que la cara de esta mujer no tiene absolutamente nada que ver con mi propia cara.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-840850079590323182?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/840850079590323182/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=840850079590323182' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/840850079590323182'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/840850079590323182'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/04/fragancia-recuerdo.html' title='Fragancia a recuerdo'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-7282080340568774006</id><published>2010-04-27T00:50:00.002-03:00</published><updated>2010-04-27T00:50:32.918-03:00</updated><title type='text'>Sopa de letras</title><content type='html'>&lt;i&gt;A Bruno Vicino, que insertó la moneda y presionó el botón.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los cinco años de edad, Javier ya era un verdadero prodigio. Y digo verdadero prodigio porque Javier era distinto al resto de los prodigios. Estos últimos, de hecho, no suelen ser prodigios, sino más bien hijos de grandes y ambiciosos hinchas pelotas que les ponen un piano a un nene de tres años adelante y no se lo sacan hasta que cumple dieciocho, o que mandan a su hija a aprender gimnasia artística antes de que sepa hablar, y casos por el estilo. No, estos son casos de mera práctica y costumbre. Un mono también puede aprender a tocar el piano. Por eso, el caso de Javier era distinto. El aprendió a leer, no a escribir, y solo, sin la ayuda de nadie. Nadie supo explicar esto, pero porque nadie lo supo. Sólo Javier, y hoy yo, que me sé la historia, sabemos la razón de este fenómeno. Que para serles sincero, también tuvo un poco que ver la mera costumbre y práctica. &lt;br /&gt;Resultó ser, providencialmente hablando, que la abuela paterna de Javier era sorda, y la pobre vieja se pasaba el día entero frente al televisor viendo películas subtituladas, mientras Javier le hacía compañía. Se sentaba junto con ella al televisor y miraba estas películas subtituladas. Entonces, cuando a su abuela le ponían una película en español, Javier era capaz de entender lo que los actores decían, y al mismo tiempo, ver esa serie de signos gramaticalmente estructurados en el borde inferior de la pantalla. Después de una o dos películas, Javier no tardó en deducir qué era lo que estaba pasando frente a sus ojos. Sabía que su abuela no oía nada, sabía que ella sabía leer, y sabía que esos signos en la pantalla sólo podían representar las palabras que los actores decían y que su pobre abuela no podía escuchar. Así que Javier se volvió práctico. Escuchaba con atención las palabras de los personajes y al mismo tiempo observaba las palabras que aparecián en la pantalla, sólo las palabras, y entonces recurría a la memoria. Empezó recordándo las palabras más cortas, como “hola”, “sí”, “pelo”, “guía”, “dos” y etcétera. Y después siguió con las más largas y complicadas, como “exterior”, “presentimiento”, “archipielago”, “anécdota” y demás. Un año y ochenta y tres películas después, no era falso decir que Javier sabía leer. No por teoría, no por deducción. Sino por simple y llana memoria.&lt;br /&gt;Poco después, un martes al mediodía, su madre le dió de almorzar sopa de letras, y Javier, que nunca antes había visto semejante cosa, se decidió por escribir algo. No tenía nada trascendental o importante para decir, no se le ocurría ninguna historia que contar, y aparte, estaba cansado de haber estado jugando toda la mañana con sus vecinos. Así que se tomó casi toda la sopa y dejó en el plato, ciertas letras elegidas especialmente, para formar un nombre que había leído, o visto y memorizado mejor dicho, en algún subtítulo perdido entre los tantos que había grabado en su cabeza. Así que la primera palabra que Javier escribió en su vida fue “Zhukovski”. Con mucha destreza, dejó el plato de sopa vació a excepción de esas nueve letras perfectamente poscicionadas, y se fue a ver un poco más de televisión junto con su abuela. Cuando su madre fue a levantar la mesa, se encontró con el plato vacío de sopa y el nombre de un autor ruso del siglo XIX escrito en él. Pero su madre no sabía nada sobre autores rusos, y pensó que lo Javier había hecho había sido poner letras al azar, simplemente alineadas. Pensó que no había significado alguno en esa palabra. Así que tomó el plato, lo lavó y Zhukovski se fue nadando por el drenaje. &lt;br /&gt;Recién una semana después Javier estaría tomando sopa de letras nuevamente. Pero esta vez sí tenía algo para decir. Y usando cuarenta y cinco letras comestibles escribió “un gato malo es como un hombre tonto que pierde la cabeza”. Entonces, con toda la sopa y las letras inservibles en su estomago, Javier observaba su primera creación, su obra primera, una oración. Pero esta vez, no dió oportunidad a su madre de encontrar su escrito formado, el hambre le picaba en el estomago y esas cuarenta y pico de letras se veían muy sabrosas. Javier se comió su creación, su obra primera.&lt;br /&gt;El tiempo fue pasando y Javier cada semana escribía oraciones más largas, a veces mínimas historias, a veces reflexiones, que sin puntos, signos de interrogación, acentos o comas, se complicaba un poco entender. Pero Javier las entendía, él era el autor y el lector, el dueño del discurso y su único auditorio. Nadie más leía lo que Javier escribía con esas letras que existían, en realidad, para cumplir una función muy distinta a la que este chico les daba. Así que autor inédito y también desconocido era Javier. Y su madre nunca llegó a ver lo que su hijo escribía. Siempre pasaba algo en el medio, justo antes de llegar al escrito sobre el plato o sobre la mesa, porque cada vez eran más extensos los escritos de Javier y el plato ya le quedaba chico, a vecés se disgustaba con lo que estaba escribiendo y desarmaba las palabras con sus manos, a veces, el hambre era más fuerte que la ambición artística, una vuelta fue un estornudo que desparramó un cuento corto que hablaba de una nena y un auto rojo. Javier a veces hasta se quedaba corto de fideos, y solía buscar la caja de fideos trepado a la alacena, los desparramaba  sobre la mesada de la cocina y escribía y escribía. Era un trabajo de hormiga, un tedioso y largo trabajo como el de armar un rompecabezas. Y los rompecabezas eran cada vez más extensos, uno de ciento ochenta y dos piezas (o fideos mejor dicho), otro de doscientos treinta y siete fideos, y así hasta llegar a un relato de terror formado por setecientos sesenta y ocho fideos (o lo equivalente a dos cajas de fideos para sopas de letras), llamado “hay un señor en mi ventana”. Pero el terror verdadero se dio cuando su madre lo descubrió parado en una banqueta frente a la mesada con todos esos fideos crudos desparramados. Fue tanto su enojo que no atinó a leer el relato, a siquiera ver lo que todos esos fideos formaban. Se encaminó hacia Javier, gritando y con las manos desparramó y desarmó muy enojada el primer relato corto que su hijo había escrito en su vida. Penitencia por supuesto, a los cinco años, hacer algo así, para una madre significa penitencia. Pero ese hacer, ese algo así, ni siquiera había sido visto, había sido transformado, desde una enorme y apresurada suposición, en un error. Ese hacer, ese verdadero algo así, era la magia de un prodigio, o sin sonar tan románticos, la obra de un artista.&lt;br /&gt;Y terrible fue la penitencia. No más sopa de letras. Otra vez a las municiones, a los cabellos de ángel, a los fideos tirabuzón. Javier se quejó, su madre se empecinó, y recién pasaron dos años antes de que Javier pudiera dominar el tradicional y estructurado arte de la escritura para poder volver a escribir. Ahora usa lapiceras o teclados, pero cada tanto se compra dos o tres cajas de fideos para sopa de letras y se encierra en el baño a escribir poemas sin puntos ni comas, sin signos de preguntas y sin acentos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-7282080340568774006?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/7282080340568774006/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=7282080340568774006' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/7282080340568774006'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/7282080340568774006'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/04/sopa-de-letras.html' title='Sopa de letras'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-7912311839547959199</id><published>2010-04-16T02:39:00.001-03:00</published><updated>2010-04-16T02:39:52.942-03:00</updated><title type='text'>Para olvidarla</title><content type='html'>Cuando me dejó le dije que no quería volver a verla. No era una cuestión de rencor ni de depescho. Pura estrategia. Sabía que no podía odiarla, así que me propuse olvidarla. Cortar por lo sano y olvidarla. Aceptó mi propuesta y la selló con un abrazo. Estábamos los dos empapados por la lluvia así que el roce fue medio resbaladizo. Después puse cara de malo, me di media vuelta, comencé a alejarme y me empeciné por olvidarme todo, desde su nombre hasta su cara. No pasaron dos días y ya me había dejado un mensaje en el contestador contándome que a la noche iban a pasar una película de Bergman por la tele. Borré el mensaje, tiré un libro con bronca de arriba de la mesa y apagué la tele. Al poco tiempo pasó por mi casa con una bolsa llena de ropa mía. Antes de que cerrara la puerta, ya estaba sentada en el sillón hojeando una revista y tarareando una canción viejísima. Le dije que se fuera, se lo pedí bien. Pero me miró con cara de enojada y me preguntó qué me pasaba. Que no quiero volver a verte, le dije. Me preguntó por qué. Y yo no dije una palabra, tampoco cambié la cara. Le grité que se fuera, le revolié su cartera encima, abrí la puerta, y me fui para la cocina sin cambiar la cara. Sentí pasos realizarse, ella desplazándose. Entonces su perfume en la cocina, y enseguida sus manos en mi espalda. Me di media vuelta, no cambié la cara. Me junté de valor y le dí una pésima cachetada. Se largó a llorar y me dijo que era un hijo de puta. Le iba a decir que no quería volver a verla, pero honestamente, creo que ya no hacía falta. Se fue con el cachete izquierdo todo rojo, con la cara marcada. Dejó la puerta abierta, y yo fui a cerrarla. Le dije que no quería volver a verla. Sé muy bien que no voy a poder olvidar de su nombre. Pero seguro que ella tampoco se va a poder olvidar de la cachetada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-7912311839547959199?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/7912311839547959199/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=7912311839547959199' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/7912311839547959199'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/7912311839547959199'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/04/para-olvidarla.html' title='Para olvidarla'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-5154797397741845109</id><published>2010-03-09T01:28:00.004-03:00</published><updated>2010-03-09T01:28:43.072-03:00</updated><title type='text'>¡Oiga, señorita, que eso que lleva ahí son mis ojos!</title><content type='html'>Usted me pide que la olvide. Pero todo el tiempo se me aparece usted. Solita, dando vueltas, y por propia voluntad, debería agregar. Y encima tiene el tupé de pedirme que la olvide. Por favor, señorita, que ya somos gentes grandes. Y me exige que no la mire, que no la vuelva a ver. Pero no es a mí a quién debe semejante orden. Es sino a mis ojos, señorita, a mis propios ojos, que son ellos los que la miran. De cualquier manera, le pregunto yo: ¿por qué es que no quiere que la mire?. ¿Piensa usted que se va a desgastar si la miro un poco, un rato más? ¡Vamos, señorita! ¡A vivir la vida y mirar cuánto más podamos! También me pide que no le hable, aunque mucho más me duele que me pida que no le escriba. Se lo ruego por favor, que entre todo lo nombrado, no me exija que no le escriba. ¿A quién le voy a escribir sino, señorita? ¿a mi madre, a mi santa madre? Mi madre dice que todo lo que escribo es lindo, pero sólo dice eso porque soy su hijo. ¿A mis amigos, quizás, usted dirá? ¿Para qué? Los muchachos se me ríen en la cara cuando les hablo de poesía, me tildan de maricón, de chamuyero. Por favor, no me pida que no le escriba, señorita. Así que discúlpeme el atrevimiento, pero yo seguiré escriéndole, señorita. Hasta que me canse, hasta que me gaste. Yo le seguire escribiendo, señorita. ¡Y cómo la conozco a usted, pucha si la conoceré!. Ya me la veo venir. Me dirá que bueno, que si le escribo que al menos no le hable. Yo asentiré, si señor, yo asentiré fiel y dispuesto. Pero la engañaré, mi querida señorita. Porque ¿sabe qué? cuando le escribo, yo también le hablo, señorita. Así es, cada vez que lea “pormenores de agosto” sabrá que le estoy contando que anduve arrepintiéndome, y cuando lea “labios finos, tan chiquitos” sabrá usted que le estoy contando que soñé con usted. Disculpeme también el segundo atrevimiento, señorita, pero yo seguiré hablándole. Y claro, no podría esperar menos de usted, porque usted se dará cuenta, señorita. Le hablaré desde mi poesía, desde mi escritura. Yo a usted le hablaré, señorita. ¡Y cómo se me va a enfurecer! Me va a decir que le menti, que la engañé. A usted también le gusta el drama, señorita. Así que se va a enojar, se me va a empacar y me va a gritar fuerte ¡que no la mire, que no la siga!. Ay, pero ya le dije, señorita. Son mis ojos los que la ven, y son mis piernas las que la siguen. Creo que se cansará usted de mí, señorita, y un mal día, me arrancará los ojos sin titubear. Me dejará perdido, desorientado, y comenzará a caminar. Discúlpeme el atrevimiento, pero yo no dudaré en gritarle ¡Oiga, señorita, que eso que lleva ahí son mis ojos! ¡Devuélvamelos, devuélvamelos! Ahora ya la oigo reírse, bailar a los saltos alrededor mío. Es que no se irá caminando muy lejos, no sé por qué, pero se quedará cerca de mí. Porque no quiere que la le hable, ni que le escriba, usted no quiere que la mire. Se lo creo. Pero jamás le creeré que usted quiere que la olvide.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-5154797397741845109?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/5154797397741845109/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=5154797397741845109' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/5154797397741845109'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/5154797397741845109'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/03/oiga-senorita-que-eso-que-lleva-ahi-son.html' title='¡Oiga, señorita, que eso que lleva ahí son mis ojos!'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-5605419634318764896</id><published>2010-03-09T01:28:00.002-03:00</published><updated>2010-03-09T01:28:17.354-03:00</updated><title type='text'>No hay hombre como vos</title><content type='html'>&lt;i&gt;A las ideas bizarras que gritan ser contadas.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ingles se le dice “one night stand”, algo así como “cosa de una noche”. La situación es bastante sencilla y común. Se da en lugares típicos como bares o boliches. Chico conoce a chica (o al revés), y se charla, quizás también se baila un poco, se bebe, se regalan cumplidos y los típicamente llamados “palos”, y después de un rato, caricias y besos encontrados, correspondidos. Hasta que alguno se anima a llevar todo al plano siguiente, el del sexo. Algo así estaría definido todo esto en un diccionario que jamás me sentaré a escribir. Algo así fue aquella vuelta. Pero claro, con sorpresa. ¡Alabadas sean las sorpresas! o la gente cómo yo no tendría en qué pensar después.&lt;br /&gt; No podría haber conocido a una mujer tan distinta a mí, tan concretamente incompatible con todo lo que me gusta, con todo eso en lo que creo y con todas esas mujeres que conocí antes y después que ella.&lt;br /&gt; Todo comenzó mediante un jueguito de miradas. Ya había notado, este último tiempo, que me había vuelto bastante habil en este juego. No sabría explicar muy bien cómo se juega, lo mejor sería un ejemplo visual, y sólo tengo letras, así que os dejo que lo imaginen por su cuenta, que seguro más de unz vez deben haberlo jugado. Entonces mirada va y mirada viene, y esta mujer y yo, comenzamos con lo que en ingles se dice “one night stand”. Nos hicimos saber nuestros nombres, nuestras edades y nuestros lugares de residencia. A esto le siguió una especie de charla sobre la música, cosa que empezó a confirmarme que esta mujer y yo jamás tendríamos algo en común más que nuestra condición humana y la atracción mutua que, no sé desde dónde, parecía unirnos. Recuerdo que le oi decir cosas como “no hay como la cumbia vieja” o “el reaggeton es la música más sensual que alguna vez escuché”. No me atreví a corregirle el “sensual” por “sexual”, en sí, era lo mismo, porque al fin y al cabo, si una canción dice algo como “yo soy tu gatita” o “dame duro, papi, dame duro”, ciertamente no estamos hablando de casos de metamorfósis o de relaciones filiales. &lt;br /&gt; Y, con esta mujer, nos dimos cuenta enseguida de que no teníamos mucho de qué hablar. Así que hicimos de todo menos hablar. Entiéndase “de todo” a criterio propio. No fuímos los primeros en vivir algo así, y ustedes recordaran, desde la experiencia propia, qué suele pasar cuando se hace de todo menos hablar. También sabrán qué es lo que viene después de ese “de todo” (que no es lo mismo que “todo”). Entonces, con esta mujer que no tenía nada que ver conmigo, nos fuímos del lugar y partimos a un lugar más cerrado, más íntimo y más con cama.&lt;br /&gt; No voy a entrar en detalles específicos. No me interesa que sepan lo que no quiero que sepan, así que pasaré a la cuestión que vengo evitando en los últimos párrafos. En medio de todo el fulgor que acarrea el acto físico del amor (no había un gramo de amor en todo eso, pero siempre quise escribir “el acto físico del amor”, suena tan bien), nos encontamos, como suele suceder, uno pegado al otro. Estabamos los dos parados, apoyados contra una mesa, ella me daba la espalda. Y cómo quien ciertamente lo quiere, le saqué la remera que llevaba puesta. Fue entonces cuando el desastre. Me encontré, definitivamente dibujado, un tatuaje de Pocho La Pantera sobre su omoplato izquierdo. Y me hubiera reído, juro que me hubiera reído muy fuerte, sino hubiera sido porque debajo de esa cara hubiera visto algo escrito. Ojalá no hubiera leído eso, me hubiera reído fuertemente, ella se hubiera ofendido y me hubiera pedido que me fuera, yo me hubiera ido y hoy el recuerdo sería, no normal, pero sí mucho menos extraño. Es que debajo de ese tatuaje, debajo de esa cara que parecía mirarme con intención, decía “Pocho, no hay hombre cómo vos”. Imaginarán lo qué pasó por mi cabeza, claro. O quizás no, esto no es tan común y compartido como el jueguito de las miradas o los one night stand. Aún hoy, busco al hombre que haya pasado por una situación parecida, para invitarle a tomar una cerveza y desahogar juntos todo esto entre los dos. “Pocho, no hay hombre como vos”. Ahí estaba esa inscripción, tatuada eternamente en su piel. Y ahí estaba yo, desnudándola, y de repente, convirtiéndome en un hombre que no era como Pocho La Pantera, que no lo alcanzaba siquiera. ¿Cómo seguir? ¿Cómo reanudar la excitación? ¿Cómo retornar al fulgor? ¿Quería yo retornar al fulgor? De cualquier manera, hice un esfuerzo y la abracé más fuerte y la pegué a mi cuerpo. El juego seguía y ahora tenía a Pocho pegado a mi pecho. Y “no hay hombre como vos”. De repente, ese tatuaje, ella y el mismísimo Pocho La Pantera me estaban desafiando. Si no había hombre cómo él, entonces el resto de los hombres no eramos nada, no valíamos, eramos una copia a medio hacer de lo que un hombre debía ser, o sea, Pocho La Pantera. Todos deberíamos andar, entonces, con pantalones y camperas de cuero, peinados como Pedro El Escamoso, y cantando canciones como…no sé, como las que sea que cante Pocho La Pantera. Eso me decía su tatuaje, eso me decía esta mujer, y eso mismo parecía contradecir yo al seguir desnudándola. Por momentos creí convertirme en el macho argento que nunca fui y perjurar para mis adentros un “vamos a ver quién es más hombre”, de seguro lo hice. Recuerdo, eso seguro, haber pensado en que tendría que sentarme y escribir esto. Inmortalizar esta situación, como ella inmortalizó a Pocho en su espalda y a una frase en mi cabeza. Pero ahora estabamos los dos desnudos, y claro, no nos habíamos desnudado para jugar al Ludo o para filosofar sobre lo que se piensa cuando se está teniendo sexo. Entonces, el concreto acto físico del amor comenzó. Sin lugar a dudas, comenzó. Ahí estabamos, la cama desecha, el velador prendido, ella, yo, y Pocho. ¡Una orgía! ¡por Dios, estaba en una orgía con Pocho La Pantera! Porque, claro, ella había sido muy clara con su tatuaje. No había hombre como él, por lo tanto, no había otro hombre más que él. Que yo hubiera estado teniéndo sexo con ella era secundario, ella no se estaba acostando conmigo, se estaba acostando con una copia muy mal hecha de Pocho La Pantera.&lt;br /&gt; Trataba de pensar en otra cosa. Rechazo por completo el rumor que corre por ahí de que cuando se tiene sexo, nuestra capacidad de pensar desaparece por completo y que lo único que nos queda es la mágica y lujuriosa unión de dos cuerpos en el vacío. ¡Pero mierda, que lo último en lo que quería pensar era en el desagradable, patético y a la vez espeluznante Pocho La Pantera! Era peor que recordar a mi madre. Edipo hubiera sido mucho menos doloroso y preocupante que esto. Y a pesar de semejante cuerpo y de ciertas actitudes bastante atrevidas por parte de ella, no lograba concentrarme en lo que estaba haciendo, no lograba dedicarme de lleno a lo que estaba pasando en esa cama. Entonces cai en que debería empezar a preocuparme por eso. ¿No había sido mi porción de macho argento la que había aceptado el desafío de Pocho, el desafío de esta misma mujer que me entragaba su cuerpo y exigía el mío? Sí, así lo había decidido. Entonces era cuestión de imponer mi hombría sobre la de Pocho. Tratar de generarle el mayor goce posible y desmitificar al hombre dibujado en ese tatuaje. Tenía que demostrarle que había hombres mejor que él, y que yo era uno de ellos. Quería reírme en la cara de Pocho y en la del maldito tatuador que alguna vez aceptó dinero a cambio de inmortalizar semejante blasfemia en el cuerpo de esta mujer.&lt;br /&gt; Fue imposible. No era Pocho contra el que yo estaba compitiendo. No tenía siquiera que ver con mi perspectiva de lo que es un hombre a la hora del sexo y lo que no. Desde mi ignorancia e inmadurez pensé que podía sobrepasarla y hacerla cambiar de opinión. Pero no era un hombre contra el que yo estaba luchando. Era un concepto. Y es imposible luchar contra un concepto. La grandeza que ella le había otorgado a Pocho iba muchísimo más allá de cualquier acto físico. No podría nunca demostrarle lo contrario, aunque así lo fuera. La hombría de Pocho no podría igualarse ni con la capacidad de mil amantes juntos. Ya estaba escrito, tatuado (y no sólo en su espalda), no había hombre cómo él. Por más que lo intentara, por más que me esforzara, nunca superaría al hombre, al concepto que ella tenía tatuado en su omoplato y en su cabeza. Yo era una representación de Pocho La Pantera, y sin la ropa de cuero o el peinado extravagante. &lt;br /&gt; El coito llegó, y después de esas palabras que se dicen o esos comentarios que se hacen después de tener sexo, ella se sentó en la cama, dándome la espalda y me mostró por última vez su tatuaje. Ahí estaba otra vez Pocho y esa premisa que por más que intenté, no pude refutar. Definitivamente, no había hombre cómo él. No se los voy a negar, me dieron ganas de estirar la mano, y con las pocas uñas que tengo, arrancarle ese pedazo de piel. Pero no lo hice, claro que no lo hice. Ella se estiró, agarró la remera que yo hacía poco le había sacado y se la puso cubriéndose el cuerpo, la espalda y ese tatuaje con ella. &lt;br /&gt;Nunca más la volví a ver. One night stand, eso había sido. Bueno, eso y mucho más. A partir de entonces, cada vez que conozco a una mujer en un bar, aparte de las preguntas de siempre, suelo preguntarle si tiene algún tatuaje hecho.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-5605419634318764896?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/5605419634318764896/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=5605419634318764896' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/5605419634318764896'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/5605419634318764896'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/03/no-hay-hombre-como-vos.html' title='No hay hombre como vos'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-5560245007110353533</id><published>2010-03-09T01:27:00.000-03:00</published><updated>2010-03-09T01:27:35.338-03:00</updated><title type='text'>Guía práctica para bondinautas</title><content type='html'>Como experimentado usuario de colectivos, he aprendido más de una cosa a lo largo de los años. Quisiera ser mejor en esto y no caer en, simplemente, enumerar lo que he aprendido o vivido. Pero no me encuentro disponible para hacerlo de otra manera. Así que os advierto, si piensan encontrarse más abajo con alguna ficción interesante, o si piensan que este texto es una gran metáfora cargada de ironías, humor y/o romanticismo, olvídenlo, no será hoy ni aquí donde encontrarán dichas cosas. Están advertidos que el texto que sigue más abajo es trivial y aburrido (pero me insistió en ser escrito), así que haré oídos sordos a críticas, de llegar a haberlas.&lt;br /&gt;Ubicación. Es muy importante la ubicación, no hay como un buen punto en el que ubicarse para disfrutar de un cómodo viaje a casa, al trabajo, a la facultad, o al destino sea cual sea. En todo este tiempo, aprendí que lo mejor es dirigirse hacia el fondo de los colectivos cuando se sube a uno, o al menos, hasta la mitad de estos. Porque en los primeros asientos siempre se sientan, ya sean, los ancianos, las embarazadas o los discapacitados. Y no sólo eso, sino que también, cuando estamos sentados en uno de los primeros asientos, solemos ser (como debe ser) uno de los primeros en ceder el asiento a uno de estos personajes, perdiendo así, la comodidad de un culo apoyado y un par de piernas comodamente flexionadas. Por eso es mejor irse al fondo, sentados ahí, siempre estaremos entre los últimos que tengan que ceder su asiento. Pero, y esto es casi una orden para el lector, debiendo hacerlo, en el caso de que las personas que están sentadas primero, carezcan de la cordialidad o de la viveza de quien aquí escribe. Estar en el fondo, también nos provee de dos comodidades más, una es que no hay mucho tráfico de personas, y la otra es que estamos cerca de la salida, importante esto, ya que cuanto antes bajemos, mejor. &lt;br /&gt;Pasemos ahora a la otra cuestión de los asientos, no a la de cederlos, sino a la de conseguirlos. Primero recomendaré lo siguiente, nunca detenerse y acomodarse parado al lado de un pasajero sentado que esté durmiendo, esto en general significa que su viaje es largo, reduciendo nuestras posibilidades de tomar su asiento antes de llegar a destino, o que este pasajero en cuestión se ha dormido y pasado ya de su propio destino, así que dormirá hasta el fin del recorrido. Otra cuestión más sobre el tema de conseguir asientos. De ser posible, evitar detenerse parado al lado de alguna mujer o anciano también parado, ya que al liberarse el asiento más cercano, uno, ya sea por cordialidad, obligación o principios, deberá ceder el asiento a dichas personas. Así que se deben buscar acompañantes parados preferentemente hombres y jovenes. Así, la contienda de quién ganará el asiento, se deberá sólo a quién está más cercano al asiento ahora desocupado. Sí, mis lectores, esto es una contienda que se adapta un poco a las comúmente llamadas “reglas de la selva” o el típico “sálvese quien pueda”. Suena egoísta, vanidoso, y hasta desagradable, pero dudo que alguien se anime a refutarme la veracidad de lo que digo. Retornando. Recuerden también, que se debe estar siempre atento a las personas que sentadas, comienzan a acomodarse su mochila o bolso en una posición incómoda, esto es, encima de sus piernas o colgado de sus hombros, porque esto significa que están pronto a bajar, y por lo tanto, a liberar su asiento. Lo mismo debe hacerse cuando vemos que un pasajero sentado comienza a mirar seguido por la ventana hacia delante, como buscando ese punto de referencia que le avisa que debe bajar porque llegó a destino. Y el punto más determinante en toda esta cuestión es cuando el pasajero sentado deposita una de sus manos en la manija del asiento que se encuntra delante suyo, a excepción de que represente una postura de comodidad, esto seguro significa que el pasajero hizo semejante acción para apoyarse, y haciendo fuerza, proceder a levantarse. El tema con esto último es que nos da poco de tiempo de reacción para acercarnos a su asiento y ocuparlo, pero ténganlo en cuenta por igual. También, en cuanto a elegir asientos a ocupar, es preferible evitar situarse al lado de un asiento doble ocupado por dos personas que viajan juntas (esto se nota porque claro, hablan entre ellas como dos conocidos lo hacen, o mismo se besan y manosean como dos besadores y manoseadores lo hacen) ya que las posibilidades de ocupar un asiento se reducen mucho. Si ocupamos un lugar junto a dos personas que no están viajando juntas tenemos más chances de sentarnos. &lt;br /&gt;Ahora bien, muchas de estas cuestiones nombradas y algunas que nombraré más adelante, poseen el elemento de la sorpresa y de la velocidad. Muchas acontecen y tardamos en darnos cuenta, a veces ni siquiera llegamos a hacerlo, empapados en el libro que vamos leyendo o el pensamiento que no quema la cabeza, el resto del colectivo y sus ocupantes, parece desaparecer. Pero claro, vuelven a aparecer todos cuando somos empujados o cuando los gemelos nos empiezan a molestar. A lo que voy es que hay que estar atento, muy atento si un asiento cómodo y un viaje agradable buscamos. Si no nos molestan, entonces a seguir viaje como sea que estemos.&lt;br /&gt;Sigamos con los asientos, pero hablemos desde un lugar de propietario. Subimos al colectivo, conseguimos y nos adueñamos de un asiento. Bien, pero previamente a esto, debe elegirse un buen asiento. Y los buenos asientos, por excelencia, son los individuales que se encuentran del lado izquierdo del colectivo, contra las ventanas. Si queremos dormir, leer o reflexionar hasta el cansancio (como se suele hacer en los viajes en colectivo) sin ser molestado, lo mejor es elegir uno de estos asientos para no ser interrumpido con un pedido de permiso para pasar en el caso de que nos hayamos sentado del otro lado del pasillo. En cuanto a los asientos del fondo, yo recomiendo evitarlos, existe siempre la cuestión de los frenazos abruptos que nos empujan hacia delante, y si vamos leyendo, durmiendo o mismo colgados en alguna reflexión, es probable, y también físicamente posible, que estos frenazos nos lleven a caer hacia delante, siendo este la nada, un pasajero parado o el piso directamente. Lo único positivo de estos asientos es la posibilidad de estirar las piernas para mayor comodidad, y también que no suelen ser asientos populares al momento de elegir uno. Tan poco populares son los pobres asientos del fondo que, al verlos vacíos, a veces la gente prefiere viajar parada antes que usar uno de estos. &lt;br /&gt;Bien, siguiendo con estas situaciones hipotéticas que he estado planteando, ahora planteo una nueva. Subimos a un colectivo con todos sus asientos ocupados, el viaje es corto o no estamos muy cansados como para desesperarnos por apoyar el culo y flxionar comodamente las piernas, así que decidimos viajar parados. El colectivo andando suele generar un movimiento histérico y propenso a caídas o tropezones, sumado a esto que viajaremos parados y haciendo equilibrio, debemos buscar de dónde agarrarnos. Para esto, lo mejor es hacerlo de una de las manijas que se encuentran en los respaldos de los asientos, su posición es cómoda ya que nuestro brazo usado se encontrará dirigido hacia abajo y la fuerza usada será menor, hasta servirá de apoyo. De no ser posible esto, recomiendo agarrarse del caño vertical (son pocos estos en un colectivo), sino de los que siguen hacia arriba, primero perpendicularmente sobre la ventana, y luego de este, en nuestra escala de comodidad, estaría por último el caño perpendicular a nosotros que está sobre nuestras cabezas (muy incómodos estos últimos para personas de baja estatura). &lt;br /&gt;Hasta aquí hemos hablado, no de un viaje perfecto, pero sí de un viaje cómodo. Ahora, vamos a subirnos a uno de esos colectivos que tanto odiamos, en esos horarios que tanto odiamos. Parados en una esquina, levantamos la mano para llamar la atención del bondiman, y éste, frena delante nuestro, las puertas se abren y vemos que enseguida, hay gente delante nuestro. Terrible decepción esta que nos promete un viaje incómodo. Pero, qué hacer. Ante todo, como sea posible, pagar el boleto, después, es algo así como la ley del más fuerte, buscaremos con la vista el mejor lugar posible para ocupar, recordando lo que dije al principio, buscando en el fondo del colectivo, porque en este caso, lo más probable es que siga subiendo más gente de la que se baja. Entonces, a la voz de diculpe-permiso-gracias nos iremos moviendo hacia ese lugar que dislumbramos al subir. Pero aún logrando esto, estaremos gozando de un viaje con suerte. Y no apuntaba a eso cuando arranqué este último párrafo. A veces, llegar al fondo es imposible, a veces, agarrarse de algo para no perder el equilibrio también lo es, y uno termina rebotando al son del colectivo entre cuerpos durante todo el viaje. A veces hasta ni se logra pasar la máquina expendedora de boletos, y “gozamos” todo el viaje del mismo paisaje que el conductor. &lt;br /&gt;Algunas recomendaciones para estos casos, tener cuidado de los rateros y de los pervertidos. Los primeros suelen actuar indeferentemente del sexo de la víctima, los segundos, suelen tener como target a mujeres particularmente jovenes y particularmente atractivas, pero también he escuchado casos de hombres que han sido molestados perversamente en colectivos por otros hombres. Para evitar a los rateros, sugiero la ya conocida técina de mochila puesta sobre el pecho o cartera o bolsito hacia delante, evitar también llevar cosas de valor en los bolsillos del pantalón o de la campera. Si se complica evitar todo esto, lo mejor es poner todo en los bolsillos delanteros, y también, estar alerta, que no es nada complicado para gente acostumbrada a esta época de los tiempos. En cuanto a los pervertidos, quien escribe nunca fue molestado por uno, así que no sabría bien qué  hacer o cómo reaccionar. Desde mi ignorancia, aconsejo poner en vergüenza al atacante mediante un comentario de denuncia en voz alta, y de animarse uno, también mediante un leve pero efectivo empujon. El resto de los viajeros dirigiran sus ojos hacia el atacante generando una de las dos cosas que generan muchos ojos sobre uno, en este caso, vergüenza, que quizás empuje al atacante a alejarse y hasta quizás a bajarse del colectivo.&lt;br /&gt;Retornando. Un colectivo lleno no sólo significa incomodidad, también significa calor humano y cansancio. Así que hay que tener en cuenta esto. Si se sabe o supone que el colectivo del día de hoy será incómodo y caluroso, tener a bien desabrigarse y acomodar las pertenencias cómodamente antes de subir. Seguimos con los colectivos llenos, pero pasamos a otra cuestión. Otra situación hipotética, subimos al colectivo, no está tan lleno, pero pronto lo estará, y ya sea que viajemos parados o sentados, debemos buscar ese lugar cómodo que quizás más adelante no lo sea cuando el colectivo comience a llenarse. Es preferible entonces, como ya se ha mencionado, un asiento hacia el fondo, individual y cercano a la puerta. Si uno tiene un asiento individual, uno también tiene una ventana para sí solo, y gracias a esto, las posibilidades de pasarnos del destino se reducen a cero. Si uno está cerca de la puerta de bajada, obviamente, el tramo a recorrer desde donde estamos hacia ella será menor y se hará más rápidamente.  &lt;br /&gt;Lector querido, ha pasado un día desde que escribí el párrafo anterior, y en este día que pasó, viajé en colectivo. Estúpido yo, no he tenido antes en cuenta lo que ahora os voy a comentar. Hay colectivos de distinta naturaleza, tenemos los tradicionales, siendo estos: puerta adelante y puerta atrás; también los (a mí parecer, mal diseñados) con puerta adelante y puerta en el medio; y los terceros, que son una unión (perfecta, debería agregar) de los dos antes mencionados (los preferidos de quien escribe) porque a pesar de tener menos asientos al disponer de un espacio para sillas de ruedas, posee, por esta misma razón, mayor espacio para los viajeros parados y dos posibilidades de salida. La primera de estas, en el medio, es cómoda para viajar apoyado a un lado, como se suele hacer en el tren o en el subte. Nos juega un poco en contra, en este caso, el contínuo pasar de la gente y el abrir y cerrar de las puertas, pero tomen mi palabra, después de viajar sentado, esta es la mejor manera de hacerlo, manos libres, cuerpo apoyado y una cercanía perfecta hacia la salida. &lt;br /&gt;Bien, pasemos al factor humano que condimentará este texto. Hay gente que suele dormir durante los viajes, yo no soy uno de esos, así que no puedo darles consejo alguno al respecto. Creo, desde mi ignorancia y falta de experiencia en el asunto, que hay algo así como un elemento mágico al respecto. Digamos, una especie de ángel guardián de los dormilones que despierta a esta gente antes de llegar a destino. La verdad, no sabría decirles. Sí puedo aconsejar a los viajeros lectores y reflexivos, pero muy concisamente, no se cuelguen en la lectura o en sus pensamientos, tengan a bien entre capítulo y capítulo (ya sea del libro o de la reflexión), mirar hacia fuera y saber por dónde andan, y también para observar si alguna persona de las que están paradas, merece nuestro asiento, o, si estamos parados, estar atento a si algún asiento se desocupa. Ah, y está la cuestión musical también, ya que a veces, inmiscuídos en nuestros reproductores de música, no escuchamos el pedido de otros de disculpe-permiso-gracias. Pero no es este último un hecho muy preocupante.&lt;br /&gt;Pasa a veces, que nos encontramos dentro del colectivo con personas que conocemos. Sobre este tema hay dos casos y dos subcasos. Lo casos son: conocer y llevarse bien con esta persona encontrada; y conocer pero no soportar a esta persona. En el primer caso, cualquier consejo que os dé es innecesario. En el segundo caso, si lo que realmente desean es no tener contacto alguno con esta persona, lo mejor es, por supuesto, la distancia, tanto física como visual. Se puede actuar que uno está durmiendo, que uno está embobado mirando por la ventana, o, si se va leyendo, levantar la vista sólo hacia lugares específicos y necesarios, evitando así, encontrarnos con los ojos de este encontrado que no deseamos encontrar. A veces, hasta es preferible perder un buen lugar donde acomodarnos por no tener contacto con esta persona que no soportamos, porque sí, hay gente a la que soportamos muy poco. Quiero aclarar que esto no siempre funciona, esta persona puede ubicarnos o simplemente, vernos por casualidad por más que la evitemos a la perfección, así que no olviden el elemento de la suerte. Los dos subcasos están abaracados por la cuestión del tiempo, ya que nuestro viaje en colectivo puede ser largo como corto, de ser largo y no soportar a la persona, recomiendo lo recién mencionado, de ser largo y llevarse bien con la persona, recomiendo hacer lo imposible para llegar al encuentro de esta persona, ya que un viaje bien acompañado enseguida genera una aceleración en el tiempo. Si el viaje es corto, dejo a su propia discreción si conviene o no hacercarse hacia esta persona encontrada.&lt;br /&gt;En cuanto a las ilegalidades cometidas por el viajero, no hay mucho que pueda recomendarles que su sentido común no pueda enseñarles. Si pagaron menos de lo correspondido y de pronto ven aparecer al chancho, a correr se ha dicho. Si el colectivo se encuentra repleto de gente, es menos riesgoso, ya que el chancho no subirá a un colectivo en el cual no puede moverse para realizar su trabajo, de cualquier manera, a estar atentos por igual. Algo que se puede hacer, aunque es un poco arriesgado, es conservar uno de esos boletos que salen mal impresos y nada de lo que dice es legible. El chancho en su rutina, puede asimilarlo como real y uno así, salvarse. Y un último  consejo no muy recomendable tampoco, pero que suele funcionar sólo cuando el viajero es mujer, es que se puede recurrir a excusas estúpidas y falsas sobre por qué no se tiene el boleto (ej: “no lo puedo encontrar, lo guardé en la cartera apenas lo saqué, qué estúpida”). Ciertos chanchos suelen ser un tanto pajeros o cancheros y suponen que perdonar a una viajera les da algo a su favor, como si la hubieran conquistado o algo por el estilo. Como dije antes, es riesgoso y puede no funcionar, pero ha funcionado en el pasado, señoritas pasajeras, créanme, lo he visto.&lt;br /&gt;Y creo que ya hemos llegado al final. En los próximos días probablemente esté viajando en colectivo nuevamente, y de hacer falta, agregaré algo a este texto antes de darlo por terminado. Sino, esto es todo lo que puedo contarles, aconsejarles y decirles al respecto. Buen viaje.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-5560245007110353533?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/5560245007110353533/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=5560245007110353533' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/5560245007110353533'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/5560245007110353533'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/03/guia-practica-para-bondinautas.html' title='Guía práctica para bondinautas'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-8215259206363030354</id><published>2010-02-17T00:34:00.000-03:00</published><updated>2010-02-17T00:34:04.692-03:00</updated><title type='text'>Amar en peine</title><content type='html'>Habían pasado diez días desde que se habían separado y todavía no habían vuelto a tener ningún tipo de comunicación. No se habían visto ni hablado. Un miércoles él quiso llamar a un amigo y por error marcó su número, cuando ella atendió él enseguida cortó. No, la pintura de la separación todavía estaba fresca. Pero para el domingo ya había sido suficiente. Así que él la llamó y le dijo que quería pasar a buscar sus cosas por su departamento. Ella, como si nada, le dijo que bueno, que pasará cuando quisiera, que iba a estar todo el día. Lo dijo así nomás, pensó él, con una voz completamente neutra, hasta había sonado alegre. Domingo. La pintura de la separación ya estaba seca, el paquete ya estaba embalado y las metáforas se volvían completamente innecesarias. &lt;i&gt;hace mucho años leí un ensayo de Ernesto Sábato en el cual escribía que los personajes surgen del corazón del escritor. Asombrado y adolescente, subrayé esas palabras. Tiempo después las olvidé, desde el olvido las reafirmé y hace poco hasta llegué a refutarlas. Una experiencia de esta misma refutación me llevó a releer esas palabras subrayadas. Lo leído hasta ahora y lo que más abajo sigue es un grabado indeleble de lo escrito por Sábato, un ejemplo vivito y coleando de este escritor, de su corazón y de sus personaje&lt;/i&gt; Domingo. El entró al departamento de ella sin siquiera tocar timbre. Tenía la  llave, esa llave que había usado una y otra vez con tanta naturalidad, con toda la naturalidad. Y cuando ella se asustó al verlo entrar, la naturalidad se desvaneció en incomodidad. Fue ella quién tuvo que romper la tensión.&lt;br /&gt;- ¿Querés unos mates?&lt;br /&gt;La intención era llevar a cabo un proceso de tres etapas. La llegada, la recolección de pertenencias, y por último, la partida, esta última con un adjunto, la despedida. Así él lo había planeado ¿Qué más se puede hacer sino planear estas situaciones? Llevarlas a cabo como si se tratara de un viaje que se quiere hacer. Diagramar los pasos a seguir, anotar lo que no se quiere olvidar y poner el plan en acción. Eso pensaba él. Ella, por el momento, sólo pensaba dónde había dejado la bombilla del mate. Ambos pisaban el mismo momento, pero de dos formas muy distintas. El objetivo, claro, era el mismo. Y así, libros, discos, cepillos de dientes y prendas de distinto tipo cambiarían de hogar. Algunos regresarían, otros emprendían su primer viaje. El, siendo fiel a su naturaleza, se había adelantado y le había llevado todas las cosas de ella que habían quedado en su departamento. Un cepillo de dientes, un delineador, dos remeras, una pollera, tres juegos de ropa interior, un libro de Lorca y un par de aros.&lt;br /&gt;- Ay, pensé que lo había perdido este.&lt;br /&gt;- Estaba atrás del inodoro.&lt;br /&gt;- No me extrañaría -le respondió sonriendo.&lt;br /&gt;El departamento de ella, como siempre, era un desastre en desorden y objetos que no estaban en sus lugares indicados. Como un tenedor en la estantería de los libros, un par de medias sobre el equipo de música y libros ocupando una silla entera. El sugirió primero buscar los objetos en cuestión, los propios. Como siempre, meticuloso y organizado hasta los dientes, pensaba de antemano en cosas que quizás no hacía falta pensar. &lt;i&gt;en parte, yo soy un poco así. Nunca fui meticuloso hasta la médula, pero sí un tanto ordenado y organizado. Me gusta que mis libros estén en el lugar indicado de mi biblioteca y suelo poner mis cigarrillos siempre en el mismo bolsillo de mi campera, pero hasta ahí. Y ella todo lo contrario a mí y del todo parecida al personaje, desordenada, enquilombada. Deberían ver lo que es su cartera o el primer cajón de su mesa de luz. Así es, querido Lector, esta historia está basada en hechos reales. Pero ¿qué tan reales? ¿qué tan hechos?. Por supuesto, no todo pasó tal cual lo cuento acá, de hecho, más de la mitad, sino todas las acciones que a continuación narraré, jamás acontecieron. Pero ¿qué entonces de los hechos reales? Digámosle mejor “cuestiones reales”. Una separación, un hombre, una mujer desordenada. Cuestiones. Sabé, Lector mío, que te voy a mentir, que te voy a disfrazar una y otra vez, con poesía y locura, las supuestas verdades que te quiero contar. Al fin y al cabo soy un escritor, ¿qué más esperabas de mí?&lt;/i&gt; Y ella lo aceptaba así, alguna vez lo había hecho sin dudar, y había sabido cómo hacer para que eso mismo no le molestara. A pesar de las diferencias, su hermético orden contra el total desorden que la caracterizaba a ella y a todo lo que la rodeaba, no era una molestia. Ella sabía que siempre un huevo iba a tener algún que otro pelo, y que era más fácil vivir con ese pelo que buscar la forma de hacerlo desaparecer. Y encontraron todo, o mejor dicho, él encontró todo. Un jean rotoso, tres remeras, un desodorante, un disco de Dylan y un diccionario de latín. Ella, durante la tarea, se dedicó a cebar mate y preguntarle sobre su vida. Pero qué importaba cómo iba el trabajo o si había terminado la tésis para la facultad, de qué servía hablar sobre amigos en común o películas recientemente vistas. Era todo tan superficial, pensaba él, sentía que le hablaba como si fuera un conocido, un tipo que no veía desde hacía tiempo y que ahora se cruzaba en la calle de casualidad. Pero no quiso darle importancia, aceptaba esos mates terriblemente amargos y calientes, mientras respondía con la mejor cara y el tono más falso. Mientras, no sólo separaba sus pertenencias, sino también las que él llamo “delicadas”. Dejando de lado las cosas que le pertenecían estrictamente a él, había ocho libros, tres películas y nueve discos que alguna vez ambos habían querido, y que obviamente, habían comprado en cantidades individuales, quizás pensando en un futuro en común, o directamente no pensando en esta situación que ahora se prensentaba. Si alguno de los dos se hubiera puesto quisquilloso, a la pila habría que haber agregado un par de paquetes de cigarrillos, un pomo de pastal dental y dos kilos de azúcar. Pero no eran quisquillos, mucho menos avaros, así que pasaron a la tarea de decidir quién se quedaría con tal o cual objeto. &lt;br /&gt;- ¿Y todo eso?&lt;br /&gt;- Son cosas que compramos juntos.&lt;br /&gt;- Mmm…y ahora hay que ver quién se las queda ¡Chan! -dijo riendo.&lt;br /&gt;¿Cómo podía reírse? Pensó él. Aparentemene no le importaba mucho, no tanto. O quizás esta era su forma de sobrevivir la situación. Hay gente que se esconde tras el silencio, otras detrás la mentira, ella se escondía detrás del humor. El no se escondía, pecaba al no hacerlo, pero no se escondía. Y aquel domingo, se empecinó con su tarea, con su plan y con su entera estrategia. Hubo conflictos para repartir las pertenencias “delicadas”, conflictos sencillos y de facil resolución, pero los hubo al fin, porque por ejemplo, ¿cómo repartir los discos de Silvio Rodríguez?&lt;br /&gt;- Quedate con este vos, no me gustan los compilados.&lt;br /&gt;Y ¿quién se llevaría ese ensayo de Deleuze? o ¿dónde terminará viviendo esa edición especial de dos discos de “8 y ½”? &lt;i&gt;nunca vi 8 y ½, creo que ella tampoco&lt;/i&gt; Fue sencillamente cuestión de ceder, aunque en algunos casos, hubo que recurrir al azar. Pero más que nada fue:&lt;br /&gt;- A vos te gusta más, llevalo.&lt;br /&gt;No faltaría el momento de tensión, que se dio con la aparición de un libro que él había sacado del estante más cómodo de la estantería.&lt;br /&gt;- ¿Y este? -le preguntó él mostrándole el libro.&lt;br /&gt;Ella no tuvo forma de esconderse tras el humor, y su cara se encargó de dictarlo&lt;br /&gt;- Lo compraste vos, me acuerdo, pero…-era su libro preferido, había batido un record, seguro, entre los demás lectores de ese libro, de haberlo leído tanto. Tenía sus huellas y sus marcas por todos lados, tenía hasta su olor.&lt;br /&gt;- Nunca lo leí -dijo él fría y secamente.&lt;br /&gt;Lo miro y entendió, o no, pero eligió ceder.&lt;br /&gt;- Okay, quedátelo.&lt;br /&gt;Y fue de esta manera como él se quedó con esa edición vieja y gastada de “Doña Flor Y Sus Dos Maridos”. &lt;i&gt;me cansé de recomendarle ese libro a las mujeres que quise. Amor, sexualidad, Brasil, realismo mágico, qué combinación hermosa. Y ella, hasta donde yo sé, jamás se dignó a leerlo. Por otro lado, fue en este libro donde, quien escribe, en el mundo de los hechos reales, y de las cuestiones reales, también un día encontró algo&lt;/i&gt; Más tarde, los dos recordarían este momento en soledad, en uno de esos ratos que se tiene una charla silenciosa con el techo o con una pava que está puesta al fuego y, en distintas palabras, pensarían exactamente lo mismo. En lo terrible que era cómo se desprendían el uno del otro, aportándose y dividiéndose migajas de cada uno, de lo que eran, de lo que querían, ¡de objetos de mierda!. Ahora el aire estaba tan tenso después de ese libro “delicado”, que ni siquiera daba lugar a recordar algún bien con humor o nostalgia, y eso que la mayoría estaba cargado de tiernas y graciosas anécdotas. Dos o tres mates más, una mochila previamente vacía que ahora estaba llena y media hora después en el reloj de la cocina y ya estaba, listo. Fin del proceso. &lt;br /&gt;Cuando él regresó a su departamento no quiso sacar nada de la mochila, de pronto sentía que la pintura de la separación volvía a estar fresca, y acomodar las cosas en sus lugares definitivos le parecía algo, no sólo terriblemente doloroso, sino también, frío y precipitado. &lt;i&gt;precipitado. Siempre la esperanza. Es que es así, cuando las cosas terminan bien entre un hombre y una mujer siempre queda la esperanza. Nunca nos mandamos a la mierda, nunca nos rompimos los discos ni nos quemamos los libros. Es incómodo cuando las huellas del afecto y de la atracción que deja un amor son difíciles, sino imposibles, de borrar. Cómo no va a haber esperanza, por más cínica o falsa o incómoda que resulte&lt;/i&gt; Pero sacó ese libro “delicado” del bolsillo delantero, el de Jorge Amado, y comenzó a hojearlo. Lo cierto era que adoraba la literatura brasilera, pero se sentía asqueado por el realismo mágico. Demasiado Cortázar cuando era chico &lt;i&gt;Cortázar, eterno cronopio, de vos uno nunca se cansa&lt;/i&gt; pensó De cualquier manera se detuvo a leer. Ni que se hubiera sentado a leer una novela, era algo completamente distinto lo que estaba leyendo. Se sentó sobre su cama, encendió un cigarrillo, y al azar, abrió el libro, casi por la mitad. &lt;i&gt;como siempre que se abre un libro al azar, ¿lo notaste eso, Lector?&lt;/i&gt; Y comenzó a leer sobre Doña Flor, sobre un tal Vadhino y sobre un farmacéutico del cual no se hacía mención del nombre. Se aburría y  pasaba las páginas, leía uno o dos párrafos por página, a veces solo unas líneas de diálogo. De  pronto se detuvo y se dio cuenta de algo. Descubrió que leyendo ese libro que ella tanto adoraba, podría a la vez, leerla a ella, comprenderla un poco más quizás, o a lo mejor solamente recordarla. Así estuvo unos diez minutos hasta que llegó a la intersección de las páginas 325 y  326 y se encontró, junto al margen, enganchado en la unión de las dos páginas, un pelo. Un pelo, largo y enredado, definitivamente de ella. Lo miró por un largo rato sin siquiera tocarlo, con su vista hizo foco en ese pelo y las palabras de Amado parecieron difuminarse hasta quedar hechas mamarrachos sobre las páginas. Miró y miró ese pelo, recordó esa vieja canción que dice “de tu pelo enredado”, y recordó las veces que sonando esa canción de fondo, la miró a los ojos haciendo la mímica de un exagerado cantante. De pronto pestañeó y las palabras de Amado volvieron a tomar forma, pero él no las volvería a leer, no por un rato al menos. Apoyó el libro muy cuidadosamente sobre la cama, tratando de que el pelo no se cayera ni se moviera de donde estaba, memorizó el número de la página y lo cerró de un fuerte golpe. Se recostó sobre la cama y cerró los ojos. La imagen de ese pelo seguía en su mente, pero estaba bien, así lo quería, de ninguna manera trataría de evitar pensar en ese pelo y lo que consigo traía. Porque claro, un pelo no es sólo un pelo, como una gota de agua que alguna vez fue parte de un océano o de un río, ese pelo alguna vez había sido parte de una cabellera, de la de ella, más explícitamente. Entonces ese pelo, y algún mechón, quizás de la parte de atrás de su cabeza donde lo tenía más largo, y entonces su nuca, su cabeza e inmediatamente su cara. No imaginaba otra cosa, solo su cara sumergida en la inmensidad negra y vacía que existe cuando se cierran los ojos. Y su pelo, su pelo enredado, siempre perfumado. Por supuesto, sentía el aroma, qué más podía hacer. Y recordaba las caricias a esa cabellera, las cosquillas que le proporcionaba en el estomago cuando ella se dormía con la cabeza apoyada en su pecho. &lt;i&gt;junto con él, yo también recordaba. dejaba de escribir y me surgián recuerdos para nada recomendables cuando de separaciones hablamos. Mejor pensar en lo malo, en lo que podría haber sido de otra manera, y no en esas cosas que eran, sin términos medios, perfectas&lt;/i&gt; Abrió los ojos, no quería, pero claro, tenía que hacerlo. Miró el reloj que estaba al costado de la cama y vió que era tarde, un día como cualquiera y estaría durmiendo, pero, y de más está decirlo, ese no era un día como cualquiera. Hoy había un pelo acechándolo, escondido entre las páginas 325 y 326 de una mala novela. La miró. “Doña Flor Y Sus Dos Maridos. Jorge Amado. Ediciones Sudamericana”. Novela de mierda, si jamás había tenido intenciones de leerla, probablemtente jamás la hubiera tocado a no ser, claro, que se hubieran separado, y él, en el ritmo del momento, se hubiera encaprichado como un nene para poseer ese libro, esa parte de la vida de ella que nunca antes le había interesado. Y así había sido. Ahora, ese libro era de él, y venía con un pelo de ella de regalo, que en realidad pasaba más por gualicho que por regalo. Pero ¿por qué no podía sacarselo de la cabeza? si al fin y al cabo era un pelo, nada más. La cantidad de pelos de ella que habrá soplado o tirado de encima de la cama, la decena de pelos enredados que arrancaba del peine y tiraba directamente al inodoro. Ahora, ese pelo, una simple peluza o representación de mugre para un hombre que ama y es amado, se convertía en un tesoro, en un miedo y en una terrible posesión a la vez, porque él ya no era un hombre que ama y es amado, él era lo contrario. &lt;i&gt;sea lo que sea que eso signifique&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Tenía que dormir, así que se metió en la cama, e intentó dormirse cuanto antes. Suponía que soñaría con ella, en el fondo, quería hacerlo. Pero imaginaba un sueño distinto al que vendría realmente. Imaginaba romanticismo, dulzura e imágenes agradables. Imaginaba, por ejemplo, un sueño en el que le acariciaría el pelo mientras ella le sonreiría. Pero no, por supuesto que no. Soñó que ella era calva, soñó que él se arrancaba pelos y pelos de la cabeza y que los ponía sobre su cabeza para ocultar esa calvicie, pero que enseguida volvían a crecer, y así, incontables e inmemorables sueños. Al despertarse sin saber qué pensar en el medio de la madrugada, rió al darse cuenta que quizás debería haber leído un poco más de Freud y un poco menos de Girondo. Los sueños seguirían estando, pero al menos los hubiera comprendido más, o con suerte, hubiera encontrado la manera de que no lo continuasen acosando. &lt;i&gt;voy a escribirte, Lector mío, algo que ya de seguro sabés. No son los sueños los únicos que acosan. También los cuentos acosan, preguntale a algún escritor amigo y te va a decir. Si se habrá aprovechado de mí este cuento, tan perversamente lo hizo el muy desgraciado&lt;/i&gt; Y esa novela de mierda mirándolo, parecía como si lo estuviera juzgando, porque la novela nunca volvería a ser leída, porque su verdadera dueña la había perdido, y porque ese pelo generaba comenzón entre las páginas 325 y 326. Pero qué le importaba a él que un libro lo juzgara. Claro que no le importaba. Claro que no significaba nada, porque los libros no juzgan y las páginas no padecen de comezón. Ahora sí recordaba a Freud o a cualquiera de esa camada que alguna vez escribió algo sobre las proyecciones. &lt;i&gt;¿o era yo el que lo recordaba?&lt;/i&gt; Entonces, el libro no era el libro, el libro era él mismo, o quizás ella. De cualquier manera, se sentía juzgado. Sabía que se había equivocado al tomar esa novela, porque si la hubiera dejado en su lugar, ahora no tendría un pelo acechándolo en sus sueños, en su mismísima vigilia también. Algo tenía que hacer. Deshacerse del pelo, sí. Quemarlo, tirarlo por la ventana, que el viento se encargue. Sería capaz de comérselo también, pero eso sí que no. Así que abrió el libro y sacó el pelo, lo hizo muy delicadamente usando el índice y el pulgar de su mano derecha. Lo sostuvo frente a su cara, y una vez más, lo observó. Miró hacia la ventana. No tenía ¿el valor? ¿las fuerzas? ¿el deseo? de deshacerse del pelo. Quién sabe, él seguro que no. Volvió a depositar el pelo entre las páginas indicadas y lo cerró de un fuerte golpe, para después arrojarlo al otro extremo de la cama. Miró para otro lado, no quería ni verlo al libro. La mochila lo saludaba desde arriba de la mesa. Buen plan revisar otras cosas. O quizas, pésimo plan hacerlo. Se dejó llevar, había un pelo persiguiéndolo y era tarde como para detenerse a pensar y diagramar los pasos a seguir. Entonces se puso a revisar los otros libros que había traído. &lt;i&gt;¿y yo qué tenía hasta entonces? Una ella que me presentaba el recuerdo de una separación, un pelo también escondido entre las páginas de un libro, una patología de narrador. Y el producto de la suma de todo esto le venía dando forma a las últimas páginas&lt;/i&gt; Estaba un tanto asustado, quizás aparecería otro pelo, una pestaña, hasta una mancha de café, cualquier cosa podría alterarlo. Cobarde e indeciso, los abrió igual. Sacudía las hojas apuntando con los libros abiertos hacia abajo, uno tras otro como un desquiciado lo haría. Nada cayó de ninguno. Respiró tranquilo, aunque también un poco desilusionado. A pesar de todo, en el fondo, deseaba encontrarse con algo. Y seguir con esta histérica farsa de pelos, cuestionamientos y penas. Pena. &lt;i&gt;pena. esa fue la palabra slavadora, la palabra puente entre todo el nudo y una esperanza de desenlace que apareció hecha regalo desde lo ajeno, de otra ella&lt;/i&gt; Definitivamente era todo una pena y no lograba darse cuenta si la valía. El valor de la pena siempre está sobreestimado, pensó. Siempre, él no era una excepción. Y se quedó con esa palabra. Pena. Retumbaba en su cabeza como una maldición, al igual que ese pelo de la página 326. ¿Por qué le sonaba tanto esa palabra? ¿por qué, de repente, se le había vuelto tan familiar? La novela de Amado, sí, ahí la había leído recientemente. &lt;i&gt;entonces yo también decidí leerla nuevamente&lt;/i&gt; Volvió a la cama, al extremo que guardaba el libro, &lt;i&gt;yo fui hacia mi biblioteca y tomé el libro de Amado&lt;/i&gt; lo abrió &lt;i&gt;lo abrí&lt;/i&gt; y se puso a hojearlo. Nuevamante, esas páginas que para nada le interesaba leer. Movía sus ojos por entre las palabras, los guiónes de diálogo y los signos de exclamación, se detenía más que nada cada vez que veía uno de estos últimos, pero por supuesto, ninguna exclamación, ningun grito tenía sentido. Y así siguió, hasta que &lt;i&gt;¡bendita sea la puta y maravillosa Casualidad! ¡señora Casualidad! Hay gente que duda de la existencia de Dios mientras observa un océano o un atardecer, yo le dejo semejante privilegio a la señora Casualidad. Ah, a no desesperar, mi apubullado Lector, más abajo entenderás&lt;/i&gt; después de un punto y aparte de la página 193, que comenzaba con comillas, Amado le gritó y lo llevó a leer lo que entre esas comillas decía: “Andaba como un alma en pena, por la casa húmeda y lúgubre como una tumba”. Como un alma en pena. Claro, eso era él ahora, un alma en pena. Debería haber sentido tristeza por semejante descubrimiento pero también obvia aclaración, pero no, sintió confort, como si pudiera bajar las defensas por un momento porque había descubierto, sencillamente, que era un alma en pena, y que el personaje de este libro compartía ese mismo sentimiento, ese mismo pesar. Si había dos, de seguro habría más almas en pena. Leyó un poco más arriba, el final del párrafo anterior. “Sólo el deseo y la memoria la sustentan”. No quiso leer más, con eso bastaba. Qué importaba de dónde provenían ese deseo y esa memoria, qué importaba a qué sujeto se ajustaban dichos predicados. El tenía su propia explicación, sus propios hechos y sus propios predicados. El sabía que el deseo y la memoria, y un pelo también, la sustentaban a ella.&lt;br /&gt;Entre todos los libros que había traído de la casa de ella, había un diccionario de francés. &lt;i&gt;sé que antes no nombré este diccionario de francés, que ahora aparece casi mágicamente de la nada. Es que antes no estaba, pero que no quepa duda de que existía. ¿Acaso comenté yo de qué color tiene el pelo ella? No, no lo hice. Pero esto, mi humilde Lector, de seguro no impidió que la imaginases, ya sea rubia o morocha o colorada. Nunca calva por supuesto, recordá el pelo. Entonces, me resguardo en este sencillo y salvador principio de recién, porque antes dije “libros”, y quizás, Lector mío, entre ellos, vos imaginaste un diccionario de francés&lt;/i&gt; Así que quiso jugar, y buscó en él la palabra pena. No había fin alguno, el aburrimiento, el caer en estupideces para no pensar en la misma pena a la que ahora le buscaba traducción lo llevaron a eso. Pena: f peine // ej. âme en peine (alma en pena). &lt;br /&gt;- Alma en pena, âme en peine. Amé en peine. El pelo -dijo. &lt;i&gt;¿entendés? El pelo, la pena, el alma, el peine, el sabroso francés, ¡la casualidad! Sí, ya empezaba a divagar y a buscar respuestas y explicaciones en cualquier lugar, en cualquier casualidad, hasta en cualquier persona. Porque fue una mujer que tiene nada y mucho que ver con esta historia, la que apareció con la respuesta, casi con el mismísimo título que más arriba se lee. Una chica con pelo color de trigo, que una noche, casi jugando, trató de explicarme a mí mismo, usando otro idioma y una casualidad. Y esa casualidad que me había impuesto ante los ojos traducida, en realidad, más que sorprenderme, me había entusiasmado. Como rara vez pasa cuando se escribe una historia tan vueltera, me sentía esperanzado. Dos ella, un pelo, una patología, una palabra, otra ella, una casualidad. Cada vez más factores a la suma y el resultado se iba volviendo interesante&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;No hizo más que reírse, no sabía tanto si por la casualidad casi providencial o si por el hecho de que estaba a punto de volverse completamente loco. Amar en peine. Eso era. Todo este rato había amado en un peine. Nada de penas en el alma, nada de conjunciones o desapego, al carajo con las distancias y las casualidades. Había amado en un peine, un peine que, como todos, siempre se queda con algún pelo, arrancado y olvidado. Un pelo que quizás no sobraba, pero que quizás tampoco hacía falta. Había amado para arrancar, para olvidar. La cuestión después de todo no era el pelo, sino el peine. Y nada de proyecciones, Sigmund no lo iba a confundir otra vez, ni él era el peine, ni ella el pelo, ni mucho menos al revés. Era todo el amor y el olvido, el peine y el pelo, el pelo y el peine. Su alma en pena y su amor que peina y despeina. El pelo que no podía sacarse de la cabeza. El peine que se encargó por él de hacerlo. Pero ni la pena, ni el amor, tampoco el olvido. Había amado en peine y había peinado su alma. Eso era todo. Pensó en esto y se sintió relajado. &lt;i&gt;hasta yo me encontraba en un estado similar, porque sentí que había encontrado la forma, no sólo, de continuar este relato, sino también de darle un cierre. Entonces, él ahí, en ese mundo ficticio creado por mí, y yo en este otro lado, en la llamada realidad, estábamos unidos casi por la misma idea&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Volvió al edificio de ella cargando el libro en la mano, sabía que no iba a estar, pero eso estaba bien, así lo había planeado. &lt;i&gt;¡pero esto no es lo que yo había planeado! Pensé que alguna otra casualidad o cuestión real me iba a ayudar a terminar de escribir esta historia. Recuerdo pensar al principio, desde el primer renglón, que este cuento no tendría ningún sentido. Empecinado con un hecho tonto, una idea y más tarde un chiste sin explicación fui formando el sentido a partir de las cosas que tenía a mano. Es pecado de narrador creerse escritor por el solo hecho de mezclar palabras, ideas y puntos seguidos. Dos, tres, cinco personas me ayudaron a darle sentido a esta historia, entre ellas vos, querido Lector. Y era mi tarea darle el final. Mi tarea. Ya había malgastado mis recursos de humano-escriba al usar a alguien para el principio, alguien para la trama, alguien para el sentido. Así descansaba tranquilo en mi papel de operario de esta máquina llamada literatura, nada más. Así que ella, ella, él, vos, y ahora yo. Una situación horrible. No recomendable para seres inestables como yo. Y de tanta inestabilidad se me fue la historia a la mierda. Qué desastre. Estaba tan esperanzado. Llegué a pensar, reucerdo, que si terminaba este cuento bien, iba a ser el mejor que había escrito en mucho tiempo, sino desde siempre. Qué pelotudo. Lo último que soy es confiado u optimista&lt;/i&gt; Había pensado en dejarle el libro al portero o a algún vecino, pero cuando llegó, no encontró al portero, y mientras subía en el ascensor dispuesto a seguir con el plan B, se le ocurrió dejar el libro en el departamento. Aún conservaba las llaves del departamento, así es. Pero también venía a desprenderse de ellas. Cuando entró no fue extraño, el departamento era el mismo, los olores también, estaba un poco más desordenado, eso sí, pero eso no le extrañaba para nada. Miró a su alrededor, el día anterior no lo había notado, y ahora, al hacerlo, se sorprendió un poco cuando vió que algunas fotos suyas todavía ocupaban ciertos portarretratos. Pero ese pensamiento murió con el simple recuerdo de que ella no prestaba tanta atención a esos detalles, sabía que algún día notaría esas fotos y que las sacaría como alguien saca un pelo del borde de un vaso, y no que esas fotos guardaban cierto sentimentalismo mágico. Eran sólo un documento gráfico de la historia de ellos dos, lo triste era que él era puro sentimentalismo mágico, y ella, ella era de las personas que no creen que la magia se pueda ver o tocar, y una foto, obviamente, se puede ver y tocar. Dejó el libro sobre la mesa, se sentó frente a él y lo abrió en la página 326, el pelo seguía ahí, pensó en sacarlo, pensó en dejarlo, volvió a considerar comérselo, pero no, claro que no. Miró a un costado y vió que sobre la mesa, entre vasos, otros libros y demás cosas, había también un peine, lleno de pelos de ella, largos, oscuros y enredados entre los dientes del peine. Pero esto no le llamó la atención para nada. A pesar de ser fisicamente idénticos a ese que ocupaba las páginas 325 y 326, eran completamente distintos a este último. Eran pelos que no le generaban nostalgia ni tristeza, hasta rozaban lo desagradable. Eran pelos, varios entre los miles que ocupan su cabeza. Pelos, nada más. &lt;i&gt;nada más. Pelos, un pelo. Me doy cuenta ahora de que debería haber ahorrado tantas palabras. Esta historia que cuento, esas personas, yo, el pelo. Al final de todo, lo único que realmente me interesaba descifrar era qué es amar en peine. Con ninguna clase de modestia, con la más voluptosa pero sincera vanidad, puedo decir que lo logrué, la lástima fue haber desperdiciado tantas palabras. Aunque quizás realmente hacían falta. Son incontables las cosas que tuvieron que pasar y que tuve que recordar e inventar para darle forma a esta historia. El casi año y medio que pasó desde que encontré un pelo en un libro hoy sirven de evidencia. En todo este tiempo me empeciné a peinar y despeinar esta historia a gusto propio. He aquí la respuesta. Amar en peine es bucar una forma. Es darle forma a una relación, a la unión de dos personas, o a la misma separación de estas dos personas. Peinar un momento, un lapso de tiempo, o despeinar esto mismo. Pero el peine, el peine siempre en el medio, el peine como herramienta, como arma de ataque y de defensa. El pelo se corta, se tiñe, se ata, se lava, sí, y el pelo se peina. Eso es amar en peine&lt;/i&gt; Decidió dejar el pelo dentro del libro, al fin y al cabo, era también, sólo un pelo más que alguna vez había sido peinado, un pelo que había sido amado en un peine. Buscó un pedazo de papel y escribió “Este libro siempre fue tuyo, que yo lo guarde en una estantería es absurdo. Espero que no te hayas asustado al verlo acá, aparecer de la nada. Me acordé que tenía tus llaves y aproveché a venir para dejarte esto. Beso grande. P.d. te dejo las llaves en el buzón de abajo”. Miró una vez más a su alrededor, vió el libro al lado de una enciclopedia vieja de historia argentina y esa estatuilla del Quijote que le había regalado dos años atrás. Doña Flor Y Sus Dos Maridos. Jorge Amado. Ediciones Sudamericana. Ah, sí, y el pelo entre las páginas 325 y 326.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-8215259206363030354?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/8215259206363030354/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=8215259206363030354' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/8215259206363030354'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/8215259206363030354'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/02/amar-en-peine.html' title='Amar en peine'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-2644785662374827220</id><published>2010-02-08T03:44:00.002-03:00</published><updated>2010-02-08T03:44:34.701-03:00</updated><title type='text'>ella nunca ajena ella</title><content type='html'>Para ella, no se trataba de pertenecer ni de jugar a las escondidas. Para mí, se trataba de mostrarse tal cual se era. A través de sus movimientos, sus pasos de baile, su sonrisa picarona y su tic de acomodarse el pelo detrás de las orejas, ella jugaba a ser la muchacha pendenciera entre el resto de sus amigas. Una suerte de chica Almodóvar para principiantes. Los hombres que la conocián rara vez se le acercaban. A ella le gustaba pensar que le temían, cuando lo cierto era que los aburría. Entonces tenía sexo con desconocidos y se enamoraba de imposibles como Buster Keaton o del capitán Beto. Suponía que siempre tendría tiempo para aprender a tocar la guitarra o para escribir poemas, y mientras, decoraba su vida como si fuera una obra de arte multifacética, con canciones, colores, atardeceres y filosofías baratas. Promesa de chica triste no joder con la fatalidad ni de enviciarse con el optimismo. Prefería la razón, consecuencia obvia de una educación burguesa-occidental-contemporanea. Así, el razonamiento inductivo que planteaba constaba de dos premisas y una sola conclusión. Pero ella se sentía inhibida por esta conclusión. Quería contar su historia y no sentirse identificada. Sabía que podía cambiar su barrio de residencia, su gusto por las películas en blanco y negro, y hasta podía cambiar los nombres de los hombres con los que se había acostado. Entonces ninguna persona podría relacionarla a ella con su misma historia, y así, su historia no sería propia. Pero ninguna persona contaba. Al final, ella contaría su historia para ella, así que su historia jamás podría ser ajena. Para mí, debería contar su historia tal cual había sido. Las premisas eran válidas, eso seguro. Yo lo sabía y ella lo sabía. Lo que ella no sabía era que la conclusión jamás sería ajena. Decidió que arrancaría con las pariticularidades y que de ellas surgiría una generalidad. Pensamiento Científico para ingresantes. Grado primero, lección primera. La 250 es un aula muy grande para albergar a tan pocos alumnos. Su tradición de sentarse en el fondo y a un costado del aula, cerca de la ventana, le generaba una visión parcial del pizarrón. Aula tan grande que, desde el punto de vista de un ingeniero, necesita un par de columnas sólo por las dudas. A.B es verdadera sólo cuando A y B son verdaderas. No entiendo, pero no digo nada, me da vergüenza. Flaco, ¿podés dejar de mirarme? en serio te lo pido. “Hace calor y me quiero ir” dice escrito en su banco, más a un costado un símbolo perjura que Perón sigue vivo. No veo nada con esa columna en el medio. “Disculpe, profesora ¿podríamos hablar algo con los compañeros? Es un minuto nada más”. Nunca es un minuto, y te anticipo que voy a seguir comiendo las galletitas que yo quiera. Particularidades, en serio, particularidades. Y mi generalidad, el empirismo me la debe. Mejor probar con el deductivismo. Los hombres son todos una mierda. Esta materia no sirve para nada. Todos los 27 de cada mes me duelen los ovarios. Cuatro más cuatro siempre es igual a ocho. Si no presto atención a la clase me voy a llevar esta mierda a final. Me mira solamente porque tengo buenas tetas. Si un libro fue best-seller en menos de una semana, jamás lo leas. Punto y aparte.&lt;br /&gt; Complicada la chica. Rubia-castaña. Pero eso qué importa, lo mismo daría que fuera morocha. Bueno, en realidad no, su historia ya no sería su historia. ¡Ah, la pena de la historia! No de su historia en sí, sino de la palabra historia, el concepto historia. La  historia de la lapicera, del paragüas, de esa profesora con cejas depiladas, de ese chico con anteojos de sol. Las historias. Y ella ni siquiera podía contar la suya, la propia. No, la razón tampoco le servía, no le ayudaba de mucho que digamos. Podría recurrir a la gran Dickens y empezar a contar su historia como el mismísimo David Copperfield (un imposible del que jamás se enamoró). Entonces. Nací un primero de junio con un leve tajo en la cabeza porque el médico que le realizó la cesarea a mi mamá se zarpó un poco al realizar el corte con el bisturí. Y crecí, y maduré y sufrí y perdí tiempo, y me fracturé un brazo y me fui de vacaciones a Colón en época de inundación. Chica apresurada. Yo la entiendo. Se salta pasos para no contar su historia. Al fin y al cabo, resulta que lo que menos quiere es contar su historia porque sabe que no puede evitar sentirse identificada.&lt;br /&gt;Donde sea, desde donde sea. La cuestión de estar, siempre es más importante y mucho menos ajena que cuestiones como el tiempo o el deseo. No debería tratarse de pertenecer. Ella se enoja con el que sea que haya dicho y convencido al resto del mundo de la veracidad en eso mismo. No se puede pertenecer. Ni a una raza específica, ni a un siglo determinado, y mucho menos a otro ser humano. Pertenecer. No deberíamos preocuparnos por los estereotipos o por los géneros, ni hablemos de las ideologías o de los gustos específicos. Pertencer. Ella se caga en pertenecer. Como ya dijo, la cuestión es estar. Y todos pueden decir que están, que son. “Mirame -le gritan- mirame cómo estoy parado sobre este pedazo de tierra, sobre esta baldoza, ¿no me ves estando?”. Pero no están, claro que no están. Y no se cansan. “Sí que estoy, él me ve, yo te pego y me sentís, te grito estúpida y me escuchás”. Y siguen creyendo que están. Todos llegaron a creerse tanto las ficciones cotidianas que no dudaron en cambiarles el nombre a “realidades”. Amor, cinismo, moda, carreras de grado, comunismo, código civil, budismo. Entonces nos agrupamos, nos dividimos. Algo así como los nenes con los nenes y las nenas con las nenas, algo así como azules contra colorados, qué sé yo, supongo que no hacen falta más ejemplos. La cuestión es que para todo hay una etiqueta determinada que parecería no molestarnos en pegarnos en la frente, y así, terminar tapándonos la cara entera con estas etiquetas. A la fecha de nacimiento le sigue un signo zodiacal, a nuestra condición de ciudadano un número determinado, a nuestra mera existencia un nombre, al color de nuestro pelo un adjetivo calificativo, al lugar de nuestro primer respiro en esta vida una nacionalidad, a los libros que leemos, a las personas que nos gustan, a los chistes que nos hacen reír y a las películas que nos hacen llorar. Basta. Supongo que se entiende. En el fondo, en realidad, hay algunos que disfrutan de comerse las uñas, otros de sacarse los mocos y algunos otros de mirarle el culo a las novias de sus amigos.&lt;br /&gt;Pero yo quería contar mi historia. Sin sentirme identificada, claro. Fue una idea muy pelotuda. Lo fue desde el primer momento. No por la mentira, ni siquiera por la falta de coraje. Fue, simplemente, una idea pelotuda. Pero se empecinó de cualquier manera y arrancó a contar su historia. Pensando que podía engañarme, que podía engañarse, recurrió a la tercera persona. Y dijo. La transeúnte que sólo puede mirar para adentro. Se mastica una mentira antes de desayunar porque le parece adecuado arrancar el día con una mentira. Para cuando lo termine, todavía va a estar despierta, y sabiendo que una vez más, logró engañar al calendario. Los días nunca se le terminan, siempre empiezan. Con una mentira, claro. El ocho de enero le ofrecía una mentira adecuada, más que adecuada, fija, inamovible. Si hubiera querido, no habría podido deshacerse de ella. Ahí estaba la mentira, justo entre la cama y el café instantáneo (tres cucharadas bien llenas, así se engaña al estómago con que lo que se está tomando es café de filtro y no basura instantánea). Ella siempre arranca el día con una mentira antes de desayunar, y ese día esa mentira estaba bien, estaba más que bien. ¡La canción! La canción es mentira. Suene lo que suene. Una orquesta sinfónica de treinta y dos instrumentos se esconde en el parlante del equipo de música, un blues de hace cincuenta años renace en una radio que se está quedando sin pilas. Mucho menos se puede leer algo. Literatura es igual a mentira, se lo vea por donde se lo vea. Nada de películas. Nos quedan cosas como las fotos y las pinturas y las esculturas. Mentiras. Sí, las veo, las toco, las huelo. ¡Mentiras! Igual que ayer en la casa de Mari. La habitación rebalzaba de deseos reprimidos. Fede lo que más quiere es acostarse con la novia de Germán y ayer se le agotaron todas las posiciones posibles desde las cuales le podía mirar las piernas. Damián sabe que su novia es forra y estúpida pero no dejó por un instante de repetirle lo mucho que la quería. Lucas lo que más quería era irse a un puterío y sin embargo no le soltó la mano a su novia en toda la noche. Deseos reprimidos. Sexuales, debería agregar, que son los que más a la vista están. Y yo también, claro. Yo, entre la picada y el postre, desarrollé un inmenso deseo de acostarme con Damián. Como si no hubiera historia de por medio. Encima, ahora se peina distinto. En muchos aspectos es otro, por lo tanto lo que yo siento también es otra cosa. Algo extraño, distinto, inusual. Y no me afecta para nada que se haya afeitado la barba o que se haya hecho ese horrible tatuaje en el brazo. Ficciones. Tanto la barba como el tatuaje. Lo que me jode es el pelo. ¿De dónde sacó la idea de que así le queda mejor? ¿A quién se llama cuando se quiere mandar a matar a un peluquero? Quizás debería hecharle la culpa a él y no al pobre peluquero. Transacción económica, un corte de pelo por treinta mangos. Pero mirá cómo tiene el pelo. ¿Cómo se le ocurre? En estos momentos salta a la luz todo eso que no fue y que pudo haber sido. No, no debería haberse cortado el pelo. Cuarenta y dos veces escribí su nombre en los últimos seis meses, y ahora, a todos ellos, tengo que cambiarles el peinado. ¿Te das cuenta lo que me hacés hacer? ¿yo qué tengo que ver con todo esto? ¡Nada! Pero ¿a quién le hablo?&lt;br /&gt;Para este entonces ya estaba desquiciada. Se había olvidado de pertenecer, del inductivismo, de las mentiras antes de desayunar, y de las terceras y primeras personas. Saltaba de  un hecho al otro como si el lector, su auditorio o su psicoanalista pudieran entenderla. No se puede entender, le dije yo, no se puede fíar a otra persona una historia que carece de cohesión y coherencia. Contaba estas cosas todas desilachadas para no crear esa cadena, esa soga de eventos y malos y buenos ratos que básicamente conformaban su vida. Algo por aquí, algo por allá, nada de este lado, mucho de aquel otro. Y de  esta manera contaba su historia. Desordenada, desilachada, desarmada. Pero seguía sintiéndose completamente identificada. La culpa era de ella, claro. Culpa inevitable, no era de mala mina. ¡Mierda! se trata de descubrir, entender y bancarse la pelusa, le grité enojado. Al fin y al cabo, les pasa a todos. El filosofo aprende que las ideas no cautivan. Convencen, acusan, delimitan, destruyen. Pero nunca cautivan. El cineasta sabe que todo es una mentira. Ya lo decía Fellini, ¿no?, todo es una mentira. El arquitecto, sin el albañil, sin el carpintero y sin el plomero se guarda sus proyectos en el culo. El artista plástico. El político. El barrendero. El escritor. El tenista. El productor asociado. El gastroenterólogo. El psicoanalista. El verdulero.&lt;br /&gt;El escritor, me dijo ella. Vos deberías contar mi historia, así no me siento, al menos, tan identificada. Le dije que yo jamás podría contar su historia, que no la conocía lo suficiente, y me reprochó mi respuesta con otra un tanto pelotuda. Suficiente es un absurdo, escribí lo que quieras. Y a mí no me pagan por escribir, pero yo también me manduco una mentira antes de desayunar así que cumplí su deseo y me dispuse a escribir su historia, sabiendo perfectamente que yo me iba a sentir mucho más idetificado que ella. Párrafo primero, renglón primero. Fue todo por una teta y una foto mal sacada. Una foto mal sacada y una teta que se asomaba por el borde derecho de la fotografía. Juro que si de tetas hablamos, yo no sé casi nada. Es verdad, las hay grandes y pequeñas. Fofas y rígidas, sabrosas y agridulces, carnosas y de plástico ¿Qué más puede haber para saber sobre las tetas? Cuestiones anatómicas, expresiones machistas, complejos de quinceañeras, qué sé yo. Lo porno, lo erótico, los períodos de lactancia, la censura del cine en los años cincuenta. Tetas. Una teta era esta, y una foto mal sacada. Oh, sinnerman, where you’re gonna run to? La foto mal sacada. Sé hablar de fotos mal sacadas. ¡Fuera de foco, ¿no te das cuenta?! Encuadre desprolijo, poca luz, abriste mucho el diafragma y se te quemó todo, foto digital, blanco y negro, fríos y cálidos, Henri Cartier Bresson, fotonovelas, fotonovelas eróticas, teta. Puta madre. Por favor, presione “volver” si la opción indicada no es la correcta. Lo que había en el resto de la fotografía no importaba, otra mujer, una montaña, una silla, un elefante, lo que fuera. La teta asomada profesaba todo, al menos para mí, claro. Teta vestida, de por cierto. ¿Cómo se llaman esas remeras que usan las mujeres? Esas que tienen forma de musculosas pero que no son musculosas. Me sale soleros. Pero ciertamente no. Solero suena a vestido, sin hablar de Ra, claro. Bueno, una de esas remeras. Piel a la vista, un corpiño que se asomaba timido del mismo color que la remera sin nombre, medio brazo, un hombro, dos mechones de pelo lasio lasio, una milésima de torso, fin de la foto. Fin de la teta asomada. No hay mujer del otro lado, ni cara, ni dientes, ni manos. ¡Teta! Teta asomada. ¡Por Dios! ¿por cuánto tiempo más voy a estar hablando de esta teta? Entonces la foto mal sacada. ¡No, tampoco! Entonces la nada. &lt;br /&gt;¿Yo soy la chica de la teta asomada? me preguntó. En realidad, vos sos la teta asomada. ¿Y la foto mal sacada? Es una especie de analogía a lo que estás tratando de hacer con esto de no contar tu historia sin sentirte identificada. No sos muy bueno para esto que digamos, me dijo la muy desagradecida. Cuando quieras me voy y te encargás vos solita. No, seguí, disculpame, pasa que esto me pone mal. Está bien, no hace falta que me mientas. Probaré de otra manera, dije yo, o dijo ella.&lt;br /&gt;Vale hacía exclamaciones absurdas como que podía leer el futuro en la paleta de un pintor o que era capaz de tocar “Para Elisa” en un piano con los dedos de los pies. Era viva más que nada. Ella afirmaba estas cosas sin darnos lugar para la duda, ya que ninguno de nosotros pintaba o siquiera sabía algo sobre Beethoven. Ella sí. O al menos en parte, en esa parte que era un poco más culta que el resto de nosotros. También se memorizaba frases como “nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir” o “el que conoce la verdad no es igual que al que la ama”. Y nosotros, después de mirarle un poco las piernas, nos embobábamos con esas frases que no eran de ella y con esas mentiras que nos comíamos, como los mejores, antes de desayunar. Y Vale se empecinaba en ganarle al resto de las mujeres. Que claro, un poco más de tetas, un poco más de cola y dos o tres mejores rasgos quizás (porque Vale era un poco narigona la verdad). Pero nunca le iban a llegar a los tobillos. “Hay que saber moverse” decía la misma Vale, y con toda la razón del mundo. Es como bailar, en general todo el mundo puede bailar, no es muy difícil, no mucho que digamos, pero poca gente sabe realmente bailar y sugerir con el cuerpo algo más que una simple concordancia de ritmo y estilo. Como para reírse a carcajadas, como para coger. Hay que saber moverse. Por supuesto, Vale era la que mejor se movía de todas. Tenía un estilo particular para todos sus movimientos, desde encenderse un cigarrillo hasta bailar una salsa, pasando por servir un vaso de agua y correr al colectivo. Y las demás la odiaban por eso, la envidiaban. Y nosotros, los hombres, como ya dije, embobados. Algunos se quedaban con sus piernas, su cuerpo entero y su cara, otros con su humor, otros con su postura ante la vida, porque se hacía la liberal Vale. Y yo, yo me quedaba con todo, yo me enamoraba de Vale, una y otra vez con el pasar de los años. Entre novia y novia, Vale era la excusa perfecta para el olvido de algunas y el renacer de una relación o algo parecido. Pero nunca pudo ser. De entrada, cometí el peor error que podría haber cometido, y me hice amigo de Vale. Amigo confidente, amigo que apoya, amigo que aconseja, amigo de hombro para llorar y de pañuelos para dar. Entonces una relación que pasara más allá de esos límites, siempre estuvo fuera de lugar. Sumado a esto, ella me llevaba dos o tres años, así que yo era para ella, algo así como un hermano menor. Pero no sé, creo que estas cuestiones me las creí para esquivar el hecho de que en realidad, Vale jamás quiso tener algo conmigo. Me acuerdo ahora que ella odiaba que le dijeran Vale. Su nombre era Valentina y le gustaba tal cómo sonaba. Pero en un barrio, entre un grupo de adolescentes, llamarla Vale era la opción obvia. Valentina sonaba largo e incómodo. Así que todos le decían Vale, menos yo claro, el único que la llamaba Valentina. Y es extraño, porque hoy, años después, me siento a escribir sobre ella y lo único que hago es referirme a ella como Vale. Pero mejor así. Y Vale, tratando de ser fiel a su naturaleza romántica y autodestructiva, se enamoraba de hombres igualmente románticos pero plenamente destructivos. Creo yo que se enamoraba de detalles más que nada. De uno porque tocaba la guitarra, de otro porque tenía una cicatríz en la cara, de tal porque tenía rastas, de aquel porque leía a Girondo, y así con todos. Se hacía películas en su cabeza donde ella pesaba más que una guitarra, y curaba con besos una cicatríz. Se volvía la heroína de estos hombres que lo último que querían era una heroína. Entonces Vale se les convertía en una bolsa cargada de humor, frases filosas filosóficamente innecesarias y sus piernas, por supuesto. Qué piernas. Y cuando Vale se peleaba con uno, realmente se peleaba. Puras escaleras, como cachetada-llanto-odio-olvido, o infidelidad-gritos-alcohol-odio-olvido. Sí, las últimas dos siempre eran fijas. Y ahí entraba yo, en mi lugar de mejor amigo (porque Vale nunca tuvo amigas mujeres) y ponía el hombro o el oído o la excusa para no pensar en tal o cual otro. Era muy divertido todo esto para mi psicólogo, pero a mí no me importaba. Yo sentía que era una forma de estar ahí, presente. Aparte, me encantaba verla armarse esos melodramas, porque siempre variaban. Ella casi siempre era la víctima, pero más de una vez también era la asesina o la melliza malvada, o la filántropa enamorada. Y esos forros que la lastimaban o que la dejaban, sufrían, sufrían como lo merecían. Pero Vale no perdonaba, nunca volvía con ninguno, nunca se replanteaba nada. Y a mí me parecía genial que no perdonara. Sabía que yo nunca haría nada para lastimarla. Pero no sabía que sería justamente al revés la cuestión. Porque Vale un día decidió que ya no me necesitaba. Que ya había tenido suficiente de los hombres. ¡Pero yo nunca había sido un hombre para ella! yo era un amigo, yo era un hombro, un chiste repetido, una excusa. Pero es que Vale se empecinó en darme el título de hombre, de encasillarme junto con todos los demás en una feminista bolsa de odio y rencor, y dejó de hablarme. Así nomás, de un día para el otro. Y yo la buscaba, le estaba atrás, pero de nada servía. Ahora yo era parte de uno de sus melodramas. Entonces me cortaba por teléfono, y me cerraba la puerta en la cara, y lloraba cuando la cagaba a puteadas, y hasta llegó a darme un par de cachetadas. Vale pelotuda. La que no perdonaba, la que no se replanteaba nada.&lt;br /&gt;¡Pido gancho, el que me toca es un chancho y un hijo de re mil putas mal parido de mierda! esta historia no tiene nada que ver conmigo. Justamente, le dije yo. Sin embargo me siento identificada. Justamente, le repetí yo, y después de un café corto y unos segundos mirando por la ventana, entendió. Evitando encontrarse en su misma historia, evitando completamente pertenercer, se encontró llanamente identificada. En su no-historia, en su más pura identificación. Y había miles de historias como estás, pero eso ya lo sabía me dijo. Entonces se prendió otro pucho y me pidió que se lo explique otra vez. Claro que yo no me atreví después de verle los ojos. Así que traté de hablar de otra cosa, sabiendo a mi pesar y a mi pésima calidad de escritor, que con lo que le diría, se sentiría completamente identificada. Párrafo último, renglón último. Existen miles de palabras, millones, e infinitas combinaciones. Siguiendo las reglas básicas de la grámatica y cierto modelo que ésta misma ciencia plantea, podemos configurar las llamadas oraciones. Entonces así, podríamos crear una oración que diga tu perro azul vende biblias a las colombianas. ¿Tiene sentido esta oración? Claro que sí, pero eso no importa. Sino el tema de las combinaciones. Ahora me acuerdo de algo que escribió Borges. Que en un tiempo infinito, amontonando letras al azar, un mono pueda escribir la obra de Dante. ¡Qué ingenioso! Quizás, en un tiempo infinito, acumulando letras y letras al azar, ella pueda escribir su historia y no sentirse identificada. Al final, las premisas siempre habían sido válidas. Una era la historia, la otra la no-identificación. Y la conclusión, o sea este texto, ciertamente nunca sería ajena.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-2644785662374827220?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/2644785662374827220/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=2644785662374827220' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/2644785662374827220'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/2644785662374827220'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/02/ella-nunca-ajena-ella.html' title='ella nunca ajena ella'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-6169933050640670026</id><published>2010-02-03T17:04:00.001-03:00</published><updated>2010-02-03T17:04:02.353-03:00</updated><title type='text'>Contame algo lindo</title><content type='html'>Hará no sé cuánto, pero, como dijiste, no importa, estaba viajando en bondi. Iba por Rivadavia a la altura de Flores más o menos. En un momento el bondi frenó en un semáforo, yo iba del lado izquierdo del bondi, sentado al lado de una ventana, y cuando el bondi frenó, miré para afuera, como venía leyendo no tenía idea de si quedaba mucho o poco para llegar a destino. Miré, y como conozco la zona, por haber viajado una y mil veces para ese lado, con ver una esquina, un cartel o un edificio, me daba cuenta de que todavía faltaba, pero igual segui viendo, y del otro lado de la calle, en la vereda, había una mina con dos nenes. Sería la madre de estos dos, que no tendrían más de seis años ni menos de cuatro, me acuerdo que esta mujer miraba una vidriera de un local y los nenes estaban al lado de ella haciendo lo que sea. Pero uno, el que parecía más grande, no estaba haciendo lo que sea, y me di cuenta de esto porque me llamó la atención mucho más que el otro. Este nene estaba parado de una forma rara, como inclinado hacia adelante, con los brazos estirados hacia los pies, y vi que movía las manos sobre sus pies, rapidamente. Fue todo en segundos, los semáforos duran mucho cuando queremos que duren poco, y al revés cuando no estamos apurados, hubo un nabo que escribió un par de leyes que dicen algo al respecto. La cosa es que en esos segundos, traté de descifrar qué estaba haciendo el nene esté, inclinado, casi tocándose los pies, sacudía las manos todo acelerado sobre sus zapatillas. Hasta que de repente cambió de pie e hizo lo mismo con el otro, fue entonces cuando entendí qué estaba haciendo. Se estaba atando los cordones, pero no se estaba atando los cordones, en realidad pretendía que lo estaba haciendo. Y cuando entendí esto, de repente como que vi mejor, más nítido todo, como si antes todo hubiera estado fuera de foco. Ahora veía claramente cómo movía los dedos y entrecruzaba las manos y los dedos, como todos hacemos cuando nos atamos los cordones, pero él no se estaba atando los cordones, él sólo pretendía que lo hacía. Quizás un poco alimentado por la esperanza de que algún día iba a saber hacerlo, quizás le habían estado enseñando y todo lo que hacía en ese momento era practicar en el aire. Y a una velocidad increíble, dibujaba esos nudos en el aire sobre sus pies, sobre sus zapatillas que no recuerdo de qué color eran, ahora me las imagino rojas. Y ya que estamos con el rojo, pasemos al rojo del semáforo que desapareció y se transformó en amarillo para enseguida quedar en verde. Así que lo perdí de vista al nene, a sus nudos ficticios, que no eran más ficticios que yo o el bondi en el que estaba viajando, y a su esperanza, o a su aprendizaje, o a su simple juego del que me había hecho espectador. Volvi a mi libro y a lo que seguía despues. No sé si es una historia linda, yo pienso que sí cada vez que me la acuerdo. Y mil veces le pensé moralejas o contenidos de más. Una vuelta hasta quise escribirla, pero el recuerdo me funciona mejor, no sé, no te digo que me cura ni que me alimenta recordar esta historia, pero nunca está de más. Y medio cursimente quizás, cada vez que la cuento, sonrío, y ahora estoy sonriendo. Ojalá estés sonriendo vos también.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-6169933050640670026?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/6169933050640670026/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=6169933050640670026' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6169933050640670026'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6169933050640670026'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/02/contame-algo-lindo.html' title='Contame algo lindo'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-6395843889198905945</id><published>2010-02-01T12:51:00.002-03:00</published><updated>2010-02-01T12:51:49.761-03:00</updated><title type='text'>La verdadera historia del viejo de la bolsa</title><content type='html'>Madrid&lt;br /&gt;02 de julio de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ana:&lt;br /&gt;Sé que no te gusta recibir cartas porque no sos capaz de leer más de diez renglones sin aburrirte o perder la concentración. Pero esta vez vas a tener que hacer un esfuerzo, y soportarme lo que hoy te escribo. Ni siquiera quise escribirte un mail, como esta carta no tiene necesidad de llegarte pronto, te la mando como se mandaba hace cincuenta años, así vas a poder cargarla a todos lados hasta que termines de leerla.&lt;br /&gt;Antes de entrar en detalles y llegar al punto de esta carta, te comento que por acá anda todo bien. La gente en Madrid no es muy distinta a la gente en Buenos Aires, quizás un poco más ruidosos y gritones. Lo que allá es un nabo, acá es un gilipollas, un mina que allá  está linda, acá es guapa, y cosas por el estilo. Ya se adaptaron a los sudacas, así que no me hacen bardo con eso mientras no le pifie y le ande diciendo gallegos a todos. Así que fue facil adaptarme. En el diario me acomodé bien, estoy a cargo del suplemento de cultura y más que revisar ciertas notas y romperle las bolas a alguno que otro para que se deje entrevistar, mi laburo acá no es nada complicado. Estoy escribiendo mucho, lo cual es bueno. Por suerte no caí en la chorrada de escribir sobre la distancia o el exilio y sigo escribiendo sobre lo mismo que escribí siempre. No te voy a negar que extraño un poco Argentina, pero todo se reduce al mate, la buena carne y el subte A. El resto, que se quede allá y que ni se le ocurra seguirme. Si viajé diez mil kilometros para sentirme en casa entonces estoy al horno y el mundo se nos está achicando, viniéndosenos encima.&lt;br /&gt;En fin, pasemos a la cuestión de todo esto. Hace poco estaba en una cena que dió el editor del diario en su casa. Eramos muchos y conocía a pocos. La mayoría de las mujeres estaban o casadas o pasadas de edad para mi gusto, así que después de la cena y del café, empecé a dar vueltas por la casa. Salí al parque y me encontré con unos nenes que estaban jugando. Eran cuatro o cinco, y uno de ellos, el más grande, se la pasaba jodiendo a los otros, los molestaba, les pegaba, en fin, hacía boludeces de pendejo, pero me jodía, porque medio que los humillaba a los demás. En un momento, me acerqué y le dije “portate bien porque sino te va a venir a buscar el viejo de la bolsa”. Si te acordás, cuando eramos chicos el abuelo Juan nos amenzaba con el viejo de la bolsa, nos decía que había un viejo medio vagabundo dando vueltas, que cargaba una bolsa grande llena de nenes y nenas que se portaban mal, y nos decía que si nos portabamos mal, el viejo nos iba a pasar a buscar. ¿Te acordás de esto que te digo?. Por supuesto no nos asustaba. Me acuerdo que le teníamos más miedo a los gitanos de enfrente de casa o al viejo ese choto que tenía como diez gatos y que andaba siempre con olor a meo encima. Pero igual, cuando el abuelo Juan nos amenazaba, nosotros pretendíamos asustarnos. ¿Te acordás? Bueno, volviendo a lo que te venía contando. Pensé que estos galleguitos no tenían idea del cuento del viejo de la bolsa, supuse que era una historia porteña, como mucho latina, que los viejos nos contaban a nosotros para jodernos (más tarde me enteré que no era así), y es que estos galleguitos no tenían idea de quién era el viejo de la bolsa, y entre curiosos y asustados, me preguntaron. Así que les conté la historia del viejo de la bolsa, traté de contarla tal cual nos las contó el abuelo Juan una y mil veces, creo que hasta traté de poner la misma voz. Y cuando terminé de contarla, los pobres galleguitos estaban un tanto asustados, y el más grande, al menos por un rato, se volvió más bueno con los demás y dejó de romperles las pelotas. Después se metieron para adentro y no los volví a ver. Pero enseguida escuché una voz que me dijo algo así como “esta muy equivocado con esa historia, joven”. Giré y lo vi, era un tipo que debería tener unos sesenta y pico de años, pero parecía de diez o quince más, pero estaba lo bastante bien como para estar de pie y firme, y para fumarse un habano de veinte centimetros sin toser o ahogarse en ningún momento. Le seguí el juego, pensado que me estaba boludeando, y le pregunté cómo era la verdadera historia. Y se puso a contármela. Enseguida noté que era argentino y pensé en interrumpirlo para alagarlo con alguna boludez de camaraderia compatriota, pero me callé y lo dejé hablar. Y en menos de media hora de un monólogo que no voy a olvidar nunca, el viejo dió vuelta por completo esta historia que gente como vos y yo, durante siempre creímos, no sólo que era de tal o cual manera, sino también que era una historia falsa. Ramón, como me enteré después que se llamaba, me contó la verdadera historia del viejo de la bolsa y es esto lo que, ahora yo, te voy a pasar a contar.&lt;br /&gt;Ramón me contó que el mito del viejo de la bolsa no era del todo un mito, pero que tampoco era del todo una realidad. Me contó primero, que en la decada del veinte, en Estados Unidos, hubo un tal James Fish, un viejo que asesinaba niños. Parece que los engatusaba con golosinas o cosas por el estilo y después los ahorcaba o degollaba, y resulta que este enfermo señor, solía andar con una bolsa siempre, pero no porque ahí cargara a estos niños, sino porque era un “homeless” que viajaba por todos lados cargando lo poco que tenía encima. En fin, Ramón entró en más detalles sobre esta historia, pero algunos son innecesarios y otros un poco fuerte. Bueno, hasta acá, yo, el abuelo Juan y otras miles, sino millones de personas más, teníamos razón, y lo que me contó el viejo Ramón no era más que un agregado de realidad, una explicación al mito. La cosa es que el mito del viejo de la bolsa es una unión entre la historia de este tipo y la que enseguida te voy a pasar a contar. Y cuando terminó de contarme la historia del tal Fish, siguió y me empezó a contar de su propia vida. Me contó que había nacido en un conventillo en La Boca a principios de los ’40, que sus padres eran españoles, que eran pobres, que el padre le pegaba, que la madre se había vuelto loca en el viaje de España a Argentina porque le tenía fobia a los barcos y a menos de la mitad del viaje ya había perdido la razón y muchas otras cosas más por el estilo. Muy interesantes y muy tristes también. Pero bueno, quizás en otra ocasión te lo contaré bien. Me contó tanto de su vida que pensé que el viejo estaba medio para atrás y se había olvidado de lo que había empezado a contarme, pero me entretenía así que no dije nada y lo seguí escuchando. Y de repente dejó de hablar de su vida, había llegado a contarme hasta cuando tenía diez años, y así nomás paró, fumó una larga pitada de su habano y arrancó con la historia del viejo de la bolsa, como si lo anterior hubiera sido innecesario, como si nada tuviera que ver su propia historia con la del viejo de la bolsa. “Ante todo” me dijo “el viejo de la bolsa tenía nombre, y ese era Melquíades Vesubio”. De ahí en más dejó de llamarlo como el viejo de la bolsa y empezó a referirse a él como Melquíades, lo mismo voy a hacer yo a partir de ahora. Ramón sabía muy poco qué había sido de Melquíades antes de conocerlo, y no mucho más se enteró después,  cosas sueltas, oídas o vistas al pasar. Al menos esto es lo que me dio a entender mientras me contaba la historia. Gran narrador el viejo Ramón, me mintió, o mejor dicho, me ocultó ciertas cosas para rematarme sobre el final de su monólogo con que sabía mucho más de lo que me había hecho creer. Ramón me contó que Melquíades había nacido en 1893 en Paraná, que había conocido a Quiroga poco antes de que este muera, que nunca se había casado pero que embarazó a una de las sobrinas de Lugones y se dio a la fuga, que era rengo de la pierna izquierda porque a los veinte años lo había mordido un yacaré mientras nadaba por el río Uruguay, que se había ido para Buenos Aires el mismo día que murió Evita y que de ahí en más recidió para siempre en Once. No sé si algo de esto será cierto, inventado por Ramón o por el mismo Melquíades. Creo que no importa mucho, mientras lo que sigue sea verdadero. Y así lo creo. &lt;br /&gt;Melquíades, al igual que el primer viejo de la bolsa, aquel yanqui asesino, era un “homeless” por igual. Había tenido sus buenos momentos económicamente hablando, pero como muchos otros, le habían durado poco, ya sea por culpa de la ambición, los deslices o el mismo azar. La cosa es que a principios de los cincuenta, definitivamente instalado en Once, Melquíades vivía en una pensión y trabajaba de ferroviario. Siempre soltero, con pocos amigos, y con ningún hobbie en particular, lo único que hacía era trabajar, ir al hipódromo los domingos, frecuentar algún que otro prostíbulo y pasear por Buenos Aires, bueno, “deambular por Buenos Aires” como me dijo Ramón. Y que un día, entre tanto deambular y deambular, presenció un hecho que le terminaría dando una idea, y también un poco de razón a su existencia, y ni hablar a la existencia del mito. Estaba por La Boca una tarde, y al pasar por una casa con la puerta abierta, vió como un padre golpeaba a su hijo, Melquíades, lleno de ira e impotencia, se detuvo un instante para ver tan fea imagen y siguió caminando. Pero no pudo sacarse esa imagen de la cabeza, y al día siguiente volvió a la misma casa, a la misma puerta abierta. Así estuvo durante varias semanas, y algunos días sí y otros no, Melquíades presenciaba esa fea imagen de un forro pegándole a su hijo, y este llorando a todo pulmón. Y un día pasó por la casa de la puerta abierta, y el nene estaba sentado en la puerta, Melquíades se detuvo y lo saludó, el nene, por supuesto se asustó, pero parece que Melquíades era muy bueno con los nenes y le costaba muy poco sacarles una sonrisa. Así que al poco rato, Melquíades y el nene estaban los dos juntos sentandos en el zaguán de esa casa charlado de estúpideces y riendo de otras más. En un momento, el nene se disculpó y dijo a Melquíades que tenía que volver para adentro, Melquíades lo entendió y se despidió diciéndole que volvería mañana. Y así lo hizo, y también durante varios días más. Hasta que un día la confianza era tal que a Melquíades no le costó preguntarle al nene por sus moretones y chichones, y al nene tampoco le costó contarle sobre ellos. Melquíades siguió yendo a visitar al nene, y cada vez lo encontraba, no sólo más golpeado, sino también más triste. Y un día, justo cuando Melquíades llegaba a la esquina de la casa del nene, lo vió a este salir corriendo y llorando, seguido por su padre. Ambos a los gritos, de tristeza y desesperación los del nene y de ira y embriagadez los del padre. La cosa es que Melquíades los siguió por unas cuadras hasta que la persecusión terminó en una fábrica abandonada. Sin que el padre del nene lo viera, Melquíades se metió en la fábrica a encontrar al nene, obviamente, con intenciones distintas a las de su padre. Y fue Melquíades el primero en encontrar al nene, llorando metido adentro de una caldera. Su padre gritaba el nombre del nene y lo buscaba por todos lados, y cada vez se iba acercando más a donde ellos estaban. Y Melquíades tuvo una idea, vió una bolsa vieja de esas que usaban los marineros para cargar su equipaje y le dijo al nene que se metiera adentro de ella, la cargó sobre sus hombros y empezó a caminar hacia la salida de la fábrica. Lo hizo medio a escondidas evitando al padre del nene, pero este lo vió y le gritó algo así como “ey, vos, viejo, ¿no viste a un pibe dando vueltas por acá?”, Melquíades negó con la cabeza y siguió su camino cargando al nene adentro de la bolsa. Y se lo llevó a la pensión. Ahí lo curó un poco, lo calmó, le dió de comer y lo hizo reir hasta que el nene se durmió. Te podrás imaginar lo que pasó. El nene se quedó con Melquíades y jamás volvió a su casa, sus padres no lo buscaron y él jamás volvió a saber de ellos. En la pensión, Melquíades dijo que este nene era su nieto y que había venido de Paraná a quedarse con él ya que había quedado huérfano. Y nadie dudó o nadie quiso preguntar nada. Y Melquíades educó al nene, le enseño a leer y escribir ya que nunca lo habían mandado al colegio, le enseñó todo lo que Melquíades sabía y más. Y al año de estar juntos, ya eran realmente como un abuelo y un nieto. Melquíades había salvado a este nene de una infancia, y probablemente lo que se terminaría conviertiendo en una vida de mierda. Pero acá no terminá la historia, mi querida hermana. Ya te habrás dado cuenta, que al evitar tantas veces llamar al nene por su nombre, te hice saber que su nombre era Ramón, y que era el mismo que hace poco me contó esta historia que te estoy contando. Pero Melquíades no era el verdadero viejo de la bolsa sólo por haber salvado a Ramón cuando chico al meterlo en una bolsa. Por el ’55, Melquíades se convirtió en dueño de la pensión en la que vivía con Ramón. ¿Cómo pasó esto? Hay dos versiones según Ramón, y las dos me entretienen, así que no me decido por cuál es la verdadera. Una es que Melquíades se movía a la dueña de la pensión, una viuda más antigua que él, y que al morir le dejó la pension a Melquíades, la segunda es que cuando empezaron a perseguir a los peronistas, alguien mató a la vieja por accidente tratando de asustarla, y en una tramoya Melquíades se apoderó del lugar, truchando papeles y falsificando la firma de la vieja. En fin, la pensión era ahora de él, y le alcanzaba y sobraba para dejar de laburar como ferroviario y dedicarse más seguido a dembular por Buenos Aires. Para este entonces Ramón ya tenía doce años y podía ocuparse de sí mismo, hasta laburaba de recpcionista en la pensión. Así que Melquíades se despreocupaba de él. Y, como te dije antes, no hacía más que deambular por Buenos Aires, y entre tanto deambular y deambular no pasó mucho tiempo hasta que se empezó a encontrar con casos como los de Ramón, nenes y nenas que, maltratados, no queridos y hasta abandonados por sus padres, deseaban, sin saberlo, que un viejo con una bolsa apareciera y se los llevara lejos de esos infiernos que tenían como hogar. Y así fue, Ana. Melquíades se transformó en una especie de superheroe, pero envés de una capa, él cargaba en sus espaldas una bolsa, casi siempre vacía, pero cada tanto con un nene o una nena adentro. Luisa de Caballito, Matías y Carlitos de Lanús, Pedro de Avellaneda, y las hermanas Tina y Pina de Villa Luro. Todos ellos junto con Ramón (a lo largo de los casi diez años que duró la carrera de superheroe de Melquíades, porque para mediados de los ’60 ya estaba bastante viejo y le costaba deambular por Buenos Aires, mucho más cargando niños en una bolsa) fueron los “rescatados”. El viejo Melquíades, el verdadero viejo de la bolsa, les dió cama, comida, un poco de educación y amor. Y todos crecieron y todos se fueron yendo de la pensión después de cumplir los dieciocho años a seguir con su vida, “a seguirla a otro lado decía el viejo Melquíades” me dijo Ramón “que yo ya les dí todo lo que podía darles, pero nos le va a alcanzar, a seguir con sus vidas”. Y así se fueron yendo uno por uno, menos Ramón que se quedó trabajando de recepcionista, y ahora también conserje en la pensión, con el viejo hasta el último día de su vida. Melquíades murió de viejo (como mucha gente muere aunque no quiera creerse) en el ’76, poco antes de que lleguen los militares, que después se encargaron de perseguir a Ramón que andaba metido en la izquierda peronista, prender fuego la pensión, y de seguir, sin saberlo por supuesto, los pasos de Melquíades, robando bebés o haciéndolos desaparecer, pero claro está, con otras intenciones, intenciones de mierda que no hace falta que te cuente, te sabés la historia. &lt;br /&gt;Poco después Ramón se fue de la Argentina y se exilió acá en España. No me contó qué fue de sus vida desde ese ayer hasta ese hoy en el que me contó esta historia que te acabo de contar. Pero después de la fiesta me mantuve en contacto con él, así que en uno de estos días lo invitó a tomar un café y le pido que me cuente todo. ¿Quién sabe? Quizás su vida, y también todo esto que te conté, se transformé en el tema de mi próxima novela. No sé.&lt;br /&gt;Así que bueno, querida hermana, ahora ya sabés la verdadera historia. Te pido por favor, que prives a esa hermosa sobrina que tengo de contarle la versión falsa por muy mal que se porte. Creo que sería preferible que le cuentes la verdadera historia como se cuenta uno de esos cuentos antes de irse a dormir, si es que semejante cosa se sigue haciendo hoy en día.&lt;br /&gt;Espero algún tipo de respuesta a esta carta. Y que de paso me cuentes cómo andan las cosas por allá. Supongo que para las fiestas me haré una escapada por el cono sur.&lt;br /&gt;Te mando un beso grande, hermanita. Otros para Vicky y Germán.&lt;br /&gt;Hasta pronto.&lt;br /&gt;Julián.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;p.d. Me contó la vieja en uno de sus mails, que te cortaste el pelo, espero que no te lo hayas teñido otra vez. Tené en cuenta que tu hija es chiquita y de a poco va asimilando recuerdos e imágenes de su madre, dale una imagen fija para guardarse, que si no la vas a confundir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-6395843889198905945?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/6395843889198905945/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=6395843889198905945' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6395843889198905945'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6395843889198905945'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/02/la-verdadera-historia-del-viejo-de-la.html' title='La verdadera historia del viejo de la bolsa'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-7653926656842778843</id><published>2010-01-27T01:33:00.000-03:00</published><updated>2010-01-27T01:34:01.464-03:00</updated><title type='text'>En la oscuridad siempre cabe la duda</title><content type='html'>Ya no me asustan los truenos. Qué lástima que ya no me asusten los truenos. Antes solían sacudirme mientras dormía, y yo, desde la ingenuidad, me enterraba entre mis frazadas. Pensaba que mis frazadas podían protegerme de cualquier cosa, me tapaba hasta la cabeza, sin dejar un centímetro de piel afuera, y ya estaba listo y armado mi bunker de algohodon, preparado para protegerme de todo. Como de la oscuridad y de esos seres invisibles que solía sentir moverse entre mis juguetes, debajo de mi cama o colgados del ventilador. Esos seres que sentía observándome desde la puerta de mi habitación. No los aniquilaba el taparme, pero a ver si podían meterse conmigo entonces que estaba cubierto. No, no podían destaparme. Por más ruídos que hicieran, por más que me observaran y sobre mí respiraran. No, no podían. Yo les temía desde mi bunker (eso seguro), y asomaba un ojo para corroborar si ahí seguían. Y eso era (y aún es) lo atractivo de la oscuridad. En la oscuridad siempre cabe la duda. Antes eran esos seres molestos, más tarde fue el distinguir la calidad de un rostro en las penumbras incandecentes de un boliche, poco después, encontrar con mi boca o con mis manos otra boca o un cuello ajeno sobre las frazadas (porque nada de hacer el amor entre las frazadas, el sexo no requiere ningún tipo de bunker). Entonces en la oscuridad siempre hubo (y habrá) lugar para la duda. Mejor así. Como ya no me asusta, que al menos me intrigue.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-7653926656842778843?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/7653926656842778843/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=7653926656842778843' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/7653926656842778843'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/7653926656842778843'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/01/en-la-oscuridad-siempre-cabe-la-duda.html' title='En la oscuridad siempre cabe la duda'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-2552628527050825395</id><published>2010-01-27T01:20:00.001-03:00</published><updated>2010-01-27T01:20:45.466-03:00</updated><title type='text'>Entre la culpa, lo merecido y el perdón</title><content type='html'>Clara pasó primero por la puerta. Si hubiera habido un detector de caras de culos pegado al marco, hubiera sonado una estridente sirena al pasar ella, y lo mismo con él. El sentimiento era mutuo. Clara siguió su camino derecho hacia el otro extremo del departamento, se sentó en la cama y comenzó con su ritual de sacarse aros y anillos de encima antes de irse a dormir. Ramiro cerró la puerta y se apoyó contra ella mirándola a Clara. El sentimiento seguía siendo mutuo, y lo venía siendo hacía un rato. Para colmo, la discusión no había terminado, había habido un impás desde el ascensor hasta la puerta del departamento, y sin pensarlo, sin buscarlo ninguno de los dos, se había estirado también hasta este momento.&lt;br /&gt;- Perdoname, carajo, perdoname. -le dijo él, y ella lo miró, la cara era la misma, el gesto era el mismo, Ramiro no aguantó y bajó la cabeza- Vos no te mereces esto.&lt;br /&gt;Ella enseguida esbozó una sonrisa que no quería, pero que tampoco había podido controlar.&lt;br /&gt;- ¿No me lo merezco? Qué increíble. Decime, Ramiro ¿quién se merece algo? ¿quién no se merece algo? -él volvió a levantar la vista hacia ella. Se percató de que el gesto no había cambiado, que esa sonrisa, entre inquisidora e irónica, seguía ahí. Los ojos fijos y el mentón casi en alto, pero eso porque ella estaba sentada, y si quería mirarlo, tenía sí o sí que alzar la cabeza.&lt;br /&gt;- No filosofeés, Clara, estoy tratando de pedirte perdón.&lt;br /&gt;- Sí, y me pedís perdón porque pensás que no me merezco esto, ¿no? ¿Quién puede decidir qué se merece uno o no? ¿De dónde sacás esta idea de justicia?&lt;br /&gt;Ramiro entendió que se venía algo más que una respuesta, se venía casi un estamento, así que dió unos pasos y sentó en la primera silla vacía que encontró. Ella seguía desprendiéndose de anillos, y había uno que costaba sacarse, así que detuvo su estamento para usar los dientes, y después de, por fin, desprenderse de ese anillo, siguió.&lt;br /&gt;- Merecer es un verbo de mierda. Más que nada es una palabra imposible, como eterno o perfección. Tendría que usarse nada más para cuando los nenes hacen bien la tarea y los padres les compran una golosina. ¿Decís que no me lo merezco? Quizás me lo marezco más de lo que pensás.&lt;br /&gt;- Pero no ¿no te das cuenta que soy yo el que está en falta?&lt;br /&gt;- Si, de eso no me cabe ninguna duda.&lt;br /&gt;- Entonces perdonáme y listo. O no, o no me perdones. Te estoy hablado de esta culpa que siento encima. Sobre los hombros, apretándome, atornillándome contra el piso.&lt;br /&gt;Enseguida se percató de la estupidez que acababa de decir, y avergonzado miró en otra dirección. Clara rió, y esta vez iba en serio, esta risa sí era buscada.&lt;br /&gt;- Mierda, me pedís que no me ponga en filósofa, pero a vos no te cuesta nada ponerte en poeta.&lt;br /&gt;- Te estoy hablando en serio, te hablo de la culpa que siento. Te estoy pidiendo perdón&lt;br /&gt;- Sí, es verdad, me estás pidiendo perdón, que es algo mucho más difícil, pero no para vos, sino para mí. Cualquiera puede juntar un poco de valor y con la mirada fija decir -puso su mejor voz grave y lo imitó mejor que nadie- “perdoname, carajo, perdoname”. Ahora está todo sobre mí. Si te perdono o sino lo hago. Encima me hablás de culpa. Podes sentir toda la culpa que quieras, pero ahora, recién ahora, cuando dijiste perdón, lo que hiciste fue pasarme la culpa a mí. Ahora soy yo la que va a cargar con la culpa de haberte perdonado o no. ¿Esto sí me lo merezco?&lt;br /&gt;- ¿Por qué tenes que complicar todo?&lt;br /&gt;- Yo no nos puse acá, eh. Vos te mandaste una cagada, sentiste culpa, y después pediste perdón. Y encima me hablás de lo que me merezco o no.&lt;br /&gt;Ramiro sentía que no podía discutir con ella, que siempre iba a encontrar algo que decir. Quizás tenía razón, quizás no. No era en lo más mínimo eso lo que a  él le importaba, quería avanzar, seguir adelante, pasar de largo este mal momento e irse a domir. Las discusiones iban a repetirse al día siguiente y al otro, pero quería el cierre, quería el perdón. Se generó un silencio, otro impás en el cual él trataba de pensar en qué decir y ella, ya habiendo terminado con su ritual nocturno de antes de irse a dormir, se había ido al baño. Ramiro la vió pasar, por un momento pensó que ella iba a decir algo, pero no, pasó por su lado sin siquiera mirarlo. Ramiro esperó. De cualquier manera no tenía nada para decir. Al poco rato ella volvió del baño, y mientras pasaba por al lado de Ramiro, este dijo:&lt;br /&gt;- No sé qué decirte. Realmente siento todo lo que te estoy diciendo. No te estoy chamuyando.&lt;br /&gt;Clara se detuvo en el lugar y lo miró, el detector de caras de culo, hubiera explotado, más allá de que  se encontrara en la puerta, a metros de ella.&lt;br /&gt;- Pero ¿no ves que sos un estúpido? Yo no te estoy diciendo que seas un mentiroso, te estoy diciendo que estás equivocado. Me hablás de culpa y de cómo te pesa en los hombros, me hablás de perdón y de merecer. Vos pensás que no te merecés mi perdón, sino no vendrías a buscarlo…&lt;br /&gt;- No es fácil pedir perdón. -la interrumpió él.&lt;br /&gt;- Sí que lo es, pedir perdón es más fácil que… no sé, es más  facil que poner la mesa -dijo a falta de ejemplos- Eso, más facil que poner la mesa. Se tarda menos, uno se gasta menos, y hasta no se tiene ni que mover del lugar.&lt;br /&gt;- No me boludeés, te estoy hablando en serio. Te estoy hablando de pedir un perdón que realmente siento, no de escupir una palabra y listo.&lt;br /&gt;Y Clara siguió, fiel a su estilo. Le salían bien las refutaciones, no sólo era agil y veloz, sino también ácida y hasta graciosa en cierto punto&lt;br /&gt;- ¿Así que vos lo sentís el perdón? Contame qué se siente, ¿Dónde lo sentís, en el pecho, en las manos?&lt;br /&gt;Ramiro golpeó la mesa y Clara por un segundo se asustó. Todo esto no era una joda por más que le gustara encarar así los problemas, la ironía no la iba a ayudar.&lt;br /&gt;- ¡Puta madre, Clara, te estoy hablando en serio! ¿Que esperás de mí? decime. Me mandé una cagada, lo admito, me arrepiento, te pido perdón y no parás de boludearme. -la miró buscando entendimiento, un poco de empatía al menos, pero Clara seguía un tanto asombrada por el golpe en la mesa, realmente se había asustado. No le temía, pero le había chocado un poco todo. Como si ese golpe la hubiera insertado en el medio de la discusión. Como si ese golpe le hubiera dicho que la cosa iba en serio. Se sentó frente a él y como quién busca esquivar, llevó los ojos a la mesa, apiló un par de libros y sacudió unas migas con las manos. El la miraba directamente, en vano, porque no sabía qué, pero repitió- ¿Qué esperas de mí?&lt;br /&gt;- De vos no espero nada. -le dijo y después levantó la cabeza para mirarlo, al hacerlo notó en sí misma cómo lo que sentía empezaba a hervirse, como en una oya llena de bronca que había alcanzado la temperatura máxima- Ya recibí todo lo que podía recibir de vos. Lo bueno y lo malo. -ahora ella era la oya- ¿O te pensás que me interesa tu culpa? Tu merecedora culpa. Metétela en el culo la culpa, Ramiro, metételo en el culo el perdón. -y se paró para irse a la cama, pero antes se dio vuelta- Ahí no estoy tan filosófica, ¿no te parece?&lt;br /&gt;Eso no le dolió, Ramiro no se sentía en posición de sentirse dolido. La puteada, lo dicho, no le importaba. Pensaba que se lo merecía.&lt;br /&gt;- ¿Nunca pediste perdón por algo? ¿Nunca sentiste culpa? -le preguntó. No hacía falta que ella respondiera, la  pregunta era retórica y poco le importaba a Ramiro si la respuesta era negativa- ¿No podés entenderme, Clara?&lt;br /&gt;- Por supuesto que puedo, pero no se trata de que te entienda, sino de que nos olvidemos de todo esto. Yo de tu culpa, vos de mi perdón, y los dos, por el bien de los dos, de lo que nos merecemos o no. Hagamos de cuenta que vos no hiciste la tarea, yo no puedo regalarte una golosina, y a vos de nada te sirve pedírmela.&lt;br /&gt;Otra vez la ironía, otra vez esos juegos que ella difrutaba y que él casi no entendía para nada. Así parecía ser la situación, ella agarrándose de lo que él no entendía, y él tratando de llevarla a otro lugar donde no estaba cómoda.&lt;br /&gt;- Ahorrame las analogías, ¿querés? Pedime que me vaya, mandame a la mierda si te parece. Pero no juegues conmigo, no me trates como si fuera uno de tus alumnos o uno de tus pacientes. No me boludeés con explicaciones de enciclopedia psicológica o tu filosofía barata de café. Ya te dije alguna vez cuando nos conocimos, llevame a la cama, arrastrame a la cocina si querés, pero no me lleves al diván. Que ni se te ocurra convertirme en el auditorio de tu propio ego.&lt;br /&gt;- ¿En el auditorio de mi propio ego? Mirá vos.&lt;br /&gt;- Ok, eso quizás estuvo de más, pero vos me entendiste.&lt;br /&gt;- ¿Qué querés, Ramiro?&lt;br /&gt;- Que me perdones, mierda. -casi le gritó enojado.&lt;br /&gt;- No puedo. Pero no es que no puedo en el sentido de que no quiero o que no me sale. No creo en el perdón. No puedo perdonarte.&lt;br /&gt;Ramiro se paró riendo, casi a carcajadas, y caminó por el departamento, tratando de despejar un poco lo que le pasaba por la cabeza. Dando pasos que no lo llevaban a ningun lado. No lograba darse cuenta si era que no la entendía o más bien que la entendía demasiado.&lt;br /&gt;- ¿No creés en el perdón? ¿Quá carajo se supone que significa eso? El perdón existe, lo quieras o no. -ella intentó esbozar algo, pero él se le adelantó- Y no me hables de catolicismo ni me cites a Jung. El perdón es, lo quieras o no. Se perdona o no se perdona algo y punto. No se trata de creer en el perdón o no.&lt;br /&gt;Ella sí tenía las cosas en claro, ella lo entendía y se entendía a sí misma a la perfección.&lt;br /&gt;- ¿Vos creés en el perdón que me estás pidiendo? –le preguntó orgullosa.&lt;br /&gt;- Sí, por supuesto.&lt;br /&gt;- Y ¿qué es? Explicámelo, Ramiro ¿De qué está hecho este perdón?&lt;br /&gt;Se detuvo en el lugar y la miró sin pestañear. El detector de caras de culo hubiera vuelto a sonar.&lt;br /&gt;- ¿Por qué no me pedís que me vaya de una puta vez si es lo que querés?&lt;br /&gt;- ¿Por qué estás esperando que te lo pida?&lt;br /&gt;- Porque si me pedís que me vaya voy a saber que no quisiste perdonarme.&lt;br /&gt;- Ya te lo dije, no te voy a perdonar.&lt;br /&gt;Ella empezó a desvestirse, se quitó todas las prendas que llevaba puestas, al punto de quedar casi desnuda. Era común, por supuesto. Aunque esta noche se habían perdido ciertas cosas, la intimidad prevalecía. Pero hoy era extraño también, él la miraba desnudarse como si estuviera atándose un par de zapatillas, no había atracción ni deseo de por medio. Mucho menos romanticismo, esta sencilla estupidez era ahora un acto casi mecánico, y en el medio de la discusión, no aportó ni cambió nada.&lt;br /&gt;- ¿Entonces me voy?&lt;br /&gt;- Andate si querés irte. -le dijo mientras se ponía una remera vieja que usaba para dormir- Pero no te vas porque así yo lo quiera ni porque vos seas un caballero, ni una cosa ni la otra. Te vas porque te digo que no puedo perdonarte y para vos eso significa el final, que ya está, ¿o no?&lt;br /&gt;- Sacame del diván.&lt;br /&gt;- No, quedémosnos un poco en el diván ¿Me pedís perdón para que te perdone y podamos seguir adelante, o me pedís perdón para sentirte mejor con vos mismo, para que esa culpa desaparezca?. Porque vos decís que no me merezco lo que hiciste, pero parecería que vos sí merecés mi perdon, ¿no?&lt;br /&gt;- Sí.&lt;br /&gt;- ¿Ah, sí? ¿Tan seguro lo decis?&lt;br /&gt;- Sí. -repitió seguro.&lt;br /&gt;- ¿Y si no te perdono y te pido que te quedes, te quedas?&lt;br /&gt;Dudó, pero claro, ¿cómo no iba a dudar? Después de tanto discutir, parecía que esta discusión, y no sólo esta discusión, estaba llegando al final. Sabía lo que quería responder, y sin embargo lo pensó un instante.&lt;br /&gt;- No.&lt;br /&gt;- ¿Por qué? –le preguntó enseguida.&lt;br /&gt;- Porque si no me perdonás, voy a seguir sientendo la culpa. Y la cagada que me mandé la voy a repetir. –ella lo miró, y en todo sentido, perdió interés en él, en esta discusión, en el perdón, en la culpa y en todo lo que existía entre los dos. Fue como si hubiera perdido el respeto por él, o peor aún, como si él ya no existiera.- Total qué más da. Si la culpa está ahí. Si no me perdonás, no seguimos.&lt;br /&gt;Ella le sonrió, le regalo una sonrisa increíblemente burlona. Pero ya no le importaba, para ella, él ya no existía.&lt;br /&gt;- No me mires así, acá los inmaduros somos dos.&lt;br /&gt;Clara volvió a sonreírle y se paró, caminó hacia la puerta, la abrió y lo miró con la misma sonrisa que nunca había desaparecido de su cara.&lt;br /&gt;- Tenés razón. Y así, toda inmadura voy a pasar a pedirte que te vayas, Ramiro. Que te vayas a la mierda.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-2552628527050825395?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/2552628527050825395/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=2552628527050825395' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/2552628527050825395'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/2552628527050825395'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/01/entre-la-culpa-lo-merecido-y-el-perdon.html' title='Entre la culpa, lo merecido y el perdón'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-6713222930530502900</id><published>2010-01-19T03:33:00.002-03:00</published><updated>2010-01-20T02:56:20.324-03:00</updated><title type='text'>La sangre en la cruz</title><content type='html'>La encontró caminando de noche. Como siempre, caminando de noche. La veía facilmente, con su túnica toda blanca, pero ajustada. Así que distinguía sus curvas, grandes y marcadas. Y olía un perfume extraño, un perfume a pureza inmaculada. Entonces el perfume y la túnica blanca, y no hizo falta más explicación. Pero no importaba. Las noches de Tréveris ya no eran lo que antes, llenas de mujeres paseando y deambulando sin miedo. Hoy son peligrosas, muchos bandidos, mucha mala suerte. Y él estaba hambriento, sediento. Entonces la seguía, ese caminar casi como una pose lo volvía loco, así que la seguía. Desde la oscuridad. Pretendía atacar, saciar la sed y después seguir con la próxima, con la que siguiera. Ella no tuvo tiempo de darse cuenta, y él ya la tenía abrazada por detrás. Rodeándola con sus brazos, pegó los de ella a su cuerpo. Entonces el beso filoso en el cuello, y la sangre ahora le chupaba. Tan hambriento estaba, que desprolijo se volvía, y entonces la sangre chorreaba. Sangre por toda su túnica, esa túnica blanca blanca. Y los dos con los ojos cerrados, él los apretaba fuerte, muy fuerte, y ella tan sólo los cerraba. Hay un paso del dolor al placer, sólo uno. Como el sexo virginal, como el sexo apasionado, que de tanto que duele gusta, que después de un rato ya no asusta. Entonces los sabores. Él, el sabor a pureza, a limpieza casta. Y ella, el sabor de la penetración, en su cuello tan blanco que ahora sangre chorrea, sangre pura, sangre santa. Sangre con la que él procede a emborracharse, a perder los estribos, a perder las fuerzas. Entonces de a poco, y sin quererlo, la va soltando, se le escapa de los brazos. Pedazo de vicioso, goloso. Parece desvanecerse y de a poco la suelta. Pero ella libra un brazo y se agarra de su cabello, de su nuca, no lo suelta, y le pregona un “no te detengas”. Así que él sigue, tanta sangre chupa, que sus pieles, las de ambos, ahora están blancas, blancas como la túnica, blancas. Pero la sangre roja roja, y la sangre chorrea. Sobre la túnica, sobre su cuerpo y sobre sus labios que no dan a basto. Sobre la cruz. ¡Una cruz! ¡No, cruces no! Para qué abrió los ojos. Esa cruz tan grande. Esa cruz bañada en sangre. Quiere dejar de mirarla, pero no puede. Y ella le aprieta la nuca cada vez más fuerte. ¿De dónde saca las fuerzas? No lo suelta. “No te detengas”. Sus ojos clavados en la cruz, los de ella aún cerrados, la sangre en la túnica, la sangre en la cruz, la sangre que ha muerto y que ha matado. El cae muerto, ella lo sigue al poco rato. Con sus manos aún apretándolo, con el pecho lleno de sangre, con la sangre en la cruz, que al abrazarlo, le tiñe de rojo la piel blanca, por todos lados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-6713222930530502900?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/6713222930530502900/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=6713222930530502900' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6713222930530502900'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6713222930530502900'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/01/la-sangre-en-la-cruz.html' title='La sangre en la cruz'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-176485911515507666</id><published>2010-01-14T16:38:00.001-03:00</published><updated>2010-09-17T00:05:32.736-03:00</updated><title type='text'>Oliveira</title><content type='html'>Me compré un gato y le puse Oliveria. Es chiquito y gris. No me gasté en averiguar qué edad tenía. Qué le puede importar a un gato qué edad tiene. Qué me puede importar a mí, si ni siquiera sé para qué me lo compré. Le doy de tomar leche. La verdad no sé si le gusta mucho o no. Pero me acuerdo de haber visto en alguna película o en algún dibujito animado que los gatos toman leche, así que ¿por qué este iba a ser distinto de los demás? Si no le gusta ya me lo hará saber. &lt;br /&gt;Y lo observo a Oliveria, le pongo su plato sopero cargado de leche hasta arriba y lo veo tomársela toda con esa cara de gato inerte y agresiva. Creo definitivamente que el gato es un animal inerte y agresivo. Lo tengo desde hace dos semanas y todavía no demostró ningun tipo de afecto hacia mí. Quizás debería empezar yo. No sé. En realidad, no me gustan mucho los gatos. Y creo que le gusta la leche, se la toma toda, y rápido. Pero no sé, ¿qué mierda le puede importar si es leche o agua? Seguro que si le pusiera jugo de naranja también lo tomaría. Ya probaré, si es que alguna vez tengo a mano jugo de naranja.&lt;br /&gt;Cuando le compré, me ofrecieron una de esas cajas donde se ponen piedritas o arena, no escuché muy bien, para que Oliveira haga sus necesidades ahí adentro. Ni loco compraba eso, sería una falta de respeto para Oliveira. “Tomá, en esta caja tenés que cagar y mear”. No, así no va, meá y cagá donde quieras, Oliveira, ya me haré cargo yo de limpiar todo o no, suficiente que te obligo a converirte en mi mascota y vivir en este departamento de mierda.&lt;br /&gt;Entonces lo observo a Oliveira, se termina de tomar la leche y se acurruca en el sillón, como si fuera un perro, da un par de vueltas antes de acomodarse del todo. Gato trucho, portate como un gato, para eso me compraba un pequinés. Entonces chasqueo los dedos o aplaudo, y Oliveria me mira. Levanta la cabeza y me mira fijo, con su cara de gato. Oliveria inerte. ¡Hace algo! Pero ¿qué va a hacer? Es un gato ¿qué hacen los gatos? Toman leche, eso seguro. Juegan con ovillos de lana, lana no tengo. Se lamen, ok, lamete todo lo que quieras, no esperes eso de mi parte. Persiguen ratones, ¿persiguen ratones? Tengo mucho “Tom &amp; Jerry” encima me parece. Supongo que rompen o arañan cosas también. Bueno, acá no hay mucho para romper, y siempre y cuando no se la agarre con algún disco, todo bien. Entonces lo observo a Oliveria, y Oliveira no hace nada. Nada raro, al menos. Cosas de gato.&lt;br /&gt;¿Para qué me habré comprado un gato? La gente que viene le juega un poco, algunos lo acarician, otros no le dan ni bola. Y Oliveira ahí, quieto, inerte como un gato. ¿No me habrá venido fallado este gato? ¿o debe ser que yo espero que sea algo que no es, que sea un perro, por ejemplo? Pero tampoco me gusta los perros. ¿Para qué mierda me habré comprado un gato?&lt;br /&gt;Es verdad que caen siempre parados. Muy loco eso. Lo tiré desde la mesa, desde la cama, desde el último estante de la biblioteca, y sí, cae parado el muy turro. Como si nada. Aunque bueno, se me ocurre cómo hacer para que no caiga parado, pero no. En el fondo me caés bien, Oliveira, y no quiero que te lastimes. A todo esto ¿qué comen los gatos? Ni a palos voy a salir a comprarle comida para gatos, si yo sobrevivo comiendo lo que como, seguro que él también puede. ¿Comerás pure, Oliveira? Tomá, decime qué tal está, te lo calenté un poco en el microondas. Parece que no. Gato quisquilloso. Gato. Debe ser porque está caliente, dejemos que se enfríe un poco. Ahora sí, va queriendo, ¿no está tan mal, no? Ya sé, pongámosle un poco de leche, así se te agúa más. Ahí va mejor ¿no?. Listo. Leche y sobras. Gato inerte pero barato.&lt;br /&gt;Oliveira. Todavía no me das bola cuando te llamo. Una de dos, o no asimilaste tu nombre o no te caigo bien. O preferís llamarte Bobby. Que ni se te ocurra, antes me compro una tortuga y le pongo Manuelita. Oliveira no es un feo nombre. De hecho es un apellido. ¿Cuántos gatos conocés vos con apellido? Yo ninguno, acá estás, el primero. Sentite bien, Oliveira. Tu nombre te cabe, ya me di cuenta cómo te relajás y te vas a tu sillón favorito cuando pongo un poco de jazz. Lo mismo con los saumerios, son tu veneno. Seguro que si pudieras, lo picarías y te armarías un faso con el saumerio. Gato raro. Adicto a Miles Davis y a los saumerios de vainilla. Aunque bien ahí, mimetizándote un poco conmigo. Ahora falta que yo me empiece a lamer y estamos listos.&lt;br /&gt;El otro día me cagué del susto cuando lo vi caminando por la baranda del balcón. Como si nada. Gato pelotudo. Se llega a caer y son cinco pisos de aire que le esperan más abajo. Enseguida que lo vi, fui corriendo y lo agarré, lo bajé al piso y por primera vez, sin contar las veces que lo llamé por su nombre, le hablé. Le tiré algún sermón de madre muy pelotudo. Por suerte, a la mitad del sermón, me di cuenta de lo que estaba haciendo y me callé. Oliveira me miraba con su cara de gato, con su cara de “me chupa un huevo lo que me estás diciendo, y en cuanto te des vuelta, me voy a volver a subir a la baranda”. Lo entendí perfectamente, eso me estaba diciendo con su cara. Gato pendenciero.&lt;br /&gt;Lo bueno fue que eventualmente me acostumbré a verlo caminando sobre la baranda del balcón. De hecho, más de una vez nos encontramos los dos ahí afuera mirando lo que sea. Yo apoyado contra la baranda y él sentado en la esquina de esta, donde se une una parte con la otra. Pasabamos momentos tranquilos con Oliveira en el balcón. Lindas noches de verano, yo fumando o leyendo algo al aire libre y Oliveira observando lo que sea que observan los gatos. Hasta que una tarde hizo algo que no hacía casi nunca. El hijo de puta empezó a maullar. Y cómo maullaba. ¡Miau, miau!. Hijo de puta, calmate un poco. Hambre no tenés, recién comiste. Calor no hace. Sucio no estás. ¿Qué te puede estar jodiendo? ¿No me irás a decir, después de todo este tiempo,  que sos gata y que estás menstruando o algo por el estilo, no? Pero no, a ver. No, sos macho macho nomás. ¡Pará, cortala de una vez, carajo! Ahora nos pongo un poco de Miles Davis así nos calmamos los dos. ¿No vas a parar, no? ¿Qué mierda te pasa? ¿Qué estás mirando? ¡Ajá! Miralo a Oliveira, que gato resultaste ser. Todo un gato. Sí, vos me entendés, en el otro sentido me refiero. Así que es eso, una gata. Mirá que loco, ni bola que en el edificio de enfrente vivía una de tu especie. Bueno, cortejala nomás. Pero trata de hacerlo no tan ruidosamente, ¿dale?.&lt;br /&gt;Qué dale ni dale. No me dió bola nunca, ¿por qué me va a dar bola ahora que está caliente, o enamorado?. Vaya uno a saber. Qué buena pregunta si se enamoran o no los gatos. Pensemos que sí. Al menos con Oliveira cualquier cosa es posible. Menos que se calle, no para de maullar el muy hijo de puta. Tendría que sacarlo a pasear o algo así para que se encuentre alguna gata y se saque las ganas. Pero los gatos no se sacan a pasear, ¿o sí? Nunca vi un gato con una correa. Debe ser medio gracioso un gato con una correa. Y Oliveira, gato agrandado como es, pasaría vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer. A ver. Uno, dos, tres, cuatro. Cuarto piso. Suponiendo que el departamento de la esquina es el A, entonces, A, B, C. C. Cuarto C. Ok, bancame, Oliveira, Cupido al ataque por vos. Gato jodido, tan inerte no resultaste ser.&lt;br /&gt;¿Ahora cómo le digo a Oliveira que no, que no hay caso? ¿Cómo le digo que la vieja de mierda, dueña de su enamorada, está guardando a su gata virgen hasta el matrimonio más o menos? Vieja de mierda, la cara con la que me miró. Le estoy hablando de amor, señora, de amor felino. Pero no. “Vaya a saber dónde estuvo su gato” me dijo. Por favor, ¿dónde va a encontrar un gato fanático de Miles Davis, señora? Vayase a cagar. Pobre Oliveira. Creo que es la primera vez que te veo cara triste, se te fue la cara inerte de gato. Ya ni maúlla el pobre, debe haber entendido.&lt;br /&gt;Pobre Oliveira. Se pasa los días en el balcón, sentado merodeándose por la baranda, buscando a la gata suya. Pero se ve que la vieja ya no la deja salir desde que le conté cómo Oliveira la cortejaba a la distancia. Y Oliveira no se la puede sacar de la cabeza. Ahora se pasa todo el día en el balcón, en esa baranda que por derecho y uso, ya es suya. Le hecho un poco de wishky a la leche para que se duerma más relajado y evito pasarle canciones tristes, nada de bluses melancólicos. Todo pum para arriba, a ver si se me alegra un poco. Hasta le traje un par de gatas de amigos, a ver si se olvidaba, pero no, ni bola. Las mira una vez y vuelve a su balcón, a su baranda. Gato jodido, tenías que enamorarte ¿no?.&lt;br /&gt;¡Mirá, ahí está, Oliveira, volvió, mirala! Y el hijo de puta se me puso a maullar otra vez. Pero bueno, se lo merece. Pongamos un poco de Armstrong para festejar y alegrar un poco el ambiente, ¿dale?. No ¿para qué? Ahí está la vieja otra vez. Se le había escapado la gata parece, y se la llevó para adentro. Y así nomás, se te volvió a ir, Oliveira.&lt;br /&gt;Ayer, después de mucho tiempo sin hacerlo, me senté otra vez a observarlo. Me llevé una silla al balcón y lo miré. Durante minutos y minutos no hice más que mirarlo. Y él miraba también, con su cara, ya no de gato, sino de triste y enamorado, miraba hacia enfrente. Pero enfrente nada. Debió estar así facil unos cuarenta minutos. Quitecito, fijo en la baranda, fija la cabeza. Hasta que maulló. Una sola vez. Fue como un sollozo. Los gatos no lloran supongo, y Oliveira tampoco, pero fue como un sollozo, lo juro. Después giró la cabeza hacía mí, y por primera vez en todo este tiempo, saltó encima mío. Medio que me asusté. Las uñas, la proximidad, no sé, fue raro. Oliveira se refregó un poco contra mi pecho. Afecto, por primera vez, afecto, así que lo acaricié y jugamos un poco. Después puso sus patas sobre mis brazos y volvió a saltar hacia la baranda. Por un instante, no sé por qué, pensé que se estaba volviendo loco. Y Oliveira miró hacia el balcón de enfrente, el de su amada, me miró a mí, y después saltó. No cayó parado, claro. Igual, creo que a mitad de camino al suelo ya estaba muerto. Oliveira, pobre Oliveira, el primer gato que muere por amor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-176485911515507666?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/176485911515507666/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=176485911515507666' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/176485911515507666'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/176485911515507666'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/01/oliveira-el-gato-que-se-enamoro.html' title='Oliveira'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-7620021053974958313</id><published>2010-01-14T16:37:00.000-03:00</published><updated>2010-01-14T16:38:17.587-03:00</updated><title type='text'>El valor de la pena</title><content type='html'>Siete puñaladas no es tanto. Después de las dos primeras con las que le perforé los  pulmones no tardó mucho en morir. Aunque supongo que las otras cinco estuvieron de más. Fue una suerte que haya afilado bien el cuchillo antes de apuñalarla, sino, hubiera costado más que atraviese las costillas. Estaba durmiendo cuando la maté, quizás estaba soñando. Alguna vez escuché que si morís mientras estás soñando, te quedás en ese sueño para siempre. No debe ser tan malo soñar por toda la eternidad. Se podría decir que fui considerado y todo. En especial teniendo en cuenta todo el dolor que ella me causó, un dolor que no se puede comparar con los dos o tres minutos de agonía por los que le hice pasar al acuchillarla. Suena un poco frío, ya sé, pero qué más podía hacer, no tengo un arma y vivimos en un primer piso, arrojarla por la ventana no hubiera causado el efecto buscado. La muerte, me refiero. No sé qué voy a hacer ahora con el cuerpo. Podría cortarla en pedazos más chicos para que que sea más fácil sacarla de acá y enterrarla en algún lugar, lejos y bien escondido. Sé que el estomago para eso lo tengo, pero no sé si tengo las ganas. Qué más da ahora, si ya está muerta. Podría hacer desaparecer el cuchillo, romper la puerta de una patada, e irme a hacer una denuncia. “Señor oficial, entraron a robar a mi casa y apuñalaron a mi mujer”. Pero es mucho esfuerzo, mucho papelerío, mucha actuación, y la verdad, no me siento con ganas de algo así. Si conociera a alguien que puediera ayudarme al menos. Pero no, no conozco a nadie que no dudaría un instante en denunciarme por haber hecho esto. Quizás alguien a quien pueda explicarle, alguien a quien, con toda la razón, pueda convencer de los embrollos por los que esta hija de puta me hizo pasar. Pero no, nadie creería justo mi accionar. ¿Es que soy el único consciente entre toda la gente que conozco? ¿Es que se perdió por completo la  noción de justicia? &lt;br /&gt;Al carajo, me parece que me las voy a tener que arreglar sólo. Tendría que cerrarle los ojos, la boca también. Esa expresión de mierda me está molestando, puta desagradecida, ni muerta podés mirarme como siempre quise que me mires. Pensé que iba a costar menos, ya está toda fría y dura, en las películas parece tan sencillo cuando le cierran los ojos a un muerto. Sé que por algún lugar había una frazada grande y gruesa. Seguro en el fondo del placard, arriba, con la ropa de invierno. Va a servir para cubrir el piso y operar. Operar, me causa gracia, ¿se dirá operar también cuando la persona ya está muerta? Una autopsia seguro no es. Acá está. &lt;br /&gt;Lo bueno de todo esto es que lo pensé bien, me mantuve frío y tranquilo. Sé que voy a salir impune de todo esto, y por sobre todo que esta reventada no va a lastimarme más, ahora me toca a mí lastimarla. Tengo que descuartizarla en específicos y cómodos pedazos para su traslado. Tu último traslado, amor. Quién sabe hasta dónde, ya tendré tiempo de pensar en eso. Si no me equivoco lo mejor va a ser cortarle las extremidades, de última las piernas y los brazos se pueden doblar sin tener que romper ningun hueso. Pero va a costar un poco, con la piel no hay problema, la cosa es con los huesos. Si al menos tuviera un hacha o algo un poco más contundente, podría cortarselos de una, ahora tengo que serruchar como un forro. Todo por vos, mirá por lo que me hacés pasar. A ver esas piernitas. A pesar de la sangre y de lo fría que estás tengo que reconocer que seguís teniendo piernas muy lindas, esos muslos. ¿Te acordás como te me enrrollabas con esas piernas? ¿Qué no te vas a acordar? Si te encantaba. Puta madre, esto cuesta más de lo que pensaba. Tanto que hinchabas las bolas con ir al gimnasio, mirá ahora, bien que te sirvió para endurecerte los músculos y hacerme esta tarea un poco más complicada. Turra. Aja, ahí está el huesito. Que loco, parece como si estuviera cortando una rama. Voy a terminar destrozando este cuchillo, ¿no había un serrucho por acá? ¡Sí, claro que había! ¿Pero dónde? Ya sé dónde.&lt;br /&gt;Ahora sí que te cagué, con esto me toma la mitad del tiempo, y de paso no cago el cuchillo que todavía me quedan dos brazos y una pierna. A ver. Claro, con esto es otra cosa, como si nada. Perfecto, mirate la pierna, ¿cuánto a que nunca antes la habías visto desde este ángulo? A ver la otra, ¿ves? Esta siempre me gustó más que la otra, no sé bien por qué, supongo que por lo mismo que me gusta más tu teta izquierda que la derecha. Cosas de hombre, no entenderías.O esta pierna no la laburaste en el gimnasio tanto como la otra o de chiquita pateabas con la izquierda porque me está costando menos, amor. Mirá, ya está, ya llegué al hueso. Y ahora que tengo el serrucho va a ser un toque nomás. Que increíble esta sensación. Ya está, listo las piernas. Mirá todo el kilombo que armaste, me va a costar un huevo lavarme toda este sangre de encima y ni hablar del piso. &lt;br /&gt;Ya sé lo que estás pensando, “me podrías haber matado de un tiro”, pero ya te dije, no tengo un arma, de dónde querés que saque un arma. Bueno, basta de boludeo. A ver, el truco con las  piernas fue cortar por el muslo, antes de que se unan esos dos huesos que no sé cómo se llaman. Voy a hacer lo mismo con los brazos, corto justo por debajo de los hombros para que no joda la articulación. Dios bendiga a este cuchillo, al desquiciado que lo inventó y al forró que me lo vendió. Tendrías que haberle visto la cara, me miraba como si estuviera comprando un arma para asesinar a alguien. Y eso que le mandé el verso de que me gustaba acampar y que siempre me faltaba un cuchillo lo suficientemente filoso. A vos te hubiera caído mal, tenía tatuajes por todos lados, tenía hasta un revolver tatuado en el cuello. A veces pienso que hay gente que realmente se va al carajo con ciertas cosas. Uy, mirá, se te abrieron lo ojos, ¿estarás tratando de decirme algo con eso? No me mires así, yo te maté por amor, no por deporte. Es muy distinto. Vos merecías esto y yo merecía justicia, venganza. Eso es todo, no sé por qué te cansás en pensar algo distinto. Si hubieras estado en mi lugar seguro me entenderías. Mirá que increíble, después de tantos años, ahora me vengo a dar cuenta, tenés un ojo un poco más oscuro que el otro. Sólo un poco, pero lo suficiente para que me dé cuenta a esta distancia. ¿Lo sabías eso vos? ¿Qué lo vas a saber? Jamás le prestabas atención a los detalles. Y ¿quién lo dice? quizás si lo hubieras hecho, hoy no estarías así, cortada en cinco pedazos. Así es, cinco, preciosa porque acabo de terminar con el último brazo. Estoy pensado que la cabeza va a joder. Mejor la corto. Sí, así puedo meter el torso y la cabeza en el bolso y las piernas y los brazos doblado adentro de la valija. Jaja, me voy de viaje. “¿Tiene algo para declarar adentro su equipaje, señor?”, “Por supuesto, llevo ahí dentro mi amor incondicional”. Jaja. No dejás de chorrear sangre, eh. Puta madre, si seguís así voy a llenar el balde de tanto exprimirte. A ver la cabeza, amor, movete para este lado, ahí está. Listo, más fácil de lo que pensaba. &lt;br /&gt;Mierda que estoy cansado, ¿dónde dejaste los cigarrillos? Ah, acá están. Qué locura ¿quién hubiera dicho que ibas a terminar así? Seguro te imaginabas otra muerte, ¿no? Bien de novela, ¿no? Viejita, en tu cama, con tus nietos alrededor. Bah, qué nietos, si nunca pude darte hijos, y con otro no los ibas a tener, antes te mataba. Jaja. Bueno, hubiera sido el mismo final para vos, ¿no? ¿Sabés que pensé que me iba a costar más? Pensé que iba a trabarme justo en el momento, hasta que después me iba a largar a llorar. Ya sé, ya sé, yo nunca lloro, pero bueno, estamos hablando de algo bastante fuerte. Que al final, resultó no serlo. Ahora me queda limpiar un poco este kilombo, empacarte y hacer desaparecer el cuchillo nomás. &lt;br /&gt;Por si te lo preguntás, ya sé qué voy a hacer cuando me pregunten por vos, les voy a decir que nos peleamos y que saliste en la mitad de la noche. Sos de hacer esas cosas, así que me van a creer. Va a pasar el tiempo y todos te van a creer desaparecida. Quizás se aparezca algun poli, como en las películas yanquis, y me haga preguntas sobre vos. Soy bueno para mentir y muy inteligente, así que no voy a despertar sospechas. Con el tiempo, todos te van a creer muerta, lo cual es verdad y todo va a volver a la normalidad. Pero bueno, basta de charla, que todavía hay mucho por hacer. Ya estás empezando a largar olor y lo último que necesito es alarmar a los vecinos, en especial al turro de acá al lado que se mete en las cosas de los demás todo el tiempo. A ver, primero el cuerpito, ahora la cabeza, y listo el bolso. ¿Estás cómoda así? Joya. Ahora las piernas y los brazos. Que genio, yo sabía que esto iba a funcionar. Mirá qué bien, ahora puedo llevarme este bolso a la cocina, dejar la valija acá y vas a estar en dos lugares a la vez, mi amor. En tres en realidad, porque siempre vas a estar en mi corazón. Jaja. Ves que yo también puedo ser romántico. Frazada de mierda, está pesada. Pero claro, si está llena de sangre y pedazos de carne. Me parece que voy a tener que meterla en otro bolso y enterrarla junto con vos. Sí, eso va a ser lo mejor. Me queda limpiar el piso y listo. Bancame un rato que ya nos vamos. &lt;br /&gt;Yo sabía que esto iba a costar, es peor que cuando se tapó el inodoro y se llenó todo de mierda. Parecería que la sangre es más difícil de borrar que la mierda. Fah, que filósofo que salí, eh. Pero bueno, como con todo, un poco de dedicación y esfuerzo, y listo. Ya llegué hasta acá, no puedo parar ahora y dejar todo a la vista. Te maté, ahora tengo que limpiar los rastros y listos. Por suerte es todo físico. La culpa, me refiero. No me pesa haberte matado, te lo merecías y lo voy a creer hasta el último día de mi vida. Lo que me pesaría sería  pasar el resto de mi vida pudriéndome en la carcel por culpa tuya, turra desagradecida. La cosa es sencilla. Busco un buen lugar, deshabitado, alejado de todo, hago un pozo bien grande y a la mierda con todo, con vos, con la evidencia y con esta noche que no se termina más. A ver, ¿queda algo más? No, nada, ni una mancha de sangre. Mirá que bien que me salió todo. Vos muerta, el departamento más limpio que nunca y yo con una paz mental que no tenía hacía mucho tiempo ya. Podría mudarme, supongo. Arrancar una nueva vida en algún otro lugar, si total lo que yo hago lo puedo hacer en cualquier lugar. Sí, podría mudarme al mar. Siempre quise mudarme a una zona de mar, pero no, vos querías quedarte en esta puta ciudad. Al carajo con todo, estás muerta, ¿o no? Ahora puedo hacer lo que quiero. Puedo conocer otra mina a la que le guste vivir en el mar. No sé de dónde voy a sacar una mina que me quiera, o que yo quiera. Mejor que vos no hay nadie, amor, y bajar de escalón, no. Pero no quiero estar sólo, de qué sirve estar en el mar, arrancando una nueva vida, si no tengo con quién hacerlo. Si no te hubieras portado tan mal conmigo. Nos estaríamos yendo hoy mismo a la costa, a instalarnos allá y quedarnos para siempre. Para morir viejitos con los nietos que nunca ibamos a tener. Mirá si tenías que ser hija de puta, cómo me cagaste todo. Ahora qué voy a hacer. En serio te lo pregunto, con quién me voy a ir a vivir, quién me va a bancar mis broncas, quién me va a cocinar y lavar la ropa. Ni en pedo le pago a una mina para eso, mucho menos para coger. Si me encantaba coger con vos, si me encantaba cómo me cuidabas. Pero vos te lo buscaste, a tu manera, te buscaste que te mate. Pero eso ya no importa, estás muerta y listo. Lo que importa ahora es qué voy a hacer yo, sin alguien, sin vos.¡Hija de puta! Mirá en la situación que me dejaste. Te salió bien, eh. Hasta muerta seguís haciéndome la vida imposible. No me mirés así, tenés la cabeza adentro de ese bolso, pero me imagino bien la mirada que me estás dando. No me voy a matar por vos, no valés la pena, ¿me oíste? ¡No vales la pena, puta! Se ve que no pensé bien en esto, pero fue la bronca, el rencor, el deseo de venganza que me hicieron actuar tan rápido. Ahora qué me queda, esta forra a la que amo, despedazada en seis pedazos, y nada qué hacer. Nada por lo qué vivir. No puede ser, lo había pensando y planeado tan bien. ¿Dónde está el cuchillo? ¿Dónde  lo dejé? A ver, mostrate, vena puta, vos también sabías que esto iba a terminar así, ¿no? Mierda, dolió más de lo que pensaba. &lt;br /&gt;Es un proceso lento esto, dicen. Dicen algo sobre meter las muñecas en agua caliente, pero no necesito eso, me la banco. Puta madre que esto tarda, estoy tardando más que vos, mi amor. ¿Así te sentías vos esos últimos minutos? Mirá qué loco, quién lo hubiera dicho, terminamos sientiendo lo mismo. Muriendo casi de la misma manera. Hasta el mismo cuchillo. Uh, me marié. Esperame, eh. No te vayas sin mí. Tenemos tanto de qué hablar. Pero ni pienses que te voy a pedir perdón.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-7620021053974958313?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/7620021053974958313/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=7620021053974958313' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/7620021053974958313'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/7620021053974958313'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/01/el-valor-de-la-pena.html' title='El valor de la pena'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-2964324085516433192</id><published>2010-01-13T02:57:00.000-03:00</published><updated>2010-01-13T02:58:30.183-03:00</updated><title type='text'>Sudor</title><content type='html'>Te pusiste a revolver cajones. Afuera llovía. Y el viento, ay del viento. Tuviste que cerrar la ventana porque el viento hacía que toda la arena se metiera para adentro. Ay del viento que todo lo empuja. A su parecer mueve granos de arena y gotas de agua. Como el tiempo. Ay del tiempo. Entonces apoyaste tus pies descalzos sobre la mesa y te recostaste sobre la silla. La mesa era un kilombo. Cartas viejas, fotos viejas, recuerdos. Cajas y cajitas. Y yo todavía me pregunto por qué se te da por revivir el pasado los días nublados. Qué más da. Qué más da en un día nublado. Y ahora cantás. Reojeás páginas, pasás fotos una atrás de la otra y mientras cantás. Murmullos, tarareos desafinados. Melodías que nunca nadie cantó y que vos enseguida te vas a olvidar. Agarrás esa vieja caja de habanos. Sabés que adentro está llena de fotos. Fotos de hace mucho. De hace más o menos dos o tres meses atrás. De hace mucho. Vacaciones, cumpleaños, reuniones, salidas. Pausa. Pausa extensa. Es que esta foto no tiene nada que ver. Ves la foto. Ves quién está ahí. Y es que una foto nunca es sólo una foto. Mirás esos ojos, ese pelo, esa nariz, esa boca y esos cachetes, y esas orejas, y esas cejas, y ese lunar, y esa frente, y ese cuello, y esos hombros. Y nada más. El fondo, un sillón, eso más. Pero nada más. Se te escapa una sonrisa, de esas que no te separan los labios y te arrugan más un lado de la cara que el otro. Enseguida una mueca, la boca se queda quieta en su pose más neutra y se te frunce el ceño. No es enojo. No, no lo creo. Aunque me lo dijeras no te lo creería. Es otra cosa. Es eso. Pasás el pulgar por la foto. Desde el pelo hasta los hombros acariciás la foto. Y lo peor que podías hacer era cerrar los ojos. Para qué cerraste los ojos. Ahora le sigue más a esa cara de la foto. Le sigue un cuerpo. Un cuerpo entero. Todo un cuerpo. Y el cuerpo, claro, se mueve. Desde tus ojos cerrados, el cuerpo se mueve. El cuerpo vestido, la cara muy clara. El cuerpo desnudo, la cara aún más clara. El cuerpo se acerca. Y desde tus ojos cerrados surgen dos manos y dos brazos. Desnudas las manos, desnudos los brazos. Son tuyas esas manos. Las estirás y ahí está el cuerpo desnudo, el de la cara tan clara. Como en la foto, la cara tan clara. Enseguida hay un roce entre su sexo y el tuyo. Y empieza a chorrear el sudor. Entre besos. Entre abrazos. Entre dientes y entre uñas. Te sale sudor de las axilas, de la nuca, del centro de tu pecho. Se te llena la boca de saliva. A los dos se les llena la boca de saliva. Se mezclan la de uno con la del otro. Pero desde afuera de tus ojos cerrados, sentís los labios secos. Así que la lengua. Y ahora tu lengua y su lengua. Todo entre gritos casi mudos, con los ojos cerrados, todos los ojos cerrados. Con los labios cansados. Y todo el sudor. Después los gémidos. Es que un sexo adentro del otro. Es que un sexo abrazando al otro. Los gemidos. Los compartidos, los buscados, los perdidos que no llegan a serlo. Y las palpitaciones en el vientre que van a destiempo con esos mismos gemidos. Desde arriba, desde abajo, desde atrás, desde un costado. Y ojalá tuvieras más manos, con dos no te alcanza. Y ojalá tuviera más manos, con dos no le alcanza. Pero es que el sudor tampoco alcanza, nace más y más. Chorrea sobre las sabanas, sobre sobre sus cara. Sudan desde la frente hasta los dedos de los pies. Se resbalan el uno con el otro entre todo el sudor. Pierden tus manos el control al querer agarrarte de su cuerpo. Sabor salado te queda en los labios después de cada beso. Se pierden entre el sudor y los movimientos. Desde afuera, desde adentro. De afuera hacia adentro. Y al revés. Y al revés. Y al revés. Y al revés. Cada vez más al revés. Cada vez más sudor. Y ahora abrís los ojos. Otra vez a la lluvia, a la ventana cerrada porque sino entra la arena. Tu pulgar humedece la foto. Tu otra mano un tanto humeda también. Tu ropa interior mojada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-2964324085516433192?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/2964324085516433192/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=2964324085516433192' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/2964324085516433192'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/2964324085516433192'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/01/sudor.html' title='Sudor'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-6612572360724063989</id><published>2010-01-12T10:21:00.001-03:00</published><updated>2010-01-12T10:21:26.430-03:00</updated><title type='text'>Vils animaux</title><content type='html'>Me tenías preocupado. No me decidía en mi cabeza qué era lo que te pasaba. Esquivaba el pensar lo que a mí me pasaba. Pero eso es otro tema. De eso no se habla, en eso no se piensa. Pero ahí estabas. Parada en ese escenario. Sola, apenas alumbrada, de frente a un telón rojo rojo. Y eramos tantos los espectadores. Pero vos me mirabas a mí solo. Me hablabas a mí solo. Ese pedante monólogo de Baudeliere. Pero vos me mirabas a mí solo. Descalza, casi desnuda, despeinada. Asustada, te actuabas asustada. Pero entre todos los espectadores, sólo yo te conocia asustada, verdaderamente asustada. J'implore ta pitié, Toi, l'unique que j'aime. Y vos me hablabas a mí. Yo me descuidaba la saliva, el temblor de mis rodillas. La ilusión, la poesía. Fue entonces cuando me despreocupé. Ya entendía lo que te pasaba. Y ahora recordaba lo que a mí me pasaba. Desde tu respuesta pareció renacer mi memoria. Mis sentimientos. Y los tuyos. Y mis sentimientos. Je jalouse le sort des plus vils animaux. Yo también. Pero ahora somos dos. Ahora somos dos. Desde tu escenario y desde mi butaca. Al resto se los tragaba la tierra. El resto no importaba. Vos, sólo a mi me mirabas. Era a mí a quién hablabas. Que dichosa esta historia que nos tiene entrelazados. Desde la distancia. Desde lo teatral. Desde lo más puro. Desde la suerte de los animales. Ya no me tenés preocupado. Ahora no sólo me mirás. Ahora son míos tus ojos, son mías tus palabras. Y son míos tus pies denudos y es mía tu cabellera despeinada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-6612572360724063989?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/6612572360724063989/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=6612572360724063989' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6612572360724063989'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/6612572360724063989'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/01/vils-animaux.html' title='Vils animaux'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-2871316247874122370</id><published>2010-01-12T01:49:00.000-03:00</published><updated>2010-01-12T01:50:05.351-03:00</updated><title type='text'>Fue culpa del pianista</title><content type='html'>Luz tenue. Suena un jazz desde un piano. La única mujer del lugar está ocupada acariciándole la nuca a un tipo que le enciende un cigarrillo. Hay dos gordos de traje que van por el quinto wishky. Y reconocés que el barman de turno no es de los que suelen charlar. Pero igual te sentás en la barra. Reconocés a Dodó sentado solo al fondo del bar, pero está escribiendo, y a Dodó no se lo jode cuando escribe, lo sabés bien. Pero qué bien te haría charlar un poco con Dodó, él podría aconsejarte todo lo que a mí no me sale aconsejarte, y todo lo que a vos no te sale descubrir solo. Así es Dodó. Pero está escribiendo. Y hace frío, así que no pedís una cerveza bien fría, hoy preferís algo más fuerte. No me acuerdo qué pedís, quizás algo con ginebra o con ron. La mentira de comprar paquetes de diez cuando querés dejar de fumar obviamente no funciona. Hace menos de dos horas que tenés el paquete adentro de tu saco y ahora te estás fumando el último, ese que apenas abrís el paquete, das vuelta. ¿Tiene fuego el barman? Sí, tiene. Y cara de culo también, parece que se quiere ir a casa, como aquel del cuento de Hemingway. Ese jazz no lo conocés, es de Monk. “I surrender, dear” se llama. “Me rindo, querida” te traduciría si estuviera ahí con vos. Justo para esta noche, mi amigo. Luz tenue, frío en la calle, un trago horrible, un barman que no habla y un jazz que habla de redención, y de querida. Pero vos aún no lo sabés. Razón primera, no reconocés la canción, razón segunda, no sabés inglés. Todavía no me explico qué hacías con esa navaja encima. Vos nunca andás con navajas. Jamás te vi en la mano algo más filoso que un Tramontina o una púa de guitarra, porque las púas, como bien sabés, pueden ser mortales. ¿Pero y qué de esa navaja? ¿Para qué la llevabás encima? Ya no me pregunto si las cosas hubieran salido de otra manera si no la hubieras tenido encima. Sé que te las hubieras arreglado con cualquier otra cosa. Una botella quizás. O un espejo roto, si total supersticioso no sos. “Otro, por favor”. Y el barman te prepara el segundo trago más feo que tomaste en tu vida. La mina más linda del lugar se fue, se fue con el tipo de la nuca y del encendedor. Te quedan dos gordos ebrios y un barman mala onda. Y Dodó, pero sigue escribiendo, así que es como si no estuviera. Ah, y ese puto jazz sonando de fondo. Desde acá podés embocarle en la cabeza al pianista con el primer objeto contundente que encuentres. Pero después tendrías que dar explicaciones, y no estás para andar dando explicaciones. ¿Pero por qué te molesta ese jazz? ¿Y qué mierda hacías con esa navaja encima? Qué melodramáticas pueden ser noches como estas. Invierno, cigarrillos, tragos fuertes, jazz y navajas. Todo parece sacado de una película de cine negro. Y vos sentado ahí, tenés pinta de un Humphrey Bogart cualquiera. Pero te falta una mujer linda apoyada en un hombro. Y la más linda del bar se te fue con otro. Y las de afuera… mejor dejemos afuera a las de afuera. Alcanzó el mensaje del contestador. “Te quiero demasiado. Te necesito demasiado. Ya no puedo. Ya no debemos” decía el mensaje. Ahora entiendo un poco más por qué la navaja en el bolsillo y los dos tragos fuertes. Pero no entiendo por qué te la agarraste con el pianista. Pobre tipo. “Eso fue ‘I surrender, dear’ de Thelonious Monk” dijo. Y enseguida lo tuvo que traducir el muy estúpido. “Me rindo, querida” dijo sin saber que se estaba suicidando. Porque el tipo dijo querida, pero vos esuchaste querido. Me rindo, querido. Como si se estuviera burlando de vos. Como el mensaje en tu contestadora. “Me rindo, querido” pensaste vos pero con la voz de otro, de otra. Te puedo ver pararte, Dodó también te vió, y dirigirte hacia el piano, sacar la navaja a mitad de camino, y abrir en dos la garganta del pianista. Nunca te lo voy a confesar, porque sería para peor, pero yo también creo que fue culpa del pianista.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-2871316247874122370?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/2871316247874122370/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=2871316247874122370' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/2871316247874122370'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/2871316247874122370'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/01/fue-culpa-del-pianista.html' title='Fue culpa del pianista'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4604262957216965542.post-3414240233590008287</id><published>2010-01-12T01:47:00.000-03:00</published><updated>2010-01-12T01:48:05.318-03:00</updated><title type='text'>Lo extraño</title><content type='html'>Lo extraño ocurre, de eso no cabe duda. Una vuelta conocí a una mujer que decía que no le gustaba el sexo, y después de inquerir un poco en la situación descubrí que lo que en realidad pasaba es que no le gustaba el sexo prenupcial. La semana pasada me enteré que se casó y que en la noche de bodas le explotó la cabeza, literalmente, le explotó la cabeza. Cuando era chico, en mi barrio, un pibe un día dijo que podía llegar a la cima del árbol más alto del barrio, y llegó. Nunca bajó. Aún vive ahí, y está casado y tiene dos nenas. Mi ex novia solía tener cosquillas en la cintura solamente los días nublados. El gato de mi abuela sólo hace sus necesidades cuando su cajita está forrada con papel del diario La Nación, y nunca si está forrada con hojas de Página 12. Una vuelta quise testearlo y le forré la cajita durante dos semanas con hojas de Página. El gato tuvo una hinchazón de vejiga y hubo que operarlo. La rampa del puente peatonal de la estación de Ramos, por ejemplo, es fisicamente imposible de ser usada. Lo que quiero decir, lo que ya dije, es que estas cosas suelen ocurrir. Y lo interesante es que en general, lo extraño, lo verdaderamente extraño, no está decorado con fantasias, imposibles o absurdos. Sé del caso de un hombre y una mujer que se quieren, se gustan, se desean, y que nunca dicen ni hacen nada al respecto. Siempre hubo casos de personas que se suicidan ante la predicción de un supuesto final del mundo antes de esperar a ver si ese final realmente llega. Mi vieja toda su vida se encargó de mantener el reloj de la cocina adelantado tres minutos, y cada vez que te acercabas a ver la hora te decía “mirá que ese adelanta, eh”. A lo que voy con todo esto, es que en estos últimos casos se encuentra lo verdaderamente extraño, el resto es divertido, cuasi-mágico. Y cuenta, claro que cuenta, pero no varía. El chico del árbol, el gato marxista, son pocos. Pero por todos lados hay hombres y mujeres cobardes, fundamentalistas anticipados, neuróticos obsesivos. Y no hay respuestas para esto. He aquí lo extraño, la base fundamental de lo extraño. Lo extraño es extraño porque carece de respuestas concretas. No es extraño que el agua humedezca o que se vean los relámpagos antes de oírlos. Entonces, sin respuestas tenemos lo extraño. Y yo sé que nadie va a creerme la historia de la mujer a la que le explotó la cabeza, pero más de uno me va a creer la de el hombre y la mujer acobardados. Y por creerme, me dirán “no es tan extraño”. Y se van a confundir, es puramente extraño. No vi nunca nada más extraño. El chico del árbol no vota, no va a la cancha, no va a la facultad, no toma Coca Cola. ¿Qué hay ahí de extraño?. El hombre y la mujer acobardados se adoran, se gustan, mierda si se gustan, se les nota en la cara cada vez que se los ve juntos. Y no pasa naranja. No se dicen nada, no se hacen nada. Yo los conozco bien y no puedo explicarlo. No tengo respuestas para esto. Por eso lo extraño. Está ahí siempre, en el día a día, lo más extraño de todo es lo cotidiano, desde el mejor de los polvos hasta la lista del supermercado. También en esto que me leen, en esto que escribo hace un rato.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4604262957216965542-3414240233590008287?l=mentirasantesdedesayunar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/feeds/3414240233590008287/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4604262957216965542&amp;postID=3414240233590008287' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/3414240233590008287'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4604262957216965542/posts/default/3414240233590008287'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mentirasantesdedesayunar.blogspot.com/2010/01/lo-extrano.html' title='Lo extraño'/><author><name>Bruno Dotta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17545838918138597214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BnlyoKiXR1g/S1ECBcSXLFI/AAAAAAAAAB4/cfzuvhooJJ8/S220/Imagen+016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
